Portaaviones y 8.000 millones en armas: la guerra que viene
¿Cuánto de la próxima guerra está ya metido en el precio del crudo? El fantasma de la
tercera guerra mundial vuelve al análisis económico con una imagen concreta: un grupo de combate naval estadounidense rumbo al Mediterráneo oriental y
8.000 millones de ayuda militar a Israel que, según los mensajes que circulan, no viajan en billetes sino en armas. El Ejército israelí ha comunicado que Washington le advirtió de que sus buques y aviones, encuadrados en el
Carrier Strike Group 12, están preparados para participar en operaciones de combate junto a Israel si estalla una guerra en varios frentes. A partir de ahí, cada cual elige su apocalipsis.
El despliegue militar que ha encendido las alarmas
Los elementos sobre la mesa no son rumor de barra de bar. Hay quien describe un portaaviones nuclear como el más potente de la flota estadounidense, con un segundo en camino. Londres ofrece armamento y suma buques y aviones de guerra. Según una de las lecturas del hilo, Israel ha pasado de amenazar con volar las centrales nucleares de Irán a invocar el respaldo de su aliado si le atacan. Y sobrevuela, sin una sola prueba, la sospecha de que responsables públicos hayan movido posiciones en empresas de armamento antes del despliegue, una acusación que se lanza al aire y que nadie documenta.
En paralelo se afirma que Arabia Saudí ha roto la vía diplomática con Israel después de que un ataque israelí en territorio libanés matara a seis periodistas. Conviene tratarlo como lo que es: una afirmación que circula y que no viene acompañada de confirmación independiente.
¿Por qué una parte del análisis cree que no pasará nada?
La tesis contraria es vieja y aburrida:
disuasión. «El portaaviones ha ido para disuadir. Es algo lógico, el abc de cualquier ejército que quiera controlar geopolíticamente un territorio», resume una de las posturas más repetidas, para la que todo esto es el
día de la marmota de los augurios apocalípticos. Hay quien añade un argumento material: con 17 días de gasolina no se puede ni atacar Venezuela. Ningún país de la zona, se sostiene, tiene capacidad para desatar un conflicto mundial; Israel y EEUU lo barrerían en semanas. La respuesta a esa confianza excesiva llega en forma de frase corta: esto es así hasta que deja de serlo.
En el fondo late una pregunta más honesta que todas las anteriores: si la disuasión funciona, ¿por qué cada crisis se resuelve con más armas en el mismo sitio?
El petróleo manda: los conflictos caen donde hay reservas
Otra corriente cambia el foco. No va de religión ni de fronteras, va de crudo. «Todos los conflictos donde hay reservas petroleras, ¿casualidad?», resume una línea de análisis que apunta al objetivo energético y a la posibilidad de que el pico del petróleo ya se haya pasado. Con el petróleo en manos anglosajonas, se argumenta, se saldría de la depresión que se avecina y quedaría claro quién manda en el tablero. Es la lectura más economicista y la que menos se apoya en comunicados oficiales: encaja bien con la intuición, mal con la contabilidad.
BRICS, el 1 de enero y el pulso por el orden mundial
El contraargumento geopolítico tiene fecha señalada en el hilo: el
1 de enero, cuando según esa lectura nuevos países se incorporan a los
BRICS, entre ellos Arabia Saudí, Irán y Egipto. Con ese bloque ampliado y un reconocimiento conjunto de Palestina, hay quien sostiene que a EEUU se le acaban las opciones y que Israel no aguanta una semana sin su paraguas militar. El reparto de bandos que se hace en la conversación —países árabes, Rusia, China y Serbia frente a EEUU, la UE, Ucrania, Israel y Japón— deja como ganadores a los no alineados, India y Sudamérica incluidas. La réplica desde la otra orilla es una frase corta:
ni en tus mejores sueños.
La carta de 1871 y el plan que nadie demuestra
Ninguna discusión sobre guerras se cierra sin su capa conspirativa. Aparece una carta atribuida a
Albert Pike, de 1871, en la que se anunciarían tres guerras mundiales sucesivas, la última fomentada por intereses políticos y religiosos y destinada a acabar con el cristianismo. Se cita como prueba de un plan escrito, igual que se mencionan centros de análisis y la cita de Davos como cerebros de una hoja de ruta. Nada de eso viene con documentación verificable: son afirmaciones sin respaldo, y así hay que leerlas. Otra parte del análisis deriva hacia el temor a tensiones sociales internas en Europa, terreno donde la conversación se vuelve más opinión que dato.
Lo que de verdad mueve el precio
Más allá del ruido, los datos que sí se pueden seguir son los del transporte y el crudo. Los vuelos de carga militar hacia la zona y el movimiento de grupos navales son señales que los mercados leen antes que cualquier comunicado. Si el escenario se degrada, la prima de riesgo energético se paga en gasolina, en fletes y en seguros marítimos. Si no se degrada, la prima se desinfla y quedan las fotos. Ese diferencial —lo que se paga hoy por un riesgo que aún no ha ocurrido— es lo único cuantificable de toda la discusión.
Cierre. Sobre este asunto se ha escrito casi todo y casi todo ha caducado mal. Las predicciones de octubre se cumplieron o no según quién las cuente, los bandos siguen sin formarse y el portaaviones sigue navegando hacia ninguna parte en concreto. Queda el consuelo de siempre: si al final estalla la tercera guerra mundial, al menos alguien habrá pedido el día libre en el trabajo.