El Día D: el desembarco que la URSS ya había ganado
Un soldado estadounidense desembarca en una playa francesa en junio de 1944. Al otro lado del continente, el Ejército Rojo lleva más de un año avanzando sin freno tras haber destruido el grueso de la Wehrmacht en Stalingrado y Kursk. Esa es la escena que resume el pulso que se libra cada vez que alguien menciona Normandía: ¿fue el desembarco el golpe que tumbó al nazismo o una operación tardía sobre un enemigo ya sentenciado?
El planteamiento inicial es tajante:
Alemania ya había perdido la guerra en el frente del este y las tropas que defendían las playas eran en su mayoría adolescentes. A partir de ahí, el análisis se bifurca. Unos sostienen que sin el desembarco y sin el esfuerzo material estadounidense la URSS habría colapsado; otros replican que el Día D fue una
pantomima bien empaquetada por Hollywood.
Qué dicen los números del frente oriental
El argumento más repetido es cuantitativo.
796 divisiones alemanas y de sus aliados durante toda la guerra, de las cuales
692 fueron destruidas en el frente del este. Con ese reparto, Normandía queda reducida, según esta lectura, a una escaramuza con intereses técnicos: el desembarco anfibio, las tropas aerotransportadas y la toma de algunas playas.
La comparación con Kursk o Stalingrado es inevitable en esa línea. En Kursk, los cálculos que circulan hablan de entre
1.200 y 2.952 carros y cañones de asalto destruidos, además de 1.500 tanques y 3.500 piezas de artillería. A partir de ahí, los alemanes no volvieron a montar ofensivas a gran escala en Europa. La batalla que cambió la guerra, sostienen, fue esa, no la playa francesa.
El día D en cifras: 150.000 asaltantes y un 5% de bajas
La cifra que más se repite para dimensionar el desembarco es la de
150.000 asaltantes, con resistencia seria en una sola playa y un
5% de bajas totales. Frente a los números del frente oriental, el día D queda, según este análisis, al nivel de una escaramuza entre las muchas que jalonaron la guerra.
Hay una explicación estratégica: los alemanes sabían que su suerte se decidiría en las estepas rusas y destinaron allí lo mejor de su armamento y sus hombres. Tenían, además, en poca estima el nivel combativo angloestadounidense. Esa combinación explicaría por qué Normandía no concentró la élite de la Wehrmacht.
El préstamo y arriendo: ¿ayuda o negocio?
La otra pata del debate es material. Sin la ayuda estadounidense, se argumenta, la URSS habría colapsado entre 1942 y 1943: maquinaria, uniformes, combustible, alimentos y armamento llegaron por toneladas. La réplica no tarda: el programa de préstamo y arriendo fue un
negociazo para Washington, y la URSS terminó de pagarlo con intereses años después.
El intercambio deriva hacia el presente. Se compara el esquema con el apoyo a Ucrania y se subraya que los anglosajones no regalan nada: la factura acaba recayendo en los socios europeos. La discusión sobre quién financió a quién se convierte, así, en una discusión sobre quién paga hoy.
Los bombardeos aliados y el combustible que faltó
Una tercera vía sostiene que el factor decisivo no fue ninguna batalla terrestre concreta, sino la destrucción de la infraestructura alemana. Los bombardeos angloestadounidenses sobre depósitos de combustible y vías de suministro, según esta lectura, fueron clave:
Alemania producía diez veces más armamento en 1944 que en 1940, pero no tenía combustible ni red para llevarlo al frente.
La contraofensiva a ese argumento es dura. Se recuerda que los bombardeos se cebaron con la población civil y que matar mujeres y ancianos en las ciudades no decidió la guerra. Los británicos pasaron a los raids nocturnos tras el fracaso de las incursiones diurnas; los estadounidenses apostaron por el bombardeo diurno de industrias y también fueron castigados por la caza alemana. El cálculo completo de pérdidas y resultados, desglosado, da para un artículo aparte.
El relato cinematográfico y la memoria de la guerra
El último frente es cultural. Se sostiene que el Día D es
la campaña propagandística más exitosa del siglo XX y que la industria del cine ha convertido Normandía en el gran episodio de la guerra, mientras Stalingrado o Kursk quedan en segundo plano. La recomendación que circula es una película francesa poco conocida,
Un héroe muy discreto, sobre un hombre que se inventa un pasado heroico en una guerra que no libró.
La ironía se afila con Francia: el estado más colaboracionista de occidente, se dice, es también el que llena sus esquinas de placas a la Resistencia. La memoria, en esta lectura, se fabrica tanto como se combate.
El desembarco de Normandía cumple ochenta años convertido en un campo de batalla de otro tipo: el de quién se lleva el mérito de haber tumbado al nazismo. Los números del frente oriental son abrumadores. También lo es el hecho de que, sin el esfuerzo industrial y logístico aliado, la ecuación habría sido distinta. Nadie ha cerrado la cuenta, y probablemente nadie lo haga.