Milei arremete contra la Agenda 2030 en la ONU y desata el choque
¿Se puede estar en contra de la Agenda 2030 sin ser un reaccionario? El discurso de Javier Milei ante la Asamblea General de la ONU, denunciando la deriva socialista del organismo y las políticas colectivistas, ha reabierto esa pregunta con más ruido que respuestas. El presidente argentino cargó contra la Agenda 2030, alertó del «peligro que implica que esta organización fracase en su misión original» y puso ejemplos de lo que considera incoherencias. La reacción no se hizo esperar: desde el aplauso rendido hasta el insulto directo, pasando por el análisis de si Milei es disidencia controlada o un simple actor útil.
El discurso que puso a la ONU en el espejo
Milei subió al estrado para decir lo que muchos piensan y pocos se atreven a verbalizar en ese foro. Su tesis central: la ONU abandonó su razón fundacional y se ha convertido en una correa de transmisión de políticas colectivistas bajo el mandato de la Agenda 2030. Reconoció la justa razón del nacimiento de la organización, pero señaló que los derroteros actuales poco tienen que ver con aquello. Entre los ejemplos de incoherencia, mencionó casos concretos que, según él, muestran el abandono de su misión original.
La intervención fue calificada de «excelente y memorable» por quienes llevan años advirtiendo de la deriva del organismo. Para otros, en cambio, Milei es «disidencia controlada para subnormales profundos»: un personaje útil al sistema que dice criticar. La polarización es total.
China, la Agenda 2030 y el origen del impulso
Una de las líneas más repetidas en el análisis es que la Agenda 2030 no es un invento occidental, sino una herramienta impulsada desde China y los BRICS para hundir a Occidente. Se cita la cumbre de los BRICS de Xiamen (2017), cuyo punto 14 reafirma el compromiso con la plena implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. A partir de ahí, se argumenta que Sánchez, Trudeau, Macron, Scholz y Tusk, entre otros, van «de la manita» con China mientras aplican políticas que perjudican a sus propios países.
La paradoja que se señala: China no se impone a sí misma los objetivos de emisiones que exige a los demás. Según esta línea, hasta 2035 no se pondrá objetivos vinculantes, mientras Europa se autoimpone tasas que dañan su competitividad. «A los demás sí nos están calentando todo el santo día, y en la ONU», resume una intervención.
El frente económico: inflación, cepo y herencia recibida
El debate deriva hacia la gestión económica
argentina. Un bando sostiene que Milei recibió un país con inflación mensual del 12,5%, masa monetaria multiplicada por cuatro, 50% de trabajadores en negro y un banco central con 10.000 millones de dólares en negativo. El otro bando responde con datos: en nueve meses Milei imprimió el doble de moneda que el gobierno anterior en cuatro años, y la inflación interanual sigue siendo alta. Se discute si la tendencia bajista es real o un artefacto estadístico.
La discusión sobre el cepo cambiario y la devaluación del peso del 50% en diciembre es el punto de fricción. Unos lo presentan como medida necesaria; otros, como el origen del desastre. La gráfica de inflación se convierte en campo de batalla: cada bando acusa al otro de manipular el período para que los números digan lo que quieren.
Israel, Hamás y el doble rasero de la ONU
Otro eje del debate es el tratamiento de Israel. Se critica que la ONU «ayuda a los terroristas de Hamás a agredir a Israel con el ánimo de exterminarlo». Frente a esto, hay quien considera hipócrita que Milei se posicione tan descaradamente del lado israelí, y se pregunta cómo alguien que se dice liberal puede justificar el apoyo a un Estado que, según esta visión, desplaza a los palestinos. La discusión se encona con acusaciones cruzadas sobre quién es el agresor y quién la víctima.
El eje geopolítico: Occidente, los BRICS y el nuevo orden
El trasfondo es la disputa por el orden mundial. Se habla de un «nuevo orden mundial chinocomunista» y de dirigentes europeos comprados o sometidos a los intereses de Pekín. Los aranceles a los coches chinos se citan como prueba de que la reacción llega tarde y mal. La pregunta que sobrevuela: ¿es Milei la encarnación del Hércules que rompe las cadenas del colectivismo o un simple actor en el tablero?
La conclusión, si es que hay alguna, es que el discurso de Milei ha servido para poner sobre la mesa un malestar difuso pero real. Unos lo celebran como el inicio de algo; otros lo despachan como fuegos artificiales. Lo que nadie discute es que el debate está servido.