Dos pacientes extranjeros atrapados en Urgencias. “Esta es la prioridad nacional aplicada a un hospital”

RESUMEN DEL DEBATE · elaborado con IA

La sanidad pública no es racista; sus costes parecen tener pasaporte. O al menos eso sostienen los trabajadores del Hospital Puerta de Hierro de Madrid al ver desde hace semanas a un paciente boliviano de 78 años con un tumor incurable y a un joven de 18 años con discapacidad intelectual, de origen peruano, varados en el servicio de Urgencias. El primero lleva casi una semana; el segundo, 14 días.

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Cirujano de hierro

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Toledo Sur

Un señor boliviano con un tumor incurable pasa casi una semana en la unidad sin ser trasladado a planta en el hospital Puerta de Hierro, y un chico de origen peruano lleva 14 días. Los trabajadores creen que la dirección ahorra costes con forasteros sin familia que no van a presentar una queja.​



(imagen visible para usuarios registrados)Ángel, de 18 años, lleva dos semanas varado en Urgencias del Hospital Puerta de Hierro a la espera de que se solucione su caso.Juan Diego Quesada



La reunión de camas es el nombre informal que se le da a la charla que tiene todas las mañanas la dirección del Puerta de Hierro con los jefes de servicio de todo el hospital. En ese rato se revisan los casos más controvertidos y se tratan de solucionar los problemas que hayan surgido. Se habla de los ingresos y las altas que ha habido en Urgencias con una precisión absoluta: el ordenador sabe las horas y los minutos que lleva ingresado cada paciente. Se ocupan de que nadie, en la medida de lo posible, pase allí más de 24 horas. Deben enviarlos a casa o mandarlos a planta para que continúen con su tratamiento dentro del hospital -las urgencias, por su naturaleza, son un lugar de tránsito-. Estas dos últimas semanas, sin embargo, dos personas se han quedado atrapadas en el sistema. Carmelo, un hombre boliviano de 72 años con un tumor incurable, y Ángel, un chico peruano de 18 con discapacidad intelectual, se han quedado varados en Urgencias tanto tiempo que han llegado a convertirse en parte del paisaje.

Sus casos tienen bastante en común: son de origen extranjero y no cuentan con nadie que se ocupe de ellos. No tenían a dónde ir. Carmelo ingresó el 29 de julio y no fue hasta el martes que fue trasladado a un centro de paliativos en el que morir con dignidad. En total, pasó 143 horas junto a pacientes que requerían intervenciones urgentes. 5,9 días exactos. Ángel lleva mucho más tiempo, desde el 21 de julio, a punto de cumplir dos semanas. Su expediente marcaba el martes 335 horas en urgencias, y contando. El hospital no le ofreció a Carmelo una habitación, en la que hubiera estado solo, con televisión y baño propio, sin las prisas y la vorágine de una unidad de atención inmediata. Ni lo ha hecho con Ángel, que se encuentra en un box a la espera de que le otorguen una plaza en un centro para personas con discapacidad intelectual de la Comunidad de Madrid.

El asunto ha molestado a algunos de los trabajadores del hospital, que creen que la dirección del centro quiere ahorrar costes y que los mantienen en esas condiciones porque ni ellos están en la condición de quejarse ni nadie lo va a hacer en su lugar. “Lo hacen para ahorrarse una cama”, se lamenta un trabajador del hospital que pide anonimato para evitar represalias de la dirección de este centro público de gestión privada. La gestión sanitaria es pública y gratuita, mientras que la infraestructura y los servicios no sanitarios pertenecen a una concesionaria. “En este caso, la clave está en la impunidad. No son españoles, no se va a enterar nadie, no va a haber repercusión. El riesgo de tener un problema por tenerlos ahí es cero”, añade.

Una portavoz del Puerta de Hierro, por su parte, asegura que el hospital no ha hecho nada incorrecto. Argumenta que la situación clínica de ninguno de los dos requería ingreso hospitalario y defiende que han estado ingresados en condiciones adecuadas, en un espacio separado del resto con biombos, con la atención médica y asistencial necesaria. Reconoce que los dos han pasado un número alto de horas en Urgencias, mucho más de lo usual, pero lo achaca a que se tratan de dos pacientes con circunstancias especiales. Atribuirlo a querer ahorrar costes, dice, es una “interpretación errónea”.

Parte del personal que ha estado estos días alrededor de los dos pacientes disiente y cree que la nacionalidad, como en todos los ámbitos, juega en este caso un rol fundamental. “Esta es la prioridad nacional aplicada a las urgencias de un hospital”, opina otro de los trabajadores, que cuenta que ha podido ver con sus propios ojos la manera en la que subían a planta a pacientes españoles en estado terminal. Carmelo, en cambio, nació en Bolivia, tiene 72 años y trabajaba como obrero hasta hace unas semanas, cuando comenzó a sufrir un dolor de cabeza muy fuerte.

Cuenta con residencia legal y cobra una pensión baja al mes, la no contributiva. Ha tenido la mala suerte de sufrir un glioblastoma, un tumor cerebral maligno y extremadamente agresivo que crece con mucha rapidez. Uno de los peores diagnósticos que le pueden dar a una persona. Le dijeron, con toda la suavidad del mundo, que no podían operarlo y que le queda muy poco de vida, seguramente ya solo días. Respondió que le gustaría morir en Bolivia rodeado de su familia. Una amiga, una señora que ha estado pendiente de él, le compró un vuelo a La Paz, pero debido al avance implacable de la enfermedad no pudo subirse al avión: se quedó ciego, desorientado y con un bajo nivel de conciencia -solo la administración de corticoides le alivió parcialmente el dolor-. Después de sus seis días en Urgencias lo han llevado al Hospital de paliativos La Fuenfría, en Cercedilla, donde va a pasar sus últimos días.

Ángel todavía se encuentra a la espera de una solución. En el hospital dicen que la Consejería de Asuntos Sociales está en ello. Ahora da vueltas por la unidad en silla de ruedas, pero durante días tuvo que ser inmovilizado. Su discapacidad viene acompañada de alteraciones de conducta que los psiquiatras han logrado controlar esta semana. Al cumplir los 18 no podía seguir en el centro en el que estaba internado y lo trajeron al Puerta de Hierro, con esa idea que tiene mucha gente de que en las unidades de Urgencias lo solucionan todo. No le dieron una habitación y aquí lleva dos semanas dando vueltas, hasta que lo saquen de este limbo. Un chico solo y varado en Urgencias.

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No es porque sean extranjeros, si fueran españoles los tratarían igual. Es lo que pasa con la “mejor sanidad del mundo” después de 8 años de socialismo.
¿La gestión público-privada del Puerta de Hierro es el resultado de los ocho años del gobierno de la surdita Ayuso? No me extraña que los boludos, visto así, habléis de sesenta años de peronismo en vuestro país de origen, contando como contáis.
 
Lo País se abona a la campaña anti Ayuso. Lo que pasa en ese hospital es lo mismo que sucede en todo el sistema sanitario público español, está cada vez más masificado y todo va más lento. Los principales perjudicados son los viejos y los enfermos terminales. Soluciones, aparte de eutanasiar más, hasta ahora ninguna.
 
Un señor de 78 años boliviano, sin familia. Y un discapacitado intelectual de 18 también sin familia. El de 78 vale, llegó aquí solo y sigue solo. El de 18 discapacitado, ¿cómo llegó? ¿Solo, siendo menor de edad? No creo que ninguno de los dos pueda quejarse por comparación con sus países de origen. Supongo que los que mueven el tema son los que hacen política con la sanidad. Pero estas cosas están pasando también a españoles y sobre ello callan.
 
Que los traten y les pasen la factura a los gobiernos de sus países; si no pagan, se les descuentan de futuras ayudas al emprendimiento de dicho país o cualquier tipo de ayuda que fuese a recibir de España, y listos. Lo que está claro es que sus países de origen no van a hacer nada por sus emigrantes hasta que les pases la factura monetaria del mismo; cuando sean un millón de facturas seguro que empiezan a moverse por sus emigrados.
 

Un señor boliviano con un tumor incurable pasa casi una semana en la unidad sin ser trasladado a planta en el hospital Puerta de Hierro, y un chico de origen peruano lleva 14 días. Los trabajadores creen que la dirección ahorra costes con forasteros sin familia que no van a presentar una queja.​



(imagen visible para usuarios registrados)Ángel, de 18 años, lleva dos semanas varado en Urgencias del Hospital Puerta de Hierro a la espera de que se solucione su caso.Juan Diego Quesada



La reunión de camas es el nombre informal que se le da a la charla que tiene todas las mañanas la dirección del Puerta de Hierro con los jefes de servicio de todo el hospital. En ese rato se revisan los casos más controvertidos y se tratan de solucionar los problemas que hayan surgido. Se habla de los ingresos y las altas que ha habido en Urgencias con una precisión absoluta: el ordenador sabe las horas y los minutos que lleva ingresado cada paciente. Se ocupan de que nadie, en la medida de lo posible, pase allí más de 24 horas. Deben enviarlos a casa o mandarlos a planta para que continúen con su tratamiento dentro del hospital -las urgencias, por su naturaleza, son un lugar de tránsito-. Estas dos últimas semanas, sin embargo, dos personas se han quedado atrapadas en el sistema. Carmelo, un hombre boliviano de 72 años con un tumor incurable, y Ángel, un chico peruano de 18 con discapacidad intelectual, se han quedado varados en Urgencias tanto tiempo que han llegado a convertirse en parte del paisaje.

Sus casos tienen bastante en común: son de origen extranjero y no cuentan con nadie que se ocupe de ellos. No tenían a dónde ir. Carmelo ingresó el 29 de julio y no fue hasta el martes que fue trasladado a un centro de paliativos en el que morir con dignidad. En total, pasó 143 horas junto a pacientes que requerían intervenciones urgentes. 5,9 días exactos. Ángel lleva mucho más tiempo, desde el 21 de julio, a punto de cumplir dos semanas. Su expediente marcaba el martes 335 horas en urgencias, y contando. El hospital no le ofreció a Carmelo una habitación, en la que hubiera estado solo, con televisión y baño propio, sin las prisas y la vorágine de una unidad de atención inmediata. Ni lo ha hecho con Ángel, que se encuentra en un box a la espera de que le otorguen una plaza en un centro para personas con discapacidad intelectual de la Comunidad de Madrid.

El asunto ha molestado a algunos de los trabajadores del hospital, que creen que la dirección del centro quiere ahorrar costes y que los mantienen en esas condiciones porque ni ellos están en la condición de quejarse ni nadie lo va a hacer en su lugar. “Lo hacen para ahorrarse una cama”, se lamenta un trabajador del hospital que pide anonimato para evitar represalias de la dirección de este centro público de gestión privada. La gestión sanitaria es pública y gratuita, mientras que la infraestructura y los servicios no sanitarios pertenecen a una concesionaria. “En este caso, la clave está en la impunidad. No son españoles, no se va a enterar nadie, no va a haber repercusión. El riesgo de tener un problema por tenerlos ahí es cero”, añade.

Una portavoz del Puerta de Hierro, por su parte, asegura que el hospital no ha hecho nada incorrecto. Argumenta que la situación clínica de ninguno de los dos requería ingreso hospitalario y defiende que han estado ingresados en condiciones adecuadas, en un espacio separado del resto con biombos, con la atención médica y asistencial necesaria. Reconoce que los dos han pasado un número alto de horas en Urgencias, mucho más de lo usual, pero lo achaca a que se tratan de dos pacientes con circunstancias especiales. Atribuirlo a querer ahorrar costes, dice, es una “interpretación errónea”.

Parte del personal que ha estado estos días alrededor de los dos pacientes disiente y cree que la nacionalidad, como en todos los ámbitos, juega en este caso un rol fundamental. “Esta es la prioridad nacional aplicada a las urgencias de un hospital”, opina otro de los trabajadores, que cuenta que ha podido ver con sus propios ojos la manera en la que subían a planta a pacientes españoles en estado terminal. Carmelo, en cambio, nació en Bolivia, tiene 72 años y trabajaba como obrero hasta hace unas semanas, cuando comenzó a sufrir un dolor de cabeza muy fuerte.

Cuenta con residencia legal y cobra una pensión baja al mes, la no contributiva. Ha tenido la mala suerte de sufrir un glioblastoma, un tumor cerebral maligno y extremadamente agresivo que crece con mucha rapidez. Uno de los peores diagnósticos que le pueden dar a una persona. Le dijeron, con toda la suavidad del mundo, que no podían operarlo y que le queda muy poco de vida, seguramente ya solo días. Respondió que le gustaría morir en Bolivia rodeado de su familia. Una amiga, una señora que ha estado pendiente de él, le compró un vuelo a La Paz, pero debido al avance implacable de la enfermedad no pudo subirse al avión: se quedó ciego, desorientado y con un bajo nivel de conciencia -solo la administración de corticoides le alivió parcialmente el dolor-. Después de sus seis días en Urgencias lo han llevado al Hospital de paliativos La Fuenfría, en Cercedilla, donde va a pasar sus últimos días.

Ángel todavía se encuentra a la espera de una solución. En el hospital dicen que la Consejería de Asuntos Sociales está en ello. Ahora da vueltas por la unidad en silla de ruedas, pero durante días tuvo que ser inmovilizado. Su discapacidad viene acompañada de alteraciones de conducta que los psiquiatras han logrado controlar esta semana. Al cumplir los 18 no podía seguir en el centro en el que estaba internado y lo trajeron al Puerta de Hierro, con esa idea que tiene mucha gente de que en las unidades de Urgencias lo solucionan todo. No le dieron una habitación y aquí lleva dos semanas dando vueltas, hasta que lo saquen de este limbo. Un chico solo y varado en Urgencias.

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Dos pacientes extranjeros atrapados en Urgencias. “Esta es la prioridad nacional aplicada a un hospital”

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Será broma, tiene toda una red de miles de ONG y abogados a su servicio.

Un señor boliviano con un tumor incurable pasa casi una semana en la unidad sin ser trasladado a planta en el hospital Puerta de Hierro, y un chico de origen peruano lleva 14 días. Los trabajadores creen que la dirección ahorra costes con forasteros sin familia que no van a presentar una queja.​



(imagen visible para usuarios registrados)Ángel, de 18 años, lleva dos semanas varado en Urgencias del Hospital Puerta de Hierro a la espera de que se solucione su caso.Juan Diego Quesada



La reunión de camas es el nombre informal que se le da a la charla que tiene todas las mañanas la dirección del Puerta de Hierro con los jefes de servicio de todo el hospital. En ese rato se revisan los casos más controvertidos y se tratan de solucionar los problemas que hayan surgido. Se habla de los ingresos y las altas que ha habido en Urgencias con una precisión absoluta: el ordenador sabe las horas y los minutos que lleva ingresado cada paciente. Se ocupan de que nadie, en la medida de lo posible, pase allí más de 24 horas. Deben enviarlos a casa o mandarlos a planta para que continúen con su tratamiento dentro del hospital -las urgencias, por su naturaleza, son un lugar de tránsito-. Estas dos últimas semanas, sin embargo, dos personas se han quedado atrapadas en el sistema. Carmelo, un hombre boliviano de 72 años con un tumor incurable, y Ángel, un chico peruano de 18 con discapacidad intelectual, se han quedado varados en Urgencias tanto tiempo que han llegado a convertirse en parte del paisaje.

Sus casos tienen bastante en común: son de origen extranjero y no cuentan con nadie que se ocupe de ellos. No tenían a dónde ir. Carmelo ingresó el 29 de julio y no fue hasta el martes que fue trasladado a un centro de paliativos en el que morir con dignidad. En total, pasó 143 horas junto a pacientes que requerían intervenciones urgentes. 5,9 días exactos. Ángel lleva mucho más tiempo, desde el 21 de julio, a punto de cumplir dos semanas. Su expediente marcaba el martes 335 horas en urgencias, y contando. El hospital no le ofreció a Carmelo una habitación, en la que hubiera estado solo, con televisión y baño propio, sin las prisas y la vorágine de una unidad de atención inmediata. Ni lo ha hecho con Ángel, que se encuentra en un box a la espera de que le otorguen una plaza en un centro para personas con discapacidad intelectual de la Comunidad de Madrid.

El asunto ha molestado a algunos de los trabajadores del hospital, que creen que la dirección del centro quiere ahorrar costes y que los mantienen en esas condiciones porque ni ellos están en la condición de quejarse ni nadie lo va a hacer en su lugar. “Lo hacen para ahorrarse una cama”, se lamenta un trabajador del hospital que pide anonimato para evitar represalias de la dirección de este centro público de gestión privada. La gestión sanitaria es pública y gratuita, mientras que la infraestructura y los servicios no sanitarios pertenecen a una concesionaria. “En este caso, la clave está en la impunidad. No son españoles, no se va a enterar nadie, no va a haber repercusión. El riesgo de tener un problema por tenerlos ahí es cero”, añade.

Una portavoz del Puerta de Hierro, por su parte, asegura que el hospital no ha hecho nada incorrecto. Argumenta que la situación clínica de ninguno de los dos requería ingreso hospitalario y defiende que han estado ingresados en condiciones adecuadas, en un espacio separado del resto con biombos, con la atención médica y asistencial necesaria. Reconoce que los dos han pasado un número alto de horas en Urgencias, mucho más de lo usual, pero lo achaca a que se tratan de dos pacientes con circunstancias especiales. Atribuirlo a querer ahorrar costes, dice, es una “interpretación errónea”.

Parte del personal que ha estado estos días alrededor de los dos pacientes disiente y cree que la nacionalidad, como en todos los ámbitos, juega en este caso un rol fundamental. “Esta es la prioridad nacional aplicada a las urgencias de un hospital”, opina otro de los trabajadores, que cuenta que ha podido ver con sus propios ojos la manera en la que subían a planta a pacientes españoles en estado terminal. Carmelo, en cambio, nació en Bolivia, tiene 72 años y trabajaba como obrero hasta hace unas semanas, cuando comenzó a sufrir un dolor de cabeza muy fuerte.

Cuenta con residencia legal y cobra una pensión baja al mes, la no contributiva. Ha tenido la mala suerte de sufrir un glioblastoma, un tumor cerebral maligno y extremadamente agresivo que crece con mucha rapidez. Uno de los peores diagnósticos que le pueden dar a una persona. Le dijeron, con toda la suavidad del mundo, que no podían operarlo y que le queda muy poco de vida, seguramente ya solo días. Respondió que le gustaría morir en Bolivia rodeado de su familia. Una amiga, una señora que ha estado pendiente de él, le compró un vuelo a La Paz, pero debido al avance implacable de la enfermedad no pudo subirse al avión: se quedó ciego, desorientado y con un bajo nivel de conciencia -solo la administración de corticoides le alivió parcialmente el dolor-. Después de sus seis días en Urgencias lo han llevado al Hospital de paliativos La Fuenfría, en Cercedilla, donde va a pasar sus últimos días.

Ángel todavía se encuentra a la espera de una solución. En el hospital dicen que la Consejería de Asuntos Sociales está en ello. Ahora da vueltas por la unidad en silla de ruedas, pero durante días tuvo que ser inmovilizado. Su discapacidad viene acompañada de alteraciones de conducta que los psiquiatras han logrado controlar esta semana. Al cumplir los 18 no podía seguir en el centro en el que estaba internado y lo trajeron al Puerta de Hierro, con esa idea que tiene mucha gente de que en las unidades de Urgencias lo solucionan todo. No le dieron una habitación y aquí lleva dos semanas dando vueltas, hasta que lo saquen de este limbo. Un chico solo y varado en Urgencias.

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Dos pacientes extranjeros atrapados en Urgencias. “Esta es la prioridad nacional aplicada a un hospital”

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Tiene un cáncer incurable. Se llama triaje. Si no le gusta que acuda a su embajada.

Un señor boliviano con un tumor incurable pasa casi una semana en la unidad sin ser trasladado a planta en el hospital Puerta de Hierro, y un chico de origen peruano lleva 14 días. Los trabajadores creen que la dirección ahorra costes con forasteros sin familia que no van a presentar una queja.​



(imagen visible para usuarios registrados)Ángel, de 18 años, lleva dos semanas varado en Urgencias del Hospital Puerta de Hierro a la espera de que se solucione su caso.Juan Diego Quesada



La reunión de camas es el nombre informal que se le da a la charla que tiene todas las mañanas la dirección del Puerta de Hierro con los jefes de servicio de todo el hospital. En ese rato se revisan los casos más controvertidos y se tratan de solucionar los problemas que hayan surgido. Se habla de los ingresos y las altas que ha habido en Urgencias con una precisión absoluta: el ordenador sabe las horas y los minutos que lleva ingresado cada paciente. Se ocupan de que nadie, en la medida de lo posible, pase allí más de 24 horas. Deben enviarlos a casa o mandarlos a planta para que continúen con su tratamiento dentro del hospital -las urgencias, por su naturaleza, son un lugar de tránsito-. Estas dos últimas semanas, sin embargo, dos personas se han quedado atrapadas en el sistema. Carmelo, un hombre boliviano de 72 años con un tumor incurable, y Ángel, un chico peruano de 18 con discapacidad intelectual, se han quedado varados en Urgencias tanto tiempo que han llegado a convertirse en parte del paisaje.

Sus casos tienen bastante en común: son de origen extranjero y no cuentan con nadie que se ocupe de ellos. No tenían a dónde ir. Carmelo ingresó el 29 de julio y no fue hasta el martes que fue trasladado a un centro de paliativos en el que morir con dignidad. En total, pasó 143 horas junto a pacientes que requerían intervenciones urgentes. 5,9 días exactos. Ángel lleva mucho más tiempo, desde el 21 de julio, a punto de cumplir dos semanas. Su expediente marcaba el martes 335 horas en urgencias, y contando. El hospital no le ofreció a Carmelo una habitación, en la que hubiera estado solo, con televisión y baño propio, sin las prisas y la vorágine de una unidad de atención inmediata. Ni lo ha hecho con Ángel, que se encuentra en un box a la espera de que le otorguen una plaza en un centro para personas con discapacidad intelectual de la Comunidad de Madrid.

El asunto ha molestado a algunos de los trabajadores del hospital, que creen que la dirección del centro quiere ahorrar costes y que los mantienen en esas condiciones porque ni ellos están en la condición de quejarse ni nadie lo va a hacer en su lugar. “Lo hacen para ahorrarse una cama”, se lamenta un trabajador del hospital que pide anonimato para evitar represalias de la dirección de este centro público de gestión privada. La gestión sanitaria es pública y gratuita, mientras que la infraestructura y los servicios no sanitarios pertenecen a una concesionaria. “En este caso, la clave está en la impunidad. No son españoles, no se va a enterar nadie, no va a haber repercusión. El riesgo de tener un problema por tenerlos ahí es cero”, añade.

Una portavoz del Puerta de Hierro, por su parte, asegura que el hospital no ha hecho nada incorrecto. Argumenta que la situación clínica de ninguno de los dos requería ingreso hospitalario y defiende que han estado ingresados en condiciones adecuadas, en un espacio separado del resto con biombos, con la atención médica y asistencial necesaria. Reconoce que los dos han pasado un número alto de horas en Urgencias, mucho más de lo usual, pero lo achaca a que se tratan de dos pacientes con circunstancias especiales. Atribuirlo a querer ahorrar costes, dice, es una “interpretación errónea”.

Parte del personal que ha estado estos días alrededor de los dos pacientes disiente y cree que la nacionalidad, como en todos los ámbitos, juega en este caso un rol fundamental. “Esta es la prioridad nacional aplicada a las urgencias de un hospital”, opina otro de los trabajadores, que cuenta que ha podido ver con sus propios ojos la manera en la que subían a planta a pacientes españoles en estado terminal. Carmelo, en cambio, nació en Bolivia, tiene 72 años y trabajaba como obrero hasta hace unas semanas, cuando comenzó a sufrir un dolor de cabeza muy fuerte.

Cuenta con residencia legal y cobra una pensión baja al mes, la no contributiva. Ha tenido la mala suerte de sufrir un glioblastoma, un tumor cerebral maligno y extremadamente agresivo que crece con mucha rapidez. Uno de los peores diagnósticos que le pueden dar a una persona. Le dijeron, con toda la suavidad del mundo, que no podían operarlo y que le queda muy poco de vida, seguramente ya solo días. Respondió que le gustaría morir en Bolivia rodeado de su familia. Una amiga, una señora que ha estado pendiente de él, le compró un vuelo a La Paz, pero debido al avance implacable de la enfermedad no pudo subirse al avión: se quedó ciego, desorientado y con un bajo nivel de conciencia -solo la administración de corticoides le alivió parcialmente el dolor-. Después de sus seis días en Urgencias lo han llevado al Hospital de paliativos La Fuenfría, en Cercedilla, donde va a pasar sus últimos días.

Ángel todavía se encuentra a la espera de una solución. En el hospital dicen que la Consejería de Asuntos Sociales está en ello. Ahora da vueltas por la unidad en silla de ruedas, pero durante días tuvo que ser inmovilizado. Su discapacidad viene acompañada de alteraciones de conducta que los psiquiatras han logrado controlar esta semana. Al cumplir los 18 no podía seguir en el centro en el que estaba internado y lo trajeron al Puerta de Hierro, con esa idea que tiene mucha gente de que en las unidades de Urgencias lo solucionan todo. No le dieron una habitación y aquí lleva dos semanas dando vueltas, hasta que lo saquen de este limbo. Un chico solo y varado en Urgencias.

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Dos pacientes extranjeros atrapados en Urgencias. “Esta es la prioridad nacional aplicada a un hospital”

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Todos los años entran cientos de miles de forasteros en España, por tierra, mar y aire. La inmensa mayoría viene con una mano delante y otra detrás; solo unos pocos, los afortunados, con dinero para un par de meses como mucho. Una parte de ellos son viejos, enfermos o discapacitados. Luego resulta que los alquileres se disparan y los pisos se convierten en hormigueros. Y también resulta que la sanidad cae en picado, con listas de espera que han pasado de semanas a meses o incluso años. Por no hablar del aumento de los índices de delincuencia en toda España. Pero ningún político, y casi ningún periodista, es capaz de unir los puntos.
 
Que los traten y les pasen la factura a los gobiernos de sus países; si no pagan, se les descuentan de futuras ayudas al emprendimiento de dicho país o cualquier tipo de ayuda que fuese a recibir de España, y listos. Lo que está claro es que sus países de origen no van a hacer nada por sus emigrantes hasta que les pases la factura monetaria del mismo; cuando sean un millón de facturas seguro que empiezan a moverse por sus emigrados.
O se les expropian los inmuebles en donde tienen sus embajadas, y se los aloja al embajador y al cuerpo diplomático de esos países segarro y fallidos, en una caravana o en una buhardilla. Yo estoy de acuerdo con que a esa gente se la trate, no somos unos nancy, y luego se las lleve a donde se las tenga que llevar... pero ese GASTO hay que PAGARLO como sea, no puede ser que aquí estemos de ONG sanitaria del mundo, mientras los políticos y gobernantes de esos países de dónde sale huyendo esa gente miran para otro lado, no cumplen con su pueblo y roban a cuatro manos.
 
Última edición:
Pacientes como el boliviano no se ingresan en los hospitales, sea boliviano o de Murcia. Son terminales que saben que se van a morir y no sirve de nada operar, se les tramita un hospital de cuidados intermedios, que es lo que han hecho llevándole a la Fuenfría, pero eso lleva tiempo porque las plazas son muy limitadas en Madrid y gracias que tenemos algunos hospitales de ese tipo. Esto los que están moviendo este tema lo saben perfectamente, solo intentan aprovecharse.
 
Un señor de 78 años boliviano, sin familia. Y un discapacitado intelectual de 18 también sin familia. El de 78 vale, llegó aquí solo y sigue solo. El de 18 discapacitado, ¿cómo llegó? ¿Solo, siendo menor de edad? No creo que ninguno de los dos pueda quejarse por comparación con sus países de origen. Supongo que los que mueven el tema son los que hacen política con la sanidad. Pero estas cosas están pasando también a españoles y sobre ello callan.
En otro país europeo ni siquiera les atenderían.
 
Pacientes como el boliviano no se ingresan en los hospitales, sea boliviano o de Murcia. Son terminales que saben que se van a morir y no sirve de nada operar, se les tramita un hospital de cuidados intermedios, que es lo que han hecho llevándole a la Fuenfría, pero eso lleva tiempo porque las plazas son muy limitadas en Madrid y gracias que tenemos algunos hospitales de ese tipo. Esto los que están moviendo este tema lo saben perfectamente, solo intentan aprovecharse.
A la planta de paliativos.
 
Pacientes como el boliviano no se ingresan en los hospitales, sea boliviano o de Murcia. Son terminales que saben que se van a morir y no sirve de nada operar, se les tramita un hospital de cuidados intermedios, que es lo que han hecho llevándole a la Fuenfría, pero eso lleva tiempo porque las plazas son muy limitadas en Madrid y gracias que tenemos algunos hospitales de ese tipo. Esto los que están moviendo este tema lo saben perfectamente, solo intentan aprovecharse.
Y el de 18 igual. No pinta nada en urgencias de un hospital. Lo han colocado ahí a la espera de que le den plaza en un centro para discapacitados, no porque necesite asistencia sanitaria.
 
A la planta de paliativos.
En un hospital de gestión privada no tienen esas cosas y en los públicos lo que tienen de paliativos no está pensado para estos pacientes. En Madrid el Marañón sí tiene una porque forma parte del hospital oncológico que tiene en el complejo. Y luego tienen una planta en Santa Cristina pero es un hospital más de la red de cuidados intermedios y recibe pacientes de los demás. Pero tiene mucha lista de espera y pacientes que se tiran dos meses; encontrar plaza en estos sitios lleva tiempo. Y si encima quieren que atendamos también a los terminales de Bolivia habría que construir unos cuantos más.
 

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