Biden quiere comprar crudo ruso barato después de que Europa aprobara el embargo
El 8 de marzo de 2022, Joe Biden prohibió importar petróleo, productos petrolíferos, gas natural licuado y carbón de Rusia. Tres meses después, con la gasolina a unos 4,5 dólares por galón —cerca de un 50 % más que en mayo de 2021—, el mismo presidente reconoce que Washington estudia volver a comprar crudo ruso, eso sí, con descuento. «Se está considerando mucho lo que se puede hacer para comprar el petróleo, pero a un precio limitado», declaró a los periodistas, según
Bloomberg.
La secuencia tiene su miga. El lunes, los países de la Unión Europea acordaron prohibir las exportaciones de petróleo y productos petrolíferos rusos, con excepciones para Hungría, Eslovaquia y la República Checa, que podrán seguir recibiendo crudo por el oleoducto Druzhba. Las restricciones entran en vigor en seis meses para el petróleo y en ocho para los refinados. Estados Unidos, que empujó a Europa hacia ese embargo, se reserva ahora la puerta de atrás.
Qué dijo exactamente Biden sobre el petróleo ruso
El presidente no habló de una decisión tomada, sino de una hipótesis sobre la mesa. «Los rusos tendrían una necesidad abrumadora de venderlo, y se vendería a un precio significativamente más bajo que el que está generando el mercado ahora», sostuvo. La lógica: si Europa deja de comprar, Moscú se queda sin compradores y acepta lo que le pongan. El problema es que el Kremlin ya ha respondido. «Moscú no va a vender sus recursos energéticos a pérdida», afirmó el portavoz Dmitri Peskov, que admitió problemas logísticos pero descartó regalar crudo.
Biden también rebajó expectativas sobre su propio margen de maniobra. «La idea de que vamos a poder hacer clic en un interruptor y reducir el costo de la gasolina no es probable a corto plazo, ni lo es con respecto a los alimentos», dijo. Traducción: el precio no baja antes de las elecciones parlamentarias de noviembre, que es justo lo que preocupa a su partido.
El cálculo europeo: pagar el gas ruso más caro y comprárselo a EEUU
La paradoja que más ha calentado el asunto es la del intermediario. Si Washington compra crudo ruso a precio de saldo y Europa mantiene el veto, el Viejo Continente acaba financiando la misma guerra que dice combatir, pero pagando más. Hay quien sostiene que ese petróleo ruso revendido a Europa llegará con un sobreprecio de escándalo; otros replican que el crudo es un mercado global y que el origen se diluye en el barril.
El daño interno en Estados Unidos tiene su propia lógica. Allí el coche no es un lujo: sin él no hay vida fuera de las grandes ciudades, las distancias son enormes y el ferrocarril no cubre lo que cubre en Europa. Por eso una gasolina a 4,5 dólares golpea más que en España, y por eso la Casa Blanca mira de reojo noviembre.
Por qué Rusia no tiene tanta prisa como cree Washington
La tesis de Biden asume que Rusia necesita vender sí o sí. La respuesta de Peskov apunta a lo contrario: sin prisa, sin descuento. Rusia ya ha ido cerrando contratos en rublos y ha dejado de aceptar según qué monedas, lo que algunos leen como el principio del fin de la hegemonía del dólar en el comercio energético. Otros ven ahí más deseo que realidad.
El pulso, de momento, está abierto. Estados Unidos no ha anunciado ninguna compra y Rusia no ha aceptado ningún precio. Lo único firme es el calendario europeo: seis meses para dejar de importar crudo ruso, ocho para los refinados.
Biden quiere crudo ruso barato y Peskov dice que no lo habrá. Entre medias, Europa aprobó un embargo que la deja comprando caro lo que antes compraba cerca. Ahí sigue el asunto, sin cerrar.