Merz fracasa en la investidura y deja a la CDU al borde de la ruptura
Friedrich Merz no será canciller de Alemania, al menos por ahora. El conservador alemán se quedó a
seis votos de la mayoría necesaria en la primera votación de investidura en el Bundestag, un hecho inédito en la historia de la República Federal. Necesitaba 316 apoyos y se quedó en 325 según unos recuentos y por debajo del umbral según otros, con una coalición CDU+CSU+SPD que suma 328 escaños. La aritmética no cuadra: alguien de los suyos no apretó el botón.
El resultado deja al líder democristiano en una posición incómoda. Su acuerdo de coalición con los socialdemócratas alemanes incluía
más inmigración, más deuda, menos industria y más gasto militar, un programa que, según el análisis más repetido, supone adoptar el temario del SPD para poder gobernar. La paradoja es que ni con esas.
Qué dice el artículo 63 de la Ley Fundamental
La Ley Fundamental alemana prevé en su artículo 63 que, si el candidato no es elegido, el Bundestag puede elegir un canciller en los
14 días siguientes a la votación. En esa segunda vuelta basta con mayoría simple. Es decir, Merz podría ser canciller igualmente, pero con el aval de una mayoría más frágil y con la etiqueta de haber pinchado en el primer intento.
El voto en el Bundestag es secreto, así que no hay manera de saber quién votó en contra. Eso alimenta todo tipo de teorías. La más extendida entre quienes siguen el asunto es que
alguien de la propia CDU tuvo un ataque de conciencia y se negó a firmar lo que considera la destrucción del país. Otra lectura apunta al SPD: diputados socialistas habrían votado en contra para arrancar más concesiones en el nuevo gobierno, más cargos y más ministerios.
El SPD ya tiene casi todo lo que pedía
Si el acuerdo de coalición ya recoge el programa socialdemócrata en casi todos los puntos, la pregunta es qué más puede querer el SPD. La respuesta que circula es simple:
carguitos. Puestos, sillones, cuotas de poder. La política alemana entra en esa fase en la que los programas importan menos que el reparto.
Hay quien va más allá y sostiene que todo esto es un paripé ensayado. Que la coalición PP-PSOE alemana, perdón, CDU-SPD, está escenificando una crisis para parecer que no son socios. La tesis tiene su lógica: si el electorado castiga a los conservadores por pactar con los socialdemócratas, conviene que parezca que lo hacen a regañadientes.
El precedente de Rumanía y el miedo a las urnas
En el trasfondo de todo esto está lo que ha pasado en Rumanía, donde una coalición similar ha fracasado y el electorado ha castigado a los partidos tradicionales. El miedo a las urnas es real. La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) es primera fuerza en intención de voto en algunos sondeos, y eso cambia las reglas del juego.
La hipótesis que más se repite es que, si Merz acaba gobernando con el apoyo de los Verdes, la CDU estallará por dentro. Y que eso garantizaría a la AfD la mayoría absoluta en las próximas elecciones. La otra hipótesis es que la AfD sea ilegalizada durante la legislatura para no tener que repetir estas votaciones.
Viva la memocracia, resumen algunos.
Un sistema que no es tan modélico como parece
El sistema político alemán tiene sus grietas. El Bundestag aprobó un cambio constitucional para permitir el aumento del gasto militar con los diputados que estaban en funciones, semanas después de las elecciones. Un fraude en toda regla, según la lectura más crítica. Y ahora resulta que la investidura se puede tumbar por unos pocos votos secretos.
La disciplina de voto, ese invento, queda en evidencia cuando el voto es anónimo. En España se llama disciplina de partido y se aplica con puño de hierro. En Alemania, con voto secreto, cada diputado vota lo que le dicta la conciencia o el bolsillo. O ambas cosas.
Qué puede pasar ahora
Merz tiene 14 días para intentarlo de nuevo. Puede ser elegido en segunda vuelta por mayoría simple, lo que en la práctica significa que gobernará en minoría o con apoyos puntuales. Su debilidad queda marcada de cara a todos, dentro y fuera de Alemania.
La pregunta que flota en el aire es si la CDU aguantará el tirón o si acabará pactando con la AfD, algo que hasta ahora era línea roja. Si lo hace, la coalición con el SPD salta por los aires. Si no lo hace, la AfD seguirá creciendo en las encuestas. ¿Hay alguna salida que no pase por romper algo?