El mismo coche, dos relatos opuestos sobre Kiev
¿Cómo puede un mismo vehículo ser, a la vez, el coche de unos saboteadores rusos abatidos y el de un civil aplastado por un tanque? La contradicción circula en medios como
Libertad Digital y
Deia, que publicaron el mismo coche destrozado con pies de foto antagónicos. El color, las llantas y el destrozo de la chapa son idénticos en ambas versiones. El lector que compara las imágenes se queda con la misma sensación que el comprador de reliquias del Rastro: la pieza sirve para un roto y para un descosido.
El coche que vale para dos bandos
El vehículo aparece primero como coche civil conducido por un grupo de saboteadores rusos, antes de ser eliminados. Después, el mismo coche es presentado como vehículo aplastado por un tanque ruso. En el vídeo del rescate de un anciano, el coche no tiene techo: alguien lo habría cortado para meter al hombre dentro y grabar la escena. Las vías del tren al fondo coinciden en las dos series de fotos.
La secuencia encaja mal. Si un blindado de orugas pasa por encima del coche, no queda un anciano asustado entre las chapas. Y el vídeo del rescate muestra al hombre con la mascarilla enganchada en una oreja, sin un rasguño, en un entorno donde no se ve a nadie más con mascarilla. Son detalles pequeños que, sumados, socavan la credibilidad del montaje.
Uniformes ucranianos, soldados rusos y otras confusiones
La confusión de identidades no se limita al coche. En otra imagen, un militar con uniforme ucraniano es presentado como militar ruso. En otro lugar, los mismos protagonistas son descritos como saboteadores rusos que habrían capturado un sistema antiaéreo ucraniano. La toma de posiciones sobre el asfalto, con soldados en el arco de tiro de otros, se antoja más una escenificación que una maniobra militar.
El Ejército de Tierra ucraniano sostuvo que Rusia se apoderó de dos vehículos ucranianos, vistió a sus soldados con uniforme ucraniano y se trasladó a gran velocidad hacia el centro de Kiev desde Obolon, seguido de una columna de camiones militares. La viceministra de
Defensa, Hanna Malyar, se refirió al incidente. La columna, según esa versión, quedó neutralizada. Pero el coche de los saboteadores sigue sin explicación coherente.
Vídeos de videojuegos y cuentas oficiales
Las cuentas oficiales del Ministerio de Defensa de Ucrania en Twitter y Facebook publicaron un vídeo de un videojuego como si fuera el derribo de un avión ruso. Acumuló más de dos millones de visualizaciones entre ambas plataformas sin que ninguna advirtiera de que era falso. Es el mismo patrón que llevó a una televisión israelí a emitir imágenes de Star Wars durante la cobertura.
La guerra de propaganda no va dirigida contra el enemigo, sino contra el público propio. El objetivo es que pensemos lo que debemos pensar. Quien haya seguido el caso de la Plaza Verde en Trípoli recuerda que la OTAN admitió después que la escenificación de la toma de la ciudad facilitó la posición real sobre el terreno.
Zapatos, mascarillas y otros detalles que no cuadran
Hay un patrón recurrente en estos montajes: objetos que aparecen donde no deberían. Pares de zapatos supuestamente de víctimas en atentados. Mascarillas en escenas donde nadie las usa. Heridos que no palidecen. El mosaico de Miró de Barcelona, que hace de reloj de sol por su orientación, aparece en relatos que no terminan de encajar.
La reacción del público es cada vez más escéptica. La rusofobia se extiende por Europa con una intensidad que recuerda a episodios históricos poco halagüeños. Se boicotea a Rusia en el deporte mientras se mantiene el Mundial en Qatar. La coherencia no es lo que prima.
Al final, la pregunta no es si hay guerra. La pregunta es cuánto de lo que vemos está diseñado para que creamos una versión concreta. Y cuando el mismo coche sirve para dos relatos opuestos, la respuesta se vuelve incómoda.