Arcusa: el cambio climático es «el timo más universal»
Un par de entrevistas y dos frases. Con eso ha bastado para reabrir una discusión que casi siempre acaba a gritos. Ramón Arcusa y Manuel de la Calva, los dos integrantes del Dúo Dinámico, han puesto en cuestión de golpe tres piezas del relato institucional: la Agenda 2030, el
cambio climático atribuido a la actividad humana y el feminismo. El dato que descoloca no es la edad —
87 y 86 años— sino el eco que encuentran.
Qué dicen exactamente Arcusa y De la Calva
Arcusa arremete contra la Agenda 2030, que describe como el relato de un comité de expertos de la ONU que decide cómo hemos de vivir, pensar, soñar o comer. En el mismo pasaje califica el cambio climático de origen humano como
«el timo más universal jamás perpetrado» y lo enlaza con un interés concreto: los negocios eólicos y solares frente a los del petróleo. Añade que el relato está tan extendido que contestarlo te manda, dice, a la horca.
De la Calva cambia de diana. Sostiene que el
feminismo radical ha conseguido que muchas mujeres vean a todos los hombres como agresores y que esa desconfianza mutua compromete la continuidad de la especie. Rechaza además el empoderamiento como receta, porque entiende que las mujeres ya tenían poder desde tiempos inmemoriales. Dos tesis y una estructura común: algo se nos impone desde arriba y conviene decirlo en voz alta.
El «así que» pesa más que el propio dato
Aquí el análisis se parte. Hay quien sostiene que discutir si el planeta se calienta es perder el tiempo, porque el problema real es lo que se pretende justificar con ello. El razonamiento sería: aceptemos incluso que el fenómeno existe, la cuestión es el
«así que». De esa premisa salen políticas que, según este enfoque, arrojan un resultado neto negativo incluso medido con los indicadores de sus propios promotores: lo que se deja de emitir en Europa se emite por triplicado en otros lugares, y el único rédito es moral.
La contrarréplica es la de siempre. Si el diagnóstico es correcto, la inacción también tiene coste. Y ahí se instala el desacuerdo, sin que ninguna de las dos partes parezca dispuesta a moverse un milímetro.
¿Existe una definición de la temperatura del planeta?
El tramo más técnico gira en torno a una pregunta aparentemente sencilla: qué es exactamente eso que sube. Una de las posturas exige una definición cerrada de
«temperatura de la tierra» y sostiene que, sin ella, la afirmación no significa nada. La otra responde que la magnitud relevante es el equilibrio térmico del planeta, el desfase entre la energía que entra y la que se devuelve, y que de ahí derivan indicadores medibles, como la temperatura de la troposfera baja.
En ese forcejeo aparecen el
informe Charney, de 1979, encargado por el gobierno estadounidense para evaluar la solidez de los estudios que ya entonces advertían del calentamiento, y una recopilación de predicciones catastrofistas fallidas. También se discute el peso relativo del CO2, que una parte sitúa como factor menor dentro de un efecto invernadero dominado por el vapor de agua.
Modelos, sesgo de supervivencia y medias móviles
Otra línea de ataque apunta a cómo se presentan los aciertos. Con decenas de modelos en circulación, lo raro sería que ninguno acertara; exhibir el que dio en el clavo y olvidar el resto es
sesgo de supervivencia, argumenta una de las partes. La respuesta es que la media móvil está diseñada precisamente para difuminar el ruido y dejar visible la tendencia, y que no se puede recorrer el camino inverso —deducir cambios en la frecuencia de eventos extremos— sin datos.
Aquí está el material fino: series de temperatura, ventanas de suavizado y equilibrios térmicos que se discuten con detalle y que no caben en un titular.
Del clima a la pandemia: el desgaste de la palabra «consenso»
El paralelismo con la crisis sanitaria planea sobre toda la conversación. Se recuerda que durante la pandemia existía un consenso científico que presentaba las vacunas como barreras frente a la transmisión, y que quienes lo cuestionaban quedaban señalados; a posteriori, se argumenta, la cosa no era exactamente así. De ese episodio se extrae una lección: la palabra
consenso ha perdido valor como argumento de autoridad. Del otro lado se responde que mezclar ambos asuntos es una forma cómoda de no entrar en el fondo.
Quién decide cómo vivimos
El tercer eje es la Agenda 2030 entendida como forma de gobernanza. La objeción no es cada objetivo concreto, sino el método:
expertos que nadie ha elegido fijando el marco. Que el diagnóstico venga avalado por organismos internacionales no resuelve la queja, más bien la alimenta, porque es exactamente eso lo que se discute.
Con el clima, el feminismo y la Agenda 2030 en el mismo paquete, la pregunta interesante ya no es si dos veteranos de la música tienen razón. Es cuánta gente está de acuerdo con ellos y, hasta ahora, no lo decía en voz alta.