El negocio del amianto: pagar por retirar la uralita que nadie recoge
Tienes seis placas de uralita en el patio, varias rotas. Llamas al punto limpio y te dicen que no las aceptan. Llamas a una empresa especializada y te piden un riñón. Mientras tanto, el vecino de al lado las ha dejado en un descampado y el ayuntamiento ha ido a recogerlas sin rechistar. Esa es la contradicción que recorre el debate sobre qué hacer con el amianto doméstico en España: un material que la ley obliga a tratar como residuo peligroso, pero que en la práctica no tiene un canal accesible para el particular. El resultado es un mercado negro de vertidos incontrolados y una factura que solo pagan los que intentan hacerlo bien.
¿Cuánto cuesta retirar placas de uralita para un particular?
La horquilla que manejan los que han pasado por el trámite es amplia. Para cantidades grandes, un participante calcula que el precio ronda los
7-8 euros por metro cuadrado. Para cantidades pequeñas, como seis placas sueltas, según ese mismo cálculo la cifra se dispara: fácil el doble o el triple. Es decir, entre
150 y 300 euros por un residuo que ocupa menos que una mudanza. La alternativa que muchos eligen es el contenedor de escombros de una obra cercana. «Cuando veas un contenedor de obra, le endilgas una», resume un participante. Así, sucesivamente, te deshaces del problema sin pagar. La ética, en este caso, es un lujo que no todos pueden permitirse.
Punto limpio: la respuesta que no llega
La primera sugerencia que aparece es llevarlas al punto limpio. Pero la realidad es tozuda:
en muchos puntos limpios no las recogen. «En el punto limpio no las recogen. Tiene que ser una empresa especializada», confirma quien ya lo intentó. Algunos ayuntamientos sí aceptan pequeñas cantidades, pero exigen que vayan encapsuladas en plástico. La información es dispersa y depende del municipio. Para el ciudadano medio, la conclusión es que el sistema está diseñado para que desistir sea lo más fácil.
El riesgo real para la salud: ¿basta una mascarilla?
El amianto es peligroso, pero no por tocarlo. Las fibras solo se liberan al romper, cortar o taladrar el material. Una placa intacta no emite nada. El problema llega cuando se manipula sin protección. «Solo con desmontarlas los asbestos vuelan cantidad de lo resecas que están», advierte alguien que lo ha vivido. La exposición puntual no es lo mismo que la exposición laboral prolongada. «Para pillar algo grave la exposición tiene que ser permanente durante mucho tiempo», sostiene otro. Pero no hay un umbral seguro:
unas pocas fibras inhaladas pueden ser suficientes para desarrollar una enfermedad décadas después. La latencia puede superar los 20 años. Por eso, si hay que moverlas, la recomendación es mojarlas, usar mascarilla con filtro, guantes y ropa desechable. Y no cortarlas con radial.
La vía ilegal: tirarlas y que el ayuntamiento las recoja
La práctica más extendida, aunque pocos lo admitan en público, es abandonarlas en un descampado o en un contenedor de obra. «La gente las tira en un descampado y después llama al ayuntamiento», reconoce el autor del mensaje inicial. No es ético, pero es gratis. Y el riesgo de sanción existe: «Si te pillan tirando placas de uralita, te puede caer una de gorda». La multa puede superar los miles de euros. Aun así, la probabilidad de ser pillado es baja. El cálculo económico es perverso: pagar 300 euros por adelantado o arriesgarse a una multa improbable. Muchos eligen lo segundo.
El agujero legal y la impunidad del fabricante
El amianto se prohibió en España en 2002, pero se sigue retirando de tejados y tuberías. La responsabilidad de su eliminación recae en el propietario actual, no en quien lo instaló. «En un país serio obligarían a la multimillonaria empresa que lo fabricó a eliminarlo», se queja un participante. La realidad es que el coste de la retirada es un impuesto silencioso sobre la vivienda antigua. Y mientras no haya un canal público gratuito o subvencionado, el amianto seguirá acumulándose en descampados y contenedores de obra. La solución no parece cercana.
¿Cuántas placas de uralita hay todavía en España? Nadie lo sabe con exactitud. Pero mientras el sistema no ofrezca una vía accesible, el negocio de la retirada seguirá siendo un lujo para unos y un quebradero de cabeza para otros.