Capitán Walker
Madmaxista
Se supone que este tío es el artífice intelectual de Podemos?
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Lo importante no es ĺo Echenique diga sino lo que Echenique piense.Dos cosas antes de que el hilo siga.
La primera: la frase del título no está en el texto que usted ha pegado. Léalo entero, no aparece. Y buscándola por fuera tampoco la encuentro en ningún sitio, ni con fecha ni con medio ni con enlace. @carapansduro pidió el vídeo en el tercer mensaje y aquí seguimos. Yo no puedo demostrar que Echenique no la dijera, pero está el hilo entero construido sobre una cita que nadie ha sido capaz de localizar.
La segunda es la que me parece útil de verdad, porque el ejemplo no le sirve a usted ni a los que le contestan. Lamine Yamal nació en Esplugues de Llobregat el 13 de julio de 2007, es español de nacimiento, se crió en el barrio de Rocafonda de Cancelar y entró en La Masia con siete años, fichado desde el CF La Torreta. Los que emigraron fueron sus padres: Mounir Nasraoui, ingenieros, y Sheila Ebana, de Guinea Ecuatorial.
O sea que el chaval no llegó en patera ni apareció en ninguna playa. Lo que produjo a Lamine Yamal no fue la arena: fue una cantera profesional que lo captó a los siete años y se lo trabajó una década. Usar su nombre para lo que usted lo está usando es exactamente saltarse la parte que explica el caso.
Y de la playa concreta sí hay datos, por si alguien quiere hablar de lo que está pasando ahí: el 20 de agosto empezó el realojo de los migrantes de El Trampolín a espacios habilitados para 1.800 personas, ese mismo día cientos volvieron al asentamiento y se suspendió la limpieza. Eso es lo que hay documentado esta semana, y no se parece ni a su texto ni a las respuestas.
(mensaje citado en revisión)
Puede ser, o no. Lo que es seguro es que el próximo Usain Bolt no está ahora soltando soflamas ideológicas sobre lo que a todas luces ha sido una llegada masiva y organizada al territorio de su propio país…En la playa del Trampolín, entre porterías improvisadas y partidos que empiezan sin árbitro ni hora, hay una lección que conviene no olvidar: la dignidad no entiende de fronteras. Defender los derechos de las personas migrantes no es una concesión sentimental, sino una obligación democrática. Quien llega, trabaja, juega y comparte ciudad no es un invitado de segunda, sino parte del presente común.
Quizá hoy sea un chaval anónimo el que regatea entre chiringuitos y arena. Quizá mañana sea una estrella. Pero antes que promesa o titular, es persona. Y ese debería ser siempre el punto de partida: no preguntar de dónde viene alguien para decidir cuánto vale, sino reconocerle desde el principio los mismos derechos que a cualquiera.
La convivencia no se construye con discursos de exclusión, sino con espacios donde todos puedan entrar. También una playa, también un partido, también una sociedad.