El éxodo ucraniano que España no ve: ni refugiadas ni colas
La guerra en Ucrania cumple más de dos años y en España no hay colas de mujeres y niños pidiendo asilo. El planteamiento que abre el asunto es incómodo: si hay un conflicto en Europa, ¿por qué los desplazados ucranianos no aparecen por aquí? La respuesta corta es que la mayoría se queda en países limítrofes —Polonia, Hungría, Rumanía— donde hay comunidades ya establecidas y una cultura más cercana. La respuesta larga incluye una red de tráfico de personas, un mercado laboral sumergido y una geografía de la prostitución que se ha desplazado hacia el Golfo Pérsico.
¿Por qué las ucranianas no llegan a España?
El primer factor es geográfico. Quien huye de Járkov o de Leópolis no cruza media Europa si puede quedarse a 80 kilómetros de casa. Polonia recibió el grueso de la primera oleada; Hungría, Eslovaquia y Rumanía absorbieron el resto. España queda lejos y, para una familia que no habla el idioma, el coste de instalación es prohibitivo.
El segundo factor es económico. Hay quien sostiene que el nivel de vida en Europa del Este ha subido mientras el español bajaba, y que una mujer joven puede ganar más con OnlyFans que ejerciendo en un piso de Carabanchel. El diferencial salarial entre Madrid y Varsovia se ha estrechado, y el coste de la vida en España —alquiler, transporte, comida— se ha disparado. La cuenta no sale.
El tercer factor es el destino. El dinero fácil del Golfo tira más que el mercado europeo. Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin, Kuwait, Singapur y Bali aparecen como destinos donde las ucranianas se venden como esclavas sexuales y trabajadoras domésticas, según un informe de expertos en defensa estadounidenses citado en el asunto. La ruta no es Madrid: es Dubái.
El negocio del sexo se ha desplazado al Golfo
La historia no empieza en 2022. Tras la caída del Muro de Berlín, España vivió una época dorada de prostitución del Este: rusas, ucranianas, polacas, rumanas y bálticas llegaban a precios de risa. Aquello se acabó cuando sus países entraron en la UE y sus economías despegaron. Hoy, la mitad de las prostitutas en los burdeles de Berlín son ucranianas, según
Die Welt. En España, en cambio, no hay ni rastro.
La trata no es nueva en la región. Entre los siglos XV y XVIII, el Kanato de Crimea vendió a cristianos ucranianos y rusos al Imperio otomano y Oriente Medio: unos dos millones de víctimas, fundamentalmente mujeres y niñas. La geografía del comercio sexual sigue los mismos corredores que hace cinco siglos, solo que ahora el destino se llama Emiratos.
El debate sobre la inmigración que llega a España
El asunto deriva pronto hacia otra pregunta: si no vienen ucranianas, ¿quiénes vienen? La respuesta que da una parte del análisis es que España recibe sobre todo migrantes subsaharianos y magrebíes, mayoritariamente hombres jóvenes. Una corriente sostiene que la poligamia practicada en algunos países de origen deja a muchos hombres sin pareja y empuja la emigración masculina. Otra corriente señala que los marroquíes asentados traen después a sus mujeres e hijos.
Hay quien apunta a una paradoja política: los escaños que votaron a favor de acoger migrantes no votaron a favor de traer ucranianas. El argumento es simple y tramposo a la vez: si la solidaridad fuera universal, no tendría pasaporte. La realidad es que la UE activó la directiva de protección temporal para ucranianos, pero la mayoría se quedó en el primer país seguro que encontró.
Qué pasa con las que se quedan en Ucrania
No todas huyen. Una parte de la población ucraniana hace vida normal lejos del frente, que se concentra en el este y sobre todo en el Donbás. Circulan camiones, coches y trenes como si nada. Otra parte combate: hay vídeos de la guerra en los que se ven mujeres contra mujeres en el frente. La imagen de la refugiada con niños es real, pero no es la única.
La zona costera tarraconense, según un testimonio, está repleta de ucranianos con BMW X5 disfrutando del sol mediterráneo, matrimonios con hijos incluidos, sin muchas ganas de ir al frente. Es la otra cara del éxodo: quien tiene dinero no acaba en un centro de acogida.
Con estos mimbres, la predicción es que España seguirá sin ver colas de ucranianas. La geografía manda, el dinero manda más, y el negocio del sexo ha encontrado un mercado más rico en el Golfo. Si algo cambia, será porque el frente se mueva o porque Europa cierre fronteras. Ninguna de las dos cosas está en el guion a corto plazo.