Ceuta: patrullas vecinales que alientan la violencia
¿Hasta dónde puede llegar el derecho a la defensa vecinal frente a la inmigración irregular? En Ceuta, esa línea ya se ha cruzado: un reportaje de El País destapa que las patrullas vecinales no se limitan a vigilar, sino que incitan a la violencia contra los migrantes.
La denuncia que remueve la ciudad
El reportaje cuenta el caso de Sandra López, secretaria de Política Institucional del PSOE de Ceuta, que se topó con un grupo de migrantes. Uno de ellos, Adil, de 25 años, mostraba heridas en el brazo izquierdo, arañazos y golpes que, dijo, eran resultado de las agresiones de estas patrullas. El joven, según el relato, se negaba a atravesar la zona de Postigo por miedo a un nuevo encuentro con quienes le habían marcado el cuerpo.
La publicación ha reabierto el debate sobre la gestión de la inmigración en una ciudad fronteriza que lleva años bajo presión. Mientras algunos exigen mano dura y acusan al gobierno central de fomentar el llamado “efecto llamada”, otros ven en estas patrullas una escalada de violencia que nadie ha condenado oficialmente. Hay quienes defienden las patrullas como respuesta a la inacción institucional, y quienes las consideran una deriva peligrosa que erosiona el Estado de derecho.
Las cifras que se manejan no ayudan a relativizar: se habla de más de un centenar de muertos en la zona y de miles de intentos fallidos de cruce en alta mar. La inacción institucional, denuncian algunos, deja espacio a que los vecinos tomen la justicia por su mano.
Mientras tanto, las instituciones discuten sobre competencias y los medios multiplican los análisis. Los verdaderos protagonistas, quienes arriesgan la vida por un futuro, siguen poniendo el cuerpo. Y las patrullas, su propia versión de la ley.