El diccionario que traduce la jerga del inversor de a pie
Un inversor con menos de 100 euros en cartera tiene apodo:
bolsillotieso. La etiqueta forma parte de un glosario que una propuesta lanzada en la sección de Bolsa e inversiones quiso levantar para que los recién llegados entendieran de una vez la jerga que circula entre los pequeños ahorradores. El plan incluía un apartado de
frases célebres con texto, autor y fecha, y tres reglas: copiar el listado anterior, añadir cada término en orden alfabético y admitir nuevos significados para lo ya definido. Sobre el papel, orden. En la práctica, un diccionario en obras.
¿Qué significa 'bolsillotieso' y qué más recoge el glosario?
La definición es literal: la persona cuyas inversiones no superan los
100 euros. Junto a ella convive el
pakillo, una moneda de 100 pesetas de
plata que da nombre a toda una forma de invertir en metales. También hay sitio para los
karlillos, monedas de 12, 20 y 30 euros bautizadas como k12, k20 y k30, aunque una primera versión las agrupó todas bajo la misma abreviatura y hubo que corregirla. Cierra el bloque básico el clásico
troll: quien inventa historias para pasar el rato.
La pugna entre metaleros y oreros
Dos escuelas. Los
metaleros invierten en metales preciosos y los
oreros se especializan solo en oro. La rivalidad tiene su propio vocabulario: los primeros llaman
papelines de colores a los billetes, con intención manifiestamente despectiva hacia el dinero fiduciario. El listado recoge así una división real en la manera de entender el ahorro. Metal físico frente a papel. Desconfianza frente a convención.
De 'percutir' a 'repercutir': el humor como método
No todo el glosario es financiero.
Percutir aparece definido sin rodeos como mantener relaciones sexuales, y de ahí sale la variante
repercutir, reservada según la misma lógica a hacerlo dos veces. El chiste funciona como pegamento del grupo y explica por qué medio diccionario se sostiene sobre juegos de palabras. También figura el
pole, la palabra con la que, según su propia definición, conviene abrir la primera respuesta de cualquier asunto. Aquí la broma es la norma.
Pepitos, yennis y etiquetas que salen de las finanzas
Con el tiempo el diccionario deriva hacia arquetipos sociales. Un
pepito sería el hombre que dio por hecho un empleo estable durante 40 años y firmó una hipoteca sobre esa confianza; su versión femenina recibe otro nombre. Otra entrada describe a una joven aficionada al reguetón, al chándal y a los tatuajes y la reduce a un estereotipo sobre la maternidad y las expectativas vitales. Hay quien defiende ese retrato como retranca de trinchera y quien lo lee como una caricatura despectiva hacia las mujeres jóvenes. El propio listado admite que algunas definiciones nacen de un dibujo, no de un dato.
Duplicados, etiquetas y un glosario que ya existía en 2010
El impulso ordenancista chocó pronto con la realidad. Un glosario equivalente llevaba abierto desde
2010, así que el nuevo nacía duplicado. Llegaron reproches por la escasa aportación y exigencias de corregir los errores arrastrados en lugar de pedir a otros que lo hicieran. Después, acusaciones cruzadas: que si alguien manipulaba las etiquetas de los mensajes, que si una misma persona firmaba varios alias, que si la culpa de la saturación de contenidos sobre
bitcóin recaía en quien abría temas. Ninguna de las imputaciones se aclaró. El intento de cerrar la disputa con un
pole y fin de polémica tampoco sirvió de gran cosa.
La última entrada del listado,
SIMONEAR, aparece sin definición. Un diccionario nacido para traducir la jerga inversora que todavía no ha traducido su propia última palabra.