El caso Nord Stream se atasca: un ucraniano detenido y un relato que no encaja
La detención de Serhii K. en
Italia ha vuelto a poner el foco sobre el sabotaje de los gasoductos Nord Stream. La Fiscalía federal alemana, especializada en terrorismo, ha emitido una orden de arresto contra este ciudadano ucraniano al que sitúa como "uno de los principales coordinadores" de los ataques a ambas infraestructuras. La noticia llega mientras Rusia mantiene su ofensiva sobre Ucrania con un ataque de 574 drones y 40 misiles sobre distintos objetivos, entre ellos una fábrica estadounidense.
La versión oficial, sin embargo, se enfrenta a un escepticismo difícil de ignorar. No es que la hipótesis oficial sea imposible; es que el perfil del detenido -un ciudadano "de a pie"- no parece encajar con una misión de buceo de profundidad en el Báltico con explosivos en el lecho marino. Hay quien recuerda en clave irónica al pulpo Paul y a un delfín entrenado para localizar tuberías; otros apuntan a una financiación rocambolesca, presuntamente a través de una plataforma de suscripciones para adultos. Y el esperpento crece: las fuerzas de seguridad suman "otro más en Croacia", mientras crecen las sospechas de que alguien se está comiendo un marrón que no le corresponde.
Lo que descoloca del caso es la desproporción entre la envergadura técnica del atentado y la historia oficial que lo acompaña. Si la investigación avanza hacia la corte, el tribunal tendrá que explicar cómo un particular reunió equipo, financiación y conocimientos de submarinismo sin dejar rastro. Mientras tanto, la tesis del chivo expiatorio gana enteros entre quienes piensan que el relato oficial se sostiene por alfileres.