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Dugin, el satanista que dirige la geopolítica de pilinguin.
Dugin: de profeta del eurasianismo a activo de la propaganda rusa
¿Quién manda de verdad en la geopolítica rusa: Vladímir Putin o un filósofo esotérico que dice hablar quince idiomas? El punto de partida es tajante: según el mensaje que abre el hilo, lo que está ocurriendo estaba planeado y avisado, y Putin es el ejecutor. El nombre señalado como inspirador de ese guion es Aleksandr Dugin, teórico del eurasianismo y, según sus propios textos, azote de la modernidad, a la que califica de creación satánica. Una parte del debate sostiene que la acusación de satanismo no sobrevive a una lectura literal de sus fuentes.
El filósofo que llama satánica a la modernidad
Dugin sostiene que la modernidad nunca fue neutral. En su marco, «la modernidad desde el principio fue una creación satánica», y esa sería la línea principal del pensamiento tradicionalista. La conclusión incomoda a quien esperaba encontrar invocaciones: «No es Aleister Crowley o las masas negras o LaVey: la verdadera magia negra es la ciencia y la cultura modernas». La civilización contemporánea sería, en su relato, una preparación para el advenimiento del Anticristo. Un antisatanismo militante, en la lectura de quienes rechazan la etiqueta.
De ahí que una parte del análisis considere la etiqueta simplemente equivocada. Se puede discutir el paneslavismo, la deriva conceptual o la querencia por lo esotérico. Lo que, según estos intervinientes, no aparece por ningún lado es el puente entre «paneslavismo» y «satanismo». Su propia propuesta se sitúa en las antípodas: culturas diferenciadas frente a la uniformidad gris que atribuye al orden global.
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Los círculos esotéricos que sostienen la acusación
La objeción contraria no es floja. Se le sitúa en los círculos ocultistas que frecuentó en los años ochenta, junto a figuras como Limonov, y se recuerda que esoterismo, hermetismo y satanismo no son sinónimos. Hay quien traza una genealogía más fina: Guénon distinguía dos fases de la degeneración, una antitradicional —el materialismo ateo del tipo LaVey— y otra contrainiciática, más próxima a ciertas corrientes ocultistas contemporáneas. La sospecha, según estos, es que Dugin navega en la segunda.
Los paralelismos que se citan son concretos: la relación entre David Myatt y Anton Long, el símbolo de la «caosfera» que aparece en «El campeón eterno» de Michael Moorcock o los estudios académicos que dudan de su etiqueta de tradicionalista. Un artículo de Anton Shekhovtsov y Andreas Umland, titulado «¿Es Aleksander Dugin tradicionalista?», forma parte del material que se maneja. Nadie cierra la pregunta.
¿Cuánto manda Dugin en el Kremlin?
Aquí el análisis se vuelve terrenal. Buena parte de las réplicas descarta que dirija nada: se le describe como un activo útil de la maquinaria de agitación, popular, con libros que se venden y rublos que entran. Mientras haga buen aliño a la propaganda oficial, seguirá ahí. Si un día crece demasiado o se pone desafiante, el pronóstico que se maneja es bastante menos amable.
La comparación que se hace es con otros intelectuales de alquiler, figuras a las que el poder rodea para ofrecer una mixtura ideológica que suena novísima y no es más que un refrito. El Kremlin, en esta lectura, agita cualquier espantajo ideológico —supremacismo, extrema izquierda, derecha alternativa— según sople el viento. Que lo use no lo convierte en depositario de esos valores.
De la guerra de Ucrania a la Unión Ibérica
El asunto deriva hacia Ucrania. Frente a quienes hablan de guerra doméstica entre un mismo pueblo eslavo, se responde con el motivo económico: el control de las reservas de materias primas ucranianas, menores en volumen que las rusas pero pieza del mapa. El horizonte que se dibuja en la conversación es a treinta años: según uno de los intervinientes, España ya no existiría como tal.
Y de ahí al salto más llamativo: la Unión Ibérica como necesidad ante un mundo de superpotencias. Conviene aclarar que la broma geopolítica y la propuesta seria comparten párrafo, y que nadie ha firmado nada.
Polonia, la Ortodoxia y el tacticismo imperial
Dugin sostiene que la Iglesia católica en Polonia está en manos de la masonería y de la Golden Dawn, y que el país debería orientarse hacia el cristianismo ortodoxo. Varios intervinientes lo leen como apuesta por una opción tradicional, no como coqueteo con lo satánico. Otra cosa es el uso táctico: hay quien argumenta que el poder ruso se enfunda cualquier disfraz ideológico que sirva a la grandeza imperial, y que la Iglesia ortodoxa rusa, según un interviniente, no es precisamente un ejemplo de independencia.
El remate es un ejercicio de doble vara: la astucia del Kremlin se presenta como inteligencia; la de la Iglesia, como traición.
La muerte de su hija y el límite de la teoría
En las últimas intervenciones aparece la noticia de la muerte de su hija. Ahí se acaba la teología de salón: las guerras que algunos desean acaban destruyendo a diestro y siniestro, dentro y fuera de los despachos. Si alguien cree todavía que un ensayista con agenda decide el movimiento de los batallones, que revise el organigrama. El único balance claramente positivo de todo el asunto es el de las ventas.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«No creo que este Dugin tenga predicamento en el Kremlin, más allá de ser un juguete de la unidad de agitación del SVR»
— Gotthard · Peso real de Dugin en el Kremlin
«la modernidad no era neutral. La modernidad desde el principio fue una creación satánica»
— Nico · Dugin sobre la modernidad satánica
«Hay dos formas de satanismo, uno de tipo más bien ateo inspirado por Lavey, donde satán es un mero símbolo»
— ProgresistaPosmoderno · Tipologías de satanismo
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
Tradicionalista antimoderno, no satanista45%
Esoterista con pasado ocultista30%
Activo de propaganda del Kremlin25%
📌 DATOS
En el debate se afirma que Dugin dice hablar 15 idiomas
Se plantea un horizonte de 30 años para la desaparición de España como tal, según uno de los intervinientes
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Qué distingue el satanismo tradicional del de Anton LaVey?
El de LaVey se apoya en un satán simbólico y un principio de libertad individual llevado al extremo, según un interviniente. El tradicionalista, en cambio, es deísta y se acerca al ocultismo, la magia negra y el camino de la mano izquierda. Guénon dividía la degeneración en una fase antitradicional, materialista, y otra contrainiciática, más próxima a la segunda.
📅 EVOLUCIÓN
Planteamiento inicialSe abre con la tesis de que lo ocurrido estaba planeado y avisado, con Putin como ejecutor y Dugin como inspirador
Primeras réplicasSe exige una cita textual que acredite el satanismo y se aportan entrevistas y estudios para rebatir la etiqueta
Giro hacia el KremlinEl foco pasa del ocultismo al papel real de Dugin como activo útil de la propaganda oficial
Deriva geopolíticaEl asunto se desplaza a Ucrania, las materias primas y la discusión sobre la Unión Ibérica
Tramo finalAparece la noticia de la muerte de su hija y la conversación se cierra con un tono más sobrio
✓El desmontaje de la etiqueta de satanista con las citas del propio Dugin sobre la modernidad como creación satánica
✓La tesis de que Dugin funciona como activo de la maquinaria de agitación y no como ideólogo con poder real en el Kremlin
✓El desplazamiento del asunto hacia las materias primas ucranianas y la propuesta de Unión Ibérica
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