La gestión de las propias inversiones también es un trabajo, menor, pero un trabajo, y para uno mismo. De ahí la asociación con la libertad.
Karl Marx distingue entre el burgués capitalista, agente del pogre, y el atesorador estéril. El burgués capitalista invierte incesantemente su dinero, generando así prosperidad para todos, aunque esa prosperidad esté, como es lógico, desigualmente repartida... La diferencia entre el atesorador estéril y la fecunda actividad del burgués capitalista la explica claramente Marx en 'El Capital', libro pesado y opaco donde los haya, pero en el que se encuentran también abundantes destellos geniales.
Existe, en la sociedad capitalista, un amplio continuo de actividades, que van –en medida decreciente y en cuanto a fecundidad social– desde el 'burgués capitalista' del que habla Marx, cuya actividad consiste en la inversión de los beneficios obtenidos en su actividad de compra, transformación y venta de productos. Marx piensa siempre en términos de industria textil, pero hoy en día dos buenos ejemplos de 'burgués capitalista' pueden ser Elon Musk, o el desaparecido Steve Jobs.
Y partiendo de ese extremo del burgués capitalista, cuya fecundidad social es máxima, porque gana dinero él mismo y genera –si bien, involuntariamente– riqueza para los demás; partiendo de ese extremo, digo, tenemos todo el continuo de personas que viven y medran operando con dinero, entre los que cuento los dedicados a la compra-venta, los cobra-alquileres, los prestamistas de dinero en sus formas varias, los recorta-cupones, los 'traders' de bolsa, y ya en el fondo, sumidos en la actividad más estéril de todas, están los meros atesoradores, que no crean ni promueven riqueza ni para ellos ni para nadie. Son como el 'enterrador de talentos' condenado en la parábola evangélica. En algún lugar del continuo están también los 'apostadores', ya sea de carreras de caballos, de lotería, casino, o de criptomonedas...