El ejército ucraniano admite que el frente no se romperá
La contraofensiva ucraniana ha fracasado para buena parte de los intervinientes en el debate. No lo certifica un portavoz ruso, sostienen, sino que lo admitiría el propio mando militar de Ucrania: según las declaraciones que se citan, reconoce que no habrá «una bonita ruptura del frente». A ese reconocimiento se suma el de un exasesor presidencial que da la guerra por perdida y avisa de que el país entero «puede desaparecer». La discusión ya no gira en torno a quién gana, sino a qué queda de Ucrania como proyecto viable y quién acaba pagando la factura de haberlo intentado.
Qué ha admitido el general ucraniano
Para buena parte del análisis que sigue el conflicto, esa frase es una rendición verbal. El mismo mando que prometió una ofensiva hacia Crimea ahora descarta la ruptura del frente. Y no se trata de un caso aislado: el analista militar Juan Antonio Aguilar ya había anticipado para estas fechas el colapso del ejército ucraniano, una previsión que ahora se reivindica con cierto regocijo.
Más lejos llega Oleksiy Arestovych, exasesor presidencial, que da la contienda por perdida y sostiene que Ucrania puede desaparecer por completo. Su resumen es amargo: el mundo lloraría tres días y luego seguiría con sus asuntos. No es un desliz suelto, sino la confirmación de un goteo de reconocimientos que, desde dentro, admiten que la situación sobre el terreno es bastante peor de la que se cuenta hacia fuera.
150.000, 400.000 o 50.000: las bajas sin recibo
El propio general intenta maquillar el fracaso con una cifra: 150.000 bajas rusas. No aporta ninguna prueba más allá de la versión oficial. Desde el otro lado se responde que Ucrania acumula 400.000 bajas y que Rusia habría sufrido ocho veces menos, una proporción que se atribuye a analistas no alineados con la OTAN. Los medios próximos a la Alianza, en cambio, sitúan las pérdidas rusas —entre muertos y heridos— en torno a 50.000.
Los tres números circulan sin documentación verificable. Unos y otros se acusan de propaganda y ninguno enseña las cuentas. El resultado es un limbo estadístico en el que cada bando elige la cifra que le conviene y la repite hasta que suena a hecho.
Lo que se apunta: corvetas, tanques y helicópteros
A la cuenta rusa se le añaden golpes concretos: una corbeta alcanzada, 140 tanques destruidos en cuatro horas o veinte helicópteros eliminados en una sola noche. Son los datos que se lanzan como contrapeso a cada anuncio de avance y a cada declaración de rendición.
La propia magnitud invita al escepticismo, y no solo entre quienes simpatizan con Moscú: veinte helicópteros reunidos en una misma base aérea, y destruidos todos en una noche, es una concentración que cuesta imaginar. Que esas cifras se discutan tanto como las bajas dice bastante del terreno donde se libra esta guerra: el de los números.
¿Entrará Ucrania en la Unión Europea?
Ni en la OTAN ni en la Unión Europea. Ese es el resumen que se repite en buena parte de los análisis sobre el futuro de Kiev. La adhesión a la Alianza se descarta porque el proceso se atasca y nadie quiere comprometer tropas. La europea, en cambio, se empuja con prisa, con la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, como principal valedora, sin que el país cumpla los requisitos más elementales y con unas arcas comunitarias sin margen para sostener una economía en ruinas.
La tesis que más se repite es incómoda: a Ucrania se le ha vendido durante dos décadas una promesa que nunca estuvo pensada para cumplirse. El objetivo real habría sido usarla como ariete contra Rusia, y si el ariete se rompía por el camino, entraba dentro de lo previsible.
Quién paga la guerra y quién cobra
Una línea de análisis insiste en que
Estados Unidos ya logró sus objetivos desde el primer día: separar a Rusia de Europa, vender armamento, colocar su gas, atar al continente a su órbita y frenar el comercio en Eurasia. La guerra, en esa lectura, se libra con dinero prestado que Ucrania deberá devolver, de modo que si algún día entra en la Unión Europea, la deuda viaja con ella.
Del lado contrario se responde que la lectura es discutible. Que Europa se ha empobrecido, que el frente sigue sin moverse y que el ejército ruso, lejos del paseo de semanas que se prometió, ha necesitado movilizar a cientos de miles de hombres. La victoria, dicen, es de momento un titular.
Con estos mimbres, el escenario que más se repite es una cesión de todo el territorio al este del Dniéper más Odesa, con Moscú desconfiando de cualquier papel que pueda romperse al día siguiente, como se sostiene que ocurrió con los acuerdos de Minsk. Es una previsión razonable. También lo era, hace tres años, que la guerra durase semanas.