Madrid: 37 heridos en agosto y la delincuencia un 24,6% arriba
¿Cuántos apuñalamientos y tiroteos aguanta una capital antes de que alguien mueva ficha? Madrid cerró agosto con una cuenta que quita el sueño:
37 heridos del mes en un recuento que fue subiendo por entregas mientras los sucesos se acumulaban. Encima de la mesa, el dato que llevaba meses circulando: la delincuencia en la ciudad
creció un 24,6% en la primera mitad del año, con más homicidios, violaciones, reyertas y hurtos. Los medios han ido publicando lo que ya es un patrón. Algunos, con la puntualidad de quien no quiere protagonismo.
¿Cuántos homicidios hubo en Madrid en 2022?
En el hilo se sostiene que Madrid cerró 2022 con
27 homicidios, frente a los 11 de Barcelona y los 7 de Valencia. Es la comparación que más circula y, según ese mismo cálculo, la que peor se sostiene: Barcelona dobla en población a Valencia y aun así no llega al doble de asesinatos, mientras Madrid dobla en población a Barcelona y supera de largo ese doble. El ejercicio anterior también había dejado, siempre según esa versión, máximos en violaciones, secuestros y asesinatos, tanto en cifras absolutas como relativas.
No es un pico aislado, es una pendiente. Y los datos de la primera mitad de 2023 apuntan en la misma dirección: más hurtos, más reyertas, más violencia en la calle.
¿De quién es la competencia de seguridad en Madrid?
Aquí empieza el lío. La
Comunidad de Madrid no tiene policía autonómica propia —no existe un cuerpo equivalente a los Mossos d'Esquadra—, así que la seguridad ciudadana recae en la Policía Nacional, dependiente del Ministerio del Interior, y en la Policía Municipal del ayuntamiento. El reparto de culpas de cada tertulia tropieza con un problema administrativo elemental: quien gobierna la región no manda sobre los cuerpos que patrullan las calles, y quien los manda no sale en la foto del cartel.
Se sostiene que es la Delegación del Gobierno en Madrid, dependiente del Ejecutivo central, quien decide los medios disponibles. La réplica desde el otro lado es que los datos autonómicos bajan y que el foco está puesto en el municipio equivocado. Ninguno de los dos firma el fallo. Es el único acuerdo real de todo el asunto.
76 policías por 10.000 habitantes frente a 33 en Sevilla
El capítulo de la ratio policial tampoco cierra. Según los datos que se citan en el debate, Madrid dispone de
76 policías por cada 10.000 habitantes, muy por encima de los 33 de la siguiente capital en la lista, Sevilla. La explicación de manual es que la capital concentra ministerios, el Congreso, el Senado, el Tribunal Constitucional, la Fiscalía General y demás sedes del Estado, lo que obliga a destinar efectivos a vigilancia estática y a escoltas. La réplica es igual de simple: con más policías por habitante que cualquier otra capital, el problema no es el número, sino dónde se coloca.
Ese exceso de
43 agentes por cada 10.000 habitantes sobre la media tiene que estar en algún sitio, y no parece estar en la calle.
La factura del verano y el turismo como coartada
El verano ha sido la caja de resonancia. Ataques con machete a plena luz del día, reyertas a palos, tiroteos y el hallazgo de una pareja fallecida con signos de violencia. Varios medios han bautizado el periodo como un
verano negro en la capital y en la región, y en el hilo se citaba un hito del año:
26 apuñalamientos en 13 días.
En paralelo aparece el argumento turístico, siempre resbaladizo. Se calcula que la región recibe unos seis millones de visitantes, la mitad de los que atrae en solitario Barcelona —1,8 millones de habitantes y 12 millones de turistas—, y de ahí se discute si ese flujo debería corregir al alza las ratios de seguridad. También se esgrimen las cuatro provincias catalanas frente a una sola para desactivar la comparación. El detalle incómodo: ninguna de esas correcciones mueve la diferencia de homicidios.
La inmigración, el argumento que lo simplifica todo
Una parte del análisis sitúa el origen del repunte en la inmigración y en el llamado efecto llamada, y defiende, sin aportar datos, que la mezcla de nacionalidades dispara las reyertas y los ataques con arma blanca. La otra responde que asociar criminalidad a nacionalidad no explica nada, que buena parte de los sucesos recogidos no encaja en ese relato y que, cuando el argumento se desmonta con cifras, el foco se mueve otra vez. Es la línea donde la discusión deja de ser útil y se convierte en ruido.
El dato como arma política
La hemeroteca no ayuda. Hace unos años, desde la oposición municipal se criticaba con dureza la gestión de la seguridad de la capital; ahora los reproches viajan en dirección contraria y el balance se lee distinto según quién lo firma. La pelea se libra a golpe de porcentaje: un 24,6% aquí, un descenso autonómico allá, una comparación con Barcelona cada vez que el argumento se agota. Ningún contendiente ha presentado todavía un plan que mueva una sola cifra.
Y aquí está la ironía de fondo: los mismos datos que hace unos años servían para atacar a un gobierno municipal se usan hoy para defenderlo, con los papeles cambiados, la misma desfachatez y cero responsabilidad repartida.