Adelante Andalucía ficha a ocho candidatas y presume de no tener accionistas de aseguradoras
Ocho candidatas. Ni un accionista de ASISA, Quirón ni Adeslas. Ese es el titular que Adelante Andalucía lanzó en redes para presentar su equipo de cara a las próximas
elecciones andaluzas, con un mensaje que mezclaba la composición del grupo con un dardo directo al presidente de la Junta, Juanma Moreno. La pieza, un tuit con foto de grupo y el lema de transformar Andalucía, se convirtió en el detonante de una discusión que en pocas horas pasó de la política institucional al análisis del vestuario, la estética y la supuesta extracción social de las candidatas.
El mensaje original no se quedó en la foto. El autor del post añadía que hacían falta «más aliades, charos feministas comprometidas y sororitarias, gays, migrantes racializades, feos y gordes profesionales» para frenar a la izquierda rival en campaña. Un arranque que ya anunciaba el tono: la presentación de una candidatura convertida en espejo de las tensiones internas de la izquierda andaluza.
Qué se dijo del equipo de Adelante Andalucía
La respuesta mayoritaria no discutió el programa. Discutió la pinta. «La cuadrilla de la muerte», «la patrulla de los bien vestidos», «parecen arlequines» o «creí que era un programa de Canal Sur» fueron algunas de las comparaciones que circularon con más frecuencia. La ropa, el peinado y la actitud de las retratadas se convirtieron en el eje de un juicio estético que, en el fondo, escondía un juicio político: la sospecha de que ese equipo no representa al votante al que dice dirigirse.
Hubo quien llevó el argumento al terreno sociológico. Se sostuvo que a finales del siglo XX se demolió el concepto de estética y que la fealdad se elevó a categoría dominante, con el resultado de un paisaje visual sin jerarquía donde todo vale porque nada importa. La tesis, discutible, tenía su gracia: convertir una foto de candidatas en síntoma de la posmodernidad. Otros prefirieron el análisis materialista: la ropa era carísima hasta los ochenta, se heredaba entre hermanos y duraba años; hoy las cadenas rotan tendencias cada semana y las buenas telas ya no tienen sentido porque se tiran antes de gastarse.
El argumento de la sanidad privada y la respuesta del foro
El tuit original no hablaba de programas ni de presupuestos. Hablaba de accionistas. La insinuación era clara: ninguna de las ocho candidatas tiene intereses en ASISA, Quirón o Adeslas, a diferencia de lo que el mensaje atribuía al PP andaluz. La respuesta más repetida fue la del cinismo preventivo: en cuanto a alguna le salga un bulto feo y la Seguridad Social le dé cita para dentro de cuatro meses, irá a la privada «de cabeza y en tren de alta velocidad». Una forma de decir que la pureza ideológica dura hasta el primer susto médico.
En paralelo, varios mensajes entraron a discutir la composición del grupo. Se señaló que faltaban perfiles migrantes y racializados, que no había ni un solo «moronegro», y se ironizó con que tampoco se conocía la orientación sexual de las candidatas, dato que algún mensaje presentaba como fundamental para implementar políticas de agricultura, industria, sanidad o vivienda. La paradoja era evidente: un equipo presentado como diverso recibía el reproche de no serlo lo suficiente.
De la estética al cálculo electoral
El hilo derivó hacia el cálculo. Se discutió si Adelante Andalucía sirve para restar votos al PSOE andaluz, si su función es desestabilizar o si su tiempo ya pasó. Una intervención resumió la tesis más repetida: el partido habría cumplido ya su función de desestabilizar y estaría en fase de desaparición, aunque el daño estaría hecho. Enfrente, la defensa: tienen el nivel de cultura y preparación que demanda el votante de izquierdas, y el objetivo es ganar elecciones, no descubrir una reformulación del ozempic a la española.
El asunto de fondo, que casi nadie abordó de frente, es el de siempre: qué significa representar a la izquierda en Andalucía y si la composición sociológica de una candidatura importa más que su programa. La foto de las ocho candidatas funcionó como test de proyección. Cada cual vio en ella lo que buscaba: unos, la prueba de que la izquierda se ha vuelto un club de gente rara; otros, la constatación de que la derecha sigue teniendo el relato estético de su parte.
Con estos mimbres, lo previsible es que el debate se repita en cada campaña. La pregunta no es si Adelante Andalucía lleva razón en su dardo a los accionistas de aseguradoras, sino si ese dardo llega a alguien más que a los ya convencidos. Y eso, a estas alturas, no lo resuelve ninguna foto.