Reservistas de 19 a 25 años: el debate que reabre la mili
Un usuario del foro afirma que
España ya tiene una ley de reservistas obligatorios para los jóvenes de 19 a 25 años, y que conforme se les llame a servicio estarían listos para defender los valores europeos frente a Rusia. En el mismo hilo se menciona que la OTAN prepara corredores logísticos por Europa para llevar tropas y armamento a Ucrania, y que varios países aliados instan a recuperar la mili y a preparar a los jóvenes para luchar. El escenario que se dibuja no es el de una guerra lejana: es el de autobuses con destino al frente.
Quién va a la guerra cuando la igualdad se pone a prueba
Aquí es donde el asunto se complica. Si el país que recluta es España y el discurso oficial es el de la igualdad de derechos,
la igualdad de deberes también debería aplicarse. Es decir, las mujeres tendrían que ir sí o sí. Si no, se cae todo el argumento. Hay quien recuerda que en Israel las mujeres hacen la mili y van a la guerra, y que en Suiza también. La conclusión que se extrae es incómoda: si solo se llama a los varones, las reclamaciones judiciales acabarán obligando a que vayan ellas también.
La otra cara de la moneda es la del que no piensa quedarse quieto.
Hay quien sostiene que se pegaría un tiro o se envenenaría antes que ir al frente, y quien directamente afirma que se alistaría para morir allí antes que de viejo. No es valentía: es el reconocimiento de que la picadora de carne no admite matices. El cálculo más frío lo hace quien apunta que el derecho al voto va ligado a la obligación de ser llamado a filas, y que con las mujeres esto no se cumple. La propuesta implícita es clara: o se cambia por decreto o se moviliza solo a los varones jóvenes.
El precedente de las levas que incendiaron Cataluña
La historia reciente ofrece un aviso.
La última leva oficial obligatoria en Cataluña, a principios del siglo XX para la guerra de Marruecos, estuvo ardiendo una semana y hubo que enviar al Ejército. Durante la Guerra Civil, la República envió a niños de 16 años a morir en el Ebro. El mensaje que se lanza desde algunos sectores es que esta vez será diferente y que no se puede contar con ellos. No es una amenaza velada: es la constatación de que la memoria de las levas forzosas sigue viva en determinados territorios.
El rechazo no es solo histórico.
La ingeniería social necesitaría diez o quince años para que la población trabase con que sus hijos marchen a ser sacrificados. A día de hoy, el rechazo sería masivo, y quienes diseñan estas políticas lo saben. De ahí que el esfuerzo se centre en el envío de armas y en la preparación logística, no en el reclutamiento masivo inmediato.
La trinchera como gimnasio y la mili como rito de paso
En el plano más terrenal, hay quien defiende que
una buena mili es lo que les hace falta a los jóvenes, y que mejor que una trinchera helada y medio inundada no hay nada para convertirlos en hombretones hechos y derechos. El razonamiento es que volverían sin dejarse acojonar por nada. Es una versión moderna del servicio militar como rito de paso, con la diferencia de que ahora el campo de entrenamiento es un páramo recóndito y el instructor es un operador de drones ruso.
La conversación deriva hacia lo físico con una naturalidad que sorprende. Se discute si los jóvenes de hoy están preparados, si el gimnasio actual forma cuerpos funcionales o solo estética, y si el peso corporal bajo implica menos fuerza bruta.
Hay quien sostiene que al bajar peso corporal se pierde muchísima fuerza, y que un cuerpo delgado pero entrenado en series y cuestas rinde más que un volumen artificial. La anécdota es que los monitores antiguos se picaban con los clientes que levantaban más que ellos.
El pasaporte de los hijos y el plan B de la élite
Mientras unos debaten sobre tríceps y otros sobre levas, hay quien ya ha movido ficha.
Hay quien ha sacado el pasaporte a sus hijos y busca países sin extradición o recónditos, como Uruguay o alguna isla de Filipinas, para librarles de lo que consideran una locura. Es el plan B de quien no confía en que el sistema proteja a los suyos. La pregunta que flota es si esos destinos son realmente seguros o si simplemente son un aplazamiento.
El escepticismo se extiende a los medios.
Los medios que asustan decían que un 70% estaba a favor de poner la mili en Alemania, pero desde el primer día el ministro de Defensa alemán lo rechazaba. La conclusión es que el relato oficial no cuadra con la realidad de los gobiernos. Y mientras tanto, la guerra sigue escalando: Putin amenaza con una bomba nuclear en Holanda y lleva submarinos nucleares a Cuba, Macron y los principales líderes de la OTAN dan permiso a Ucrania para atacar Rusia con armas otanicas, y se insta a todos los países de la OTAN a recuperar la mili.
El cálculo que descoloca: cinco años, no diez
La pregunta del millón es cuándo.
Hay quien sostiene que será bastante antes de cinco años, aunque otros creen que no habrá tiempo de preparar y movilizar a gran escala en menos de cinco. La horquilla va de los cinco años que se leen en prensa a un escenario mucho más inmediato. El dato que descoloca es que la maquinaria ya está en marcha: corredores logísticos, reservistas obligatorios y un discurso que normaliza el envío de jóvenes al frente.
La conversación no se cierra. Unos hablan de pasaportes, otros de tríceps, otros de degollar reclutadores. La única certeza es que el plan existe, que está escrito y que los jóvenes de 19 a 25 años son los primeros de la lista.