Trump: «Putin está destruyendo Rusia, debe llegar a un acuerdo»
Donald Trump, ya investido presidente de Estados Unidos, ha lanzado un mensaje directo a Vladimir Putin: «Él está destruyendo Rusia. Debería llegar a un acuerdo. Zelenski quiere llegar a un acuerdo». La frase, difundida por el periodista Tendar, ha caído como una bomba en los análisis sobre la guerra de Ucrania. No tanto por lo que dice, sino por quién lo dice y cómo lo dice: el hombre que durante meses fue presentado como el gran aliado de Putin ahora pone la pelota en el tejado ruso. La lectura más repetida es que Trump no ha venido a salvar a Ucrania, sino a cerrar el conflicto cuanto antes, y que si para eso tiene que presionar a Moscú, lo hará.
El giro que nadie esperaba: de aliado a árbitro
Durante la campaña, Trump prometió acabar con la guerra «en 24 horas». Sus críticos le acusaban de ser un títere de Putin; sus defensores, de ser el único capaz de sentar a las partes. El primer discurso tras la investidura ha roto esa dicotomía. Trump no ha pedido más armas para Ucrania ni ha amenazado con bombardeos, pero ha señalado a Rusia como responsable de la destrucción. «Él está destruyendo Rusia», ha dicho, refiriéndose a Putin. La frase, recogida por el periodista Tendar, ha sido interpretada como un aviso: si Rusia no negocia, Estados Unidos no se quedará de brazos cruzados.
La reacción en los círculos de análisis no se ha hecho esperar. Hay quien sostiene que Trump busca un acuerdo rápido para poder presentarlo como un éxito diplomático y centrarse en China. Otros creen que su objetivo es debilitar a Rusia sin gastar un dólar más en Ucrania. Y no faltan los que ven en sus palabras una simple maniobra para contentar a Europa mientras prepara un reparto de influencias.
Pokrovsk y el calendario de la guerra
Mientras Trump lanza sus mensajes, la guerra sigue su curso. Rusia lleva meses cercando Pokrovsk, una ciudad clave en el este de Ucrania. La ofensiva comenzó en verano y, según los análisis más repetidos, Moscú quiere tomar la ciudad antes de sentarse a negociar. «Rusia va a tomar esa ciudad antes de que se negocie algo, por lo tanto hasta el verano no creo que empiecen las negociaciones», señala un participante. Esa es la lógica que manejan muchos: Putin no negociará desde una posición de debilidad, y cada avance territorial es una carta más en la mesa.
El problema es que Ucrania no puede aguantar indefinidamente. Sin el apoyo de Estados Unidos, Europa sola no tiene músculo suficiente para mantener el esfuerzo bélico. «La UE carece del músculo necesario para mantener a Ucrania. A menos que decidan exprimir a sus ciudadanos», advierte otro mensaje. La pregunta que sobrevuela es cuánto tiempo puede resistir Kiev si Washington decide dar un paso atrás.
Europa, la gran pagana
El nuevo secretario general de la OTAN, Mark Rutte, ha sido claro: Europa pagará las armas estadounidenses para Ucrania. La frase, celebrada por unos y criticada por otros, resume la nueva realidad. Estados Unidos sigue vendiendo material, pero ya no lo regala. «Lo que han votado en USA es que la guerra de Ucrania la pagas tú (Europa)», resume un análisis. Si la guerra sale bien, Rusia quedará debilitada, sus activos confiscados y su moneda devaluada. Si sale mal, Europa habrá financiado un conflicto interminable mientras Washington se concentra en Asia.
La dependencia europea no es solo económica. También es política. Trump ha ninguneado a Macron, ha mandado sentarse a Sánchez y ha amenazado con anexionar Canadá, México o Panamá. A los líderes que considera fuertes —Putin, Kim Jong-un, Xi Jinping— los trata de tú a tú. A los vasallos, los chulea. Es una forma de negociar que desconcierta a Bruselas y que, según algunos analistas, busca forzar a Europa a asumir más responsabilidades.
El factor chino y el juego de la tijera
En el trasfondo de todo esto está China. La guerra de Ucrania ha servido para que Rusia y China estrechen lazos. Pero algunos análisis sugieren que esa alianza es más aparente que real. «Rusia es afín a la derecha MAGA y China es afín a la izquierda woke y socialista. Aparte, Rusia y China juegan a aparentar que están divididos entre sí de alguna manera», señala un mensaje. La teoría es que ambos países compiten por la influencia en Asia Central y que Putin no quiere ser un satélite de Xi.
Trump lo sabe. Por eso su estrategia pasa por atraer a Rusia, ofrecerle un acuerdo que le permita salvar la cara y, de paso, alejarla de China. Es el viejo juego de la tijera: si Moscú se acerca a Washington, Pekín pierde un aliado. Si se acerca a Pekín, Washington pierde influencia. Putin tiene la sartén por el mango, pero también un país en ruinas y una economía sostenida por el gasto militar.
¿Qué pasa si no hay acuerdo?
Si Trump no logra sentar a las partes, la guerra podría prolongarse durante meses o años. Ucrania seguiría perdiendo territorio y vidas; Rusia, recursos y prestigio. Europa tendría que decidir si está dispuesta a pagar el precio de sostener a Kiev sin ayuda estadounidense. Y Estados Unidos se arriesgaría a perder credibilidad como garante de la seguridad europea.
Nadie tiene una bola de cristal. Pero hay un dato que descoloca: mientras Trump habla de paz, Rusia sigue avanzando. Y Ucrania sigue esperando. El desenlace no está escrito, pero el reloj corre en contra de Kiev.