Admite la pérdida de mano de obra y señala a la inmigración
El Gobierno admite ante Bruselas que España pierde mano de obra disponible y sostiene que la «vía natural» para resolverlo es la
inmigración. Lo recoge
elEconomista. La frase no es un desliz de portavoz con prisa: es la posición oficial que el Ejecutivo defiende ante la Comisión Europea.
El diagnóstico es sencillo y hasta razonable. Se jubila una generación entera, nacen pocos niños y sobran vacantes. El problema, según varios participantes en el debate, es que quien firma ese diagnóstico gobierna un país entre los de más paro de su entorno. Las dos ideas caben en el mismo párrafo, pero no se miran a la cara.
Qué ha admitido el Gobierno ante Bruselas
Según el texto que desata la polémica, el Ejecutivo reconoce la pérdida de mano de obra disponible y defiende la inmigración como vía natural para cubrirla. La expresión tiene miga:
vía natural convierte una decisión de política migratoria en algo parecido a la lluvia. Ocurre, no se decide.
A partir de ahí, la conversación se parte en tres. Un bloque sostiene que traer trabajadores de fuera hunde los salarios del país receptor. Otro responde que el problema no es la oferta, sino lo que se paga por el puesto. Y un tercero va más lejos:
habla directamente de un plan deliberado para cambiar la composición de la población. Esa última tesis circula sin más prueba que la insistencia con que se repite.
¿Cómo se sostiene que falta mano de obra con millones de parados?
Es la pregunta que descuadra el relato. En el hilo se cifra en unos
3 millones los parados de España, entre las cifras de desempleo más altas del entorno. Con esa cifra sobre la mesa, «pérdida de mano de obra disponible» suena a chiste mal contado o a eufemismo bien pagado.
El matiz que se lanza al aire es otro: no falta gente, falta gente dispuesta a aceptar según qué condiciones. Y ahí entra el empleo de bajo valor añadido y todo lo que se paga por debajo de lo que cuesta vivir. Si el salario no llega, la vacante no se cubre por mucho currículum que se reparta.
Salarios bajos: el nudo que nadie quiere apretar
La acusación más repetida apunta siempre al mismo sitio: la vía migratoria permite esquivar la subida de sueldos. Se argumenta que, mientras haya quien acepte el puesto al precio ofertado, no existirá presión real para mejorarlo. El empleo de bajo valor añadido se sostiene sobre esa lógica, y la calidad del trabajo se queda congelada.
En el lado opuesto pesa un dato incómodo: hasta las cajas de los supermercados se despachan solas. Si el puesto desaparece por máquina, la mano de obra de fuera tampoco lo resucita.
Y luego está el calendario, que nadie menciona en los titulares. La misma administración que dice necesitar brazos lleva años estirando la edad de jubilación, con lo que la ecuación cambia según convenga al discurso del día.
Canarias: más de 1.000 llegadas en un fin de semana
La discusión tiene una cara física, y esa no admite metáforas. Un fin de semana de octubre de 2023 llegaron
más de 1.000 personas en cayucos a Canarias, según el recorte de prensa citado en el hilo. Salvamento Marítimo buscó una patera que no aparecía y abortó la misión a medianoche por falta de combustible; la divisó al regresar a la base.
Ese goteo alimenta la sensación de descontrol y, de paso, el negocio del miedo. Hay quien responde que alguien tendrá que hacer los trabajos que otros no quieren. Quienes la critican responden que una llegada sin papeles convierte la frontera en un colador y la política en una ocurrencia.
El porcentaje migratorio: España por delante de Francia
Un apunte numérico que un participante esgrime para desmontar tópicos. Sostiene que en 2020 España tenía un
14% de población migrante, por delante del 12% de Francia, país que lleva décadas con el asunto en portada. Lo defiende quien sostiene que el caso español es más reciente y, precisamente por eso, más brusco.
La proporción es discutible por abajo, porque, según se apunta en el hilo, las estadísticas oficiales podrían quedarse cortas, y por arriba, porque no se mide igual a la primera y a la segunda generación. Lo que se subraya es la velocidad: veinte años para un vuelco demográfico que en otros sitios tardó el doble.
El punto exacto donde el análisis se atasca
El relato oficial tiene una virtud y un defecto. La virtud es que dice en voz alta lo que lleva años practicando. El defecto es que lo presenta como inevitable, y lo inevitable no necesita comisión, ni turno de preguntas, ni gestión.
Queda una pregunta sin cerrar: por qué un país con paro estructural declara que le falta gente. Unos responden que el problema es el precio del trabajo; otros, que el problema es el volumen de la llegada; los terceros, que todo obedece a un plan. Ninguna de las tres respuestas se deja demostrar con los datos disponibles.