Cuatro meses sin sexo ni cariño: «mi matrimonio se apaga»
Cuatro meses tiene la niña. Y cuatro meses llevan su padre y su madre sin tocarse. «Es muy duro decirlo pero si las cosas no cambian va a acabar siendo así», escribe un padre primerizo que describe cómo la felicidad de la llegada se ha ido convirtiendo en
caras largas, reproches por la crianza y
cero muestras de cariño hacia él. La bebé es «preciosa, pero muy llorona y demandante». La relación, según su relato, se enfría cada día que pasa.
El hombre cuenta que antes tenían una vida sexual activa y satisfactoria para los dos. Hoy lo que ocurre es a petición suya y sin implicación por parte de ella. También se pregunta si lo que ve es depresión posparto. Y ahí empieza el problema: nadie en esa casa tiene un diagnóstico.
¿Es normal que la pareja se enfríe tras el nacimiento de un hijo?
La respuesta que domina es que sí, y que quien no lo ha vivido no lo entiende. Varios relatos apuntan en la misma dirección: la madre se concentra en la criatura y el padre pasa a un
segundo plano. Uno de los casos citados es el de un compañero de trabajo que, siendo de los últimos de su entorno en tener hijos, admitió haber pasado prácticamente
un año sin relaciones con su mujer.
La explicación que se repite no es sentimental, es logística: la falta de sueño. La pregunta que varios lanzan de vuelta al autor es cuántas veces se despierta su mujer por la noche para alimentar, consolar o poner el chupete a la criatura. Si no duerme, dicen, no se puede pedir buen carácter. Hay quien sostiene que el desplazamiento del padre responde a un patrón de dedicación exclusiva a la cría; enfrente, otra parte rechaza esa lectura y lo atribuye, sin más, al agotamiento.
¿Cuánto dura la crisis de pareja tras tener un hijo?
Aquí la conversación se parte. Un bloque sostiene que la situación se normaliza y fija hitos concretos: hacia los
dos años la cosa mejora y el punto de inflexión fuerte llega a los
tres. Otro bloque es menos optimista: la convivencia se recompone, concede, pero la vida sexual anterior no vuelve. «Estará más mimosa contigo, pero aún así dejarás de follar como antes», sentencia un mensaje.
El consejo más repetido entre quienes piden paciencia es no entrar en discusiones de poder, asumir el papel propio en la crianza y no tomar decisiones de calado en pleno tramo de guardias nocturnas. También el descanso: dejar a la niña con los abuelos cuando sea posible, sin abusar, y turnarse. «Muchos conflictos son provocados por la falta de descanso prolongado», apunta otro.
Depresión posparto: sospecha razonable, diagnóstico inexistente
El autor la menciona como hipótesis. La conversación no la confirma ni la descarta, y no puede hacerlo: no hay historia clínica sobre la mesa. Hay quien responde con un
nada de depresión, todo en orden y reduce el asunto a una fase con fecha. Hay quien recuerda que la madre acaba de parir y atraviesa un proceso físico y hormonal del que no se sale en semanas. La única conclusión que se sostiene es la obvia: si el malestar persiste o aparecen señales de alarma, eso lo valora un profesional sanitario, no un mensaje en una pantalla.
Divorcio, abuelos o externalizar: las salidas que circulan
Las propuestas van de un extremo a otro. La más drástica pide abogado y demanda cuanto antes. La intermedia confía en la familia extensa como red de apoyo, con la advertencia de que si los abuelos no arriman el hombro la pareja se come la crianza en solitario. Y una tercera, más cínica, plantea directamente externalizar lo que falta pagando. Sin consenso.
El desgaste económico y personal de la primera infancia nadie lo discute. Tampoco la sensación de haber quedado relegado en casa, que varios describen como un clásico atemporal:
es más viejo que la humedad.
El análisis se atasca justo donde empezó. Nadie sabe si esto es una fase con caducidad o el primer capítulo de una separación, y la conversación acaba derivando hacia la historia medieval y el cine, que nada tienen que ver con la niña. Mientras, el relato original sigue sin respuesta: cuatro meses, cero cariño y una duda que no se resuelve con opiniones.