El 86% de abandono escolar gitano: la Fundación pide un plan
¿Por qué dos de cada tres alumnos gitanos no terminan la ESO? La Fundación Secretariado Gitano (FSG) presentó en diciembre de 2024 una campaña bajo el lema «La No Vuelta al Cole» para denunciar lo que su directora general, Sara Giménez, calificó de cifras «indecentes»: el abandono escolar del alumnado gitano alcanza el 86%, frente al 13% del conjunto de la población, y el 63% no termina la ESO, frente al 4% general. La fundación reclama un plan específico de orientación y refuerzo educativo similar al programa Aulas Promociona, que según sus datos logra que el 80% de los participantes termine la ESO y el 90% de ellos continúe estudios superiores.
El diagnóstico de la FSG: escolarizados pero fuera del sistema
La tesis de la FSG es que el problema no es solo de acceso, sino de permanencia. «Están escolarizados, pero no forman parte del sistema», resume Giménez. La incorporación tardía a educación infantil, las altas tasas de repetición y la falta de apoyos familiares configuran una trayectoria que se rompe antes de los 16 años. El orientador educativo Manuel Vargas García señala que la principal barrera para las familias es su «baja cualificación»: muchas no completaron los estudios obligatorios, no pueden ayudar con los deberes ni costear clases particulares. A eso se suma, según su experiencia, un profesorado que desconoce la realidad del alumnado gitano y emite comentarios de bajas expectativas que «van llenando esa mochilita».
El caso de Naomi Vaca Saavedra ilustra el camino inverso. Con 21 años, es la primera de su familia en llegar a la universidad. «Mis principales dificultades fueron la desmotivación y el hecho de no tener referentes», confiesa. La falta de modelos cercanos pesa tanto como la falta de recursos.
La respuesta del foro: de la desconfianza al determinismo cultural
La recepción del artículo en el foro de economía fue mayoritariamente hostil. Una corriente dominante sostiene que el problema no es de discriminación sino de elección cultural: «Ellos saben desde pequeños que con saber usar una báscula y la tabla del 0.5 les sobra para sobrevivir», resume un mensaje. Otros van más lejos y afirman que la cultura gitana es incompatible con la escolarización tal como se entiende en la sociedad mayoritaria, y que cualquier intento de integración exige renunciar a la propia identidad.
Hay quien introduce un matiz económico: «Para el caso hoy en día un soldador o un fontanero vive mejor que un universitario, hasta un chatarrero gana más». El argumento sugiere que el incentivo económico para estudiar se ha diluido, y que la brecha no se cierra solo con refuerzo escolar. Frente a esto, otra línea de opinión, minoritaria, defiende que el abandono es un fenómeno estructural y que la responsabilidad recae en la administración educativa, que no ha sabido adaptar el sistema a una realidad social específica.
El programa que funciona según la FSG
El Aula Promociona, en marcha desde 2009, atiende a unos 1.600 alumnos al año fuera del horario escolar en las sedes de la fundación. Tutorías individuales, atención a las familias y aulas de refuerzo orientativo son sus herramientas. Los datos que maneja la FSG son contundentes: el 80% de los estudiantes que reciben este apoyo termina la ESO y, de ellos, el 90% continúa con formación superior. La fundación pide que las administraciones públicas implementen un plan similar de forma generalizada.
La pregunta que sobrevuela el debate es si un programa de refuerzo externo puede compensar un entorno familiar y social que, en muchos casos, no valora la educación formal. La respuesta del foro es, en su mayoría, escéptica. «No creen en ellos ni sus padres, que los mandan de vez en cuando al colegio y no les compran ni lápices», resume un mensaje. Otro añade: «Es más fácil que un mono componga una sinfonía que ver a uno de estos seres doblar el espinazo».
El testimonio de las familias que sí apuestan por la escuela
Azucena López y Antonio Borja son padres de cuatro hijos. La mayor trabaja como programadora informática en una consultora internacional. «Tenemos que demostrar lo que a los demás se les da por hecho», explican. Antonio dejó la escuela de pequeño tras un episodio de racismo por parte de un profesor que sospechó de él cuando desapareció material escolar. Denuncia que «hay muchos colegios que claramente están segregados». Su caso, reconocen, es casi una excepción.
La tensión entre quienes ven el abandono como un problema de discriminación institucional y quienes lo atribuyen a una cultura que rechaza la escuela recorre todo el debate. Los datos de la FSG apuntan a una brecha de 73 puntos porcentuales en abandono escolar entre la población gitana y el conjunto de la población. La pregunta que nadie responde con una cifra es cuánto de esa brecha se debe a la discriminación y cuánto a factores internos del propio grupo. La fundación tiene claro que sin un plan específico, la brecha no se cerrará sola.
Al final, la discusión vuelve siempre al mismo punto: si el sistema falla o si son ellos los que fallan al sistema. La FSG pide un plan. El foro pide autocrítica. Y los datos, de momento, no dan la razón a nadie.