La pensión nueva supera en un 23% al salario más frecuente
¿Cómo es posible que quien deja de trabajar cobre más que quien sigue en la nómina? El dato lo puso sobre la mesa Ángel de la Fuente, director de Fedea, al advertir de que «cuando los jubilados cobran más que los trabajadores en activo es peligroso». La comparación es tosca —una pensión media contra un salario modal—, pero el titular aguanta: la prestación de los nuevos jubilados supera en un 23% el sueldo más repetido en España. Y ahí empieza el lío.
Qué mide de verdad ese 23%
El salario más frecuente no es el salario medio. Es el que más gente cobra, y suele vivir pegado al suelo de la tabla. Comparar la pensión de quien se jubila con ese suelo no dice que los pensionistas nadan en oro: dice que una parte enorme de la población activa cobra muy poco. Esa es la lectura que domina el análisis. El problema no es que la pensión sea alta, sino que el sueldo se ha quedado por debajo.
Hay quien lo formula sin rodeos: el sistema se sostiene porque las nóminas se han precarizado, no porque las
pensiones se hayan disparado. Y hay quien responde que la tasa de reemplazo —el porcentaje del sueldo que se cobra al jubilarse— está pensada para subsistir, no para vivir mejor que cuando se trabajaba. Dos formas de mirar la misma cifra.
Cotizar toda la vida y no cobrar: el cálculo de los que vienen
El segundo frente del asunto es generacional. La edad legal ya está en los 67 y la anticipada se ha penalizado. Con ese calendario, quien se jubile en la próxima década puede pasar más años cotizando y menos cobrando. El cálculo que circula es sencillo: si la esperanza de vida se estira y la edad de retiro también, la pensión se paga durante menos años y con menos dinero.
Aquí aparece el argumento que más incomoda: los que hoy cobran no siempre aportaron lo que reciben. Buena parte de las cotizaciones actuales no financia solo pensiones contributivas, sino también complementos a mínimos, viudedad, orfandad, incapacidad y no contributivas. Con esa mezcla, la caja no cuadra. Y los que vengan después se encontrarán con reglas distintas a las que firmaron.
Pensión máxima, viudedad y el debate que nadie quiere abrir
Entre las propuestas que se repiten: recortar la pensión máxima, eliminar las pagas extras, quitar las no contributivas salvo orfandad, viudedad e incapacidad, o subir la edad de jubilación de las mujeres —que viven más— a los 72. Ninguna es popular. Todas tocan a alguien que vota.
El otro flanco es el gasto público: las pensiones absorben una porción creciente del mismo y el Estado autonómico añade capas de gasto que se discuten aparte. La conclusión que se repite es incómoda: el ajuste no se hará de golpe, se hará por inflación, por no deflactar el IRPF y por impuestos que suben sin que nadie lo anuncie.
El caso que descoloca: cotizar cero y cobrar igual
Frente a los números macro, el relato que más circula es el del caso concreto. Una persona mayor, extranjera, residente quince años, sin haber cotizado, recibe una pensión no contributiva de unos 7.500 euros al año y se ausenta dos meses al año. Sea cierto o exagerado, ese relato alimenta la sensación de agravio. Y el agravio es el combustible de todo el debate.
La pregunta que queda sin respuesta: si el sistema se sostiene sobre sueldos bajos y cotizaciones futuras inciertas, ¿qué pasa cuando los que hoy tienen treinta y cinco años lleguen a los sesenta y siete? Nadie lo sabe. Y los que lo intuyen, ya están mirando el mapa.