Jiménez Losantos: «no puede entrar uno que no esté vacunado»
Federico Jiménez Losantos ha hecho carrera defendiendo la libertad individual desde el micrófono. En una de sus tertulias, según recogen los mensajes del hilo, la despachó como una cosa propia de la universidad y anunció que en su propia
empresa «no puede entrar uno que no esté vacunado, porque me contagia y me quedo sin redacción». Lo llamativo no es la opinión, sino quién la firma: uno de los locutores que más ha insistido en que el Estado sobra cuando estorba y que, según ese relato, reclama ahora que sea el Estado el que se imponga.
El detonante fue su explicación de la gestión de la pandemia. En la vida cotidiana, vino a decir, «hay que negociar con la realidad», y negociar con la realidad es vacunarse. De ahí saltó a una tesis más gruesa: el liberalismo haría creer que el Estado no hace falta, cuando sin Estado —sostuvo— no hay liberalismo posible, sino «bandas mafiosas». La frase resume el giro:
el mercado cuando conviene, el aparato público cuando protege la redacción.
La libertad, cosa de universidades: qué dijo y por qué incomoda
Para buena parte del público que lo seguía como referencia liberal, la salida de tono no es un detalle menor. Hay quien sostiene que la coherencia exige respetar la decisión individual de vacunarse o no, y que quien pide imponerla cambia de bando sin avisar. En contra pesa el argumento de que también es libertad —la libertad de contratar— decidir con quién se trabaja, aunque el criterio resulte discutible.
El locutor no es el único señalado. En el mismo contexto se recuerda que otros nombres del periodismo económico y liberal han defendido posturas parecidas. La conclusión que se extrae:
la etiqueta aguanta hasta que aparece el miedo, y entonces sale a relucir la verdadera personalidad de cada cual.
¿Puede un empresario exigir la vacunación a sus empleados?
Aquí el asunto se parte en dos. Una corriente defiende que una empresa privada puede contratar a quien quiera por el motivo que sea, incluida la pauta de vacunación, siempre que el Estado no imponga criterios de contratación. Bajo esa lógica, exigir la vacuna como requisito laboral sería una decisión del propietario, tan legítima como cuestionable. La misma vara que sirve para defender la libertad de despido debería servir, sostienen, para no rasgarse las vestiduras cuando el criterio no gusta.
La objeción es doble. Primero, que una cosa es contratar y otra amenazar con despedir a quien ya trabaja, lo que se parece bastante a una coacción. Segundo, que preguntar a los empleados por sus datos médicos entra en terreno regulado: el tratamiento de datos de salud está sujeto a reglas estrictas, y varios mensajes señalan que el propio reconocimiento en directo de esa práctica podría acarrear consecuencias legales. Conviene precisarlo: son análisis, no sentencias, y no consta procedimiento judicial alguno.
VOX y la vacunación obligatoria: de Olona al programa electoral
El asunto también salpica a VOX, que intentaba marcar distancia. Santiago Abascal defendía la libertad de elegir si vacunarse. La dirigente de VOX Macarena Olona había formulado una posición algo más resbaladiza: vacunación voluntaria
«salvo que los técnicos sanitarios recomienden que sea obligatoria». La distancia entre ambas frases es corta, pero a una parte del público le basta para sospechar que el partido se reserva la puerta abierta a la imposición.
A eso se suma otro dato que circula en el mismo contexto: VOX habría presentado en el Congreso una propuesta de ley para obligar a la vacunación infantil, una promesa que figuraría en su programa electoral entonces vigente. El programa, se argumenta, es el contrato que guía una legislatura. La consecuencia que se extrae es incómoda: mientras el partido se presenta como defensor de la libertad de elegir, su contrato electoral contendría un mandato de vacunación obligatoria para los menores.
El contagio entre vacunados y el caso del restaurante de Abruzzo
El argumento central —que los no vacunados contagian a los vacunados— choca con un extremo que se repite en el hilo: quienes cuestionan esa lógica sostienen que los vacunados también se infectan y también transmiten. El episodio más citado es el de un restaurante de Abruzzo, en Italia, donde, según un mensaje del hilo que cita informaciones italianas, 11 de los 12 empleados dieron positivo por Covid el
12 de agosto de 2021, la mayoría con pauta completa y certificado sanitario, mientras el propietario, no vacunado, dio negativo.
Ese caso se usa para cuestionar la lógica de la exclusión laboral: si la pauta no impide el contagio, exigirla como condición para trabajar no protege del modo que se anuncia. Sobre este punto hay que ser tajante:
las afirmaciones que niegan la utilidad de las vacunas o que atribuyen a éstas muertes concretas circulan sin respaldo probado y no deben tomarse por hechos. En el material aparecen también referencias a la inmunidad natural previa en residencias y al porcentaje de plantilla vacunada en empresas corrientes, con cifras imposibles de verificar al margen del propio relato.
El fallecimiento de una periodista de
Libertad Digital se ha mezclado en ese debate con hipótesis sin verificar, algo que exige prudencia y respeto hacia la persona y su entorno. Lo que queda, sin embargo, es una pregunta incómoda para quien lo protagonizó: si la libertad era cosa de la universidad, ¿de qué estaba hecha la marca que lleva años vendiendo?