Otros gastan en cosas que no necesitan. Cada uno es distinto
Unos son más sabios que otros indudablemente .
De la brevedad de la vida (De brevitate vitae) es un texto escrito por el filósofo romano Séneca en el año 55 d. C. e incluido en su obra Diálogos.
Este libro, dedicado a Paulino —quien probablemente fue cuñado de Séneca—, es quizás el que más influencia ha ejercido en la posteridad.
En él, Séneca afirma que la vida, aunque lo pueda parecer, no es breve, sino que es el individuo quien hace que así lo sea. Uno de los motivos por los cuales se considera que la vida es corta, es porque no se sabe aprovecharla.
Séneca aconseja que no se debe perder el tiempo en investigar asuntos que en realidad carecen de importancia y, sin embargo, sí se debe aprovechar bien el tiempo propio.
Para evitar que la vida parezca breve, hay que intentar no estar ocupados, pues como dice el propio filósofo hispano "[...] mientras tú estás ocupado huye aprisa la vida [...]".
En este libro también se mencionan conceptos como la fugacidad del tiempo presente hasta el punto de casi negar la existencia.
Para Séneca, aquel que mejor vive la vida, es el sabio, ya que recuerda sabiamente el pasado, sabe aprovechar el presente y dispone el futuro. Esta unión de los tres tiempos, hace posible que la vida del sabio sea larga; y muy corta la de aquellos que se olvidan del pasado, descuidan su presente y miran al futuro con miedo y temor.
Para Séneca la vida del filósofo o sabio nunca es “breve” porque a través de los libros puede tener acceso al pasado y aprender de otros sabios la mejor forma de vivir o morir.
Y estos son algunos de sus párrafos .
(…) Es propio de un personaje grande y levantado por encima de los extravíos humanos no consentir en que le sorban ni una pizca de su tiempo, y su vida se hace larguísima justamente porque toda su abierta extensión queda disponible para él solo. Nada por eso quedó tirado sin cultivar ni laborar, nada dependió de otro, pues no halló nada que mereciera tomarse a cambio de su propio tiempo un hombre que era su depositario más ahorrativo. De esta manera tuvo bastante: en cambio es forzoso que queden escasos aquellos de cuyas vidas la gente toma mucho.
No tienes por qué pensar en razón de sus canas y arrugas que alguien ha vivido mucho tiempo: ése no ha vivido mucho, sino que ha estado ahí mucho tiempo. ¿Qué pasaría si pensaras que ha navegado mucho uno al que una tempestad muy dura al salir del puerto lo arrastró de acá y para allá y con los tumbos de unos vientos que arremeten por puntos opuestos lo mueve en círculos dentro del mismo espacio? Ése no navegó mucho, sino que lo han zarandeado mucho.
. Y es que si, tal como el de los pasados, se le pudiera poner delante a cada cual el número de sus años futuros, ¡cómo temblarían al ver que les quedaban pocos, cómo mirarían por ellos! Como que es fácil administrar lo positivo aunque sea escaso; hay que guardar con mayor cuidado aquello que no sabes cuándo habrá de faltarte.
Nadie te restituirá esos años, nadie de nuevo te devolverá tu propia persona. Irá por donde antes solía la vida, sin echar atrás o retener su carrera; no armará jaleo ninguno, no te dará aviso ninguno de su velocidad: se deslizará callada.¿Qué pasará? Tú estás atareado, la vida se apresura; llegará entretanto la gloria, para la cual, lo quieras o no, habrás de tener tiempo de sobra.
Los días sólo están presentes uno a uno y divididos en momentos; en cambio todos los días del tiempo pasado, no más deis la orden, se presentarán juntos, se dejarán examinar y retener a tu albedrío, cosa que los atareados no tienen tiempo de hacer. Es propio de una mente tranquila y serena recorrer todas las etapas de su propia vida; los espíritus de los atareados, como puestos bajo un yugo, no pueden darse la vuelta y mirar atrás. Sus vidas se van, pues, a lo hondo y, así como no sirve de nada cualquier cosa que pese a todo eches dentro, si no hay debajo algo que lo recoja y retenga, así no importa nada el tiempo que se les quiera dar si no tiene donde asentarse: se escurre por unos espíritus rotos y agujereados . El tiempo presente es cortísimo, tanto que algunos creen que no es nada, toda vez que siempre está de camino, discurre y se acelera, deja de ser antes de llegar, y no se permite una parada tal como tampoco se la permiten el firmamento y los astros, cuyo paso siempre inquieto nunca permanece en un mismo sitio. De manera que a los atareados sólo les corresponde el tiempo presente, que es tan corto que no se puede agarrar, y ese mismo tiempo, puesto que están distraídos en tantas cosas, se les escamotea.
La holganza de algunos es atareada: en la casa de campo o en su cama, en medio de la soledad, aunque se hayan apartado de todos, se agobian a sí mismos. Su vida no se debe llamar holganza sino ocupada desidia.
En fin, ¿quieres saber hasta qué punto viven poco tiempo? Mira cuánto anhelan vivir largo tiempo. Ancianos decrépitos mendigan en sus oraciones el añadido de unos pocos años: simulan ser de menor edad de la que son; se halagan a sí mismos con mentiras, y se engañan tan a gusto como si a la vez le dieran el pego al destino. Ahora bien, cuando algún achaque les recuerda su mortalidad, mueren despavoridos, no como si salieran de la vida, sino como si los arrancaran de ella. Repiten a voces que han sido simple por no haber vivido y que, si acaso escapan de aquella enfermedad, habrán de vivir en holganza. Piensan entonces cómo se han procurado tan en vano bienes de los que no gozarán, cómo ha resultado para nada todo su esfuerzo. En cambio para aquellos que llevan una vida lejos de todo negocio ¿cómo no va a ser dilatada? Nada de ella se delega, nada se dispersa acá y allá, nada de ahí se confía a la suerte, nada destruye la dejadez, nada se detrae con donaciones, nada es superfl uo: toda entera por así decirlo está rentando. Por poquita que sea abastece con sufi ciencia, y por eso, cuando a la sazón llegue el último día, el sabio no dudará en ir al encuentro de la gloria con paso decidido.