El paro sube 19.768 personas en el peor septiembre desde 2019
El mercado laboral español cerró septiembre con
19.768 desempleados más, el peor registro para ese mes desde 2019. La afiliación media se quedó en
20.724.796 cotizantes, tras sumar apenas 18.295 en el noveno mes, y las listas del SEPE registraron
2.722.468 parados. Son los tres datos que fijan el marco de un mes que, según el relato oficial, debía ser de transición y que ha acabado convertido en el enésimo ajuste de cuentas entre el dato y la propaganda.
La reacción no se hizo esperar. Hay quien sostiene que la cifra está
maquillada y que los meses que vienen serán duros. Otros, en cambio, miran el acumulado anual y ven otra película:
220.000 parados menos y 500.000 afiliados más que hace un año. La discusión, como casi siempre, depende de dónde se ponga el foco: en el mes o en el año.
Qué dicen los datos de septiembre y por qué el mes engaña
Septiembre es un mes trampa. Se acaba la temporada de verano, se destruyen contratos vinculados a la hostelería y al turismo, y el sistema suele devolver una cifra fea. Que este año sea la peor desde 2019 no significa automáticamente que la economía se esté cayendo, pero tampoco permite cerrar los ojos. El
18.295 cotizantes ganados en el mes son el menor registro en un septiembre desde hace cinco años, y eso, en un mercado que necesita crear empleo neto para absorber la entrada de población activa, es un aviso.
El matiz importa: la afiliación sigue por encima de los
20,7 millones y el paro registrado se mantiene en
2,72 millones. Son niveles que, vistos en perspectiva, no describen un colapso. Pero el patrón de los últimos meses —crecimiento débil, estacionalidad agresiva, sectores que no tiran— dibuja un escenario de
enfriamiento más que de recuperación.
El relato del acumulado anual frente al dato del mes
El argumento más repetido para rebajar la alarma es el anual:
220.000 parados menos y
500.000 afiliados más que hace un año. Con esos números, un septiembre flojo puede leerse como un bache puntual. Incluso hay quien recuerda que
2018 también fue un mal septiembre y ese año se crearon 550.000 empleos. La comparación no es gratuita: la estacionalidad ha jugado malas pasadas otras veces sin que el ciclo se rompiera.
El problema es que el acumulado anual esconde la calidad del empleo.
500.000 afiliados más no dicen cuántos son fijos discontinuos, cuántos trabajan 60 días al año o cuántos están de baja desangrando a su empresa. La estadística de afiliación mide altas, no horas trabajadas. Y ahí es donde el dato empieza a resquebrajarse.
Fijos discontinuos, bajas y empleo público: la letra pequeña
Una de las críticas más repetidas es que parte de ese medio millón de afiliados nuevos no son empleos plenos. Se apunta a los
fijos discontinuos, que trabajan periodos cortos y engordan la foto de la afiliación sin equivaler a un puesto a tiempo completo. También se señala a las bajas laborales como un factor que infla el número de cotizantes sin que haya actividad real detrás.
A eso se suma el empleo público. Hay quien cifra en
más de 300.000 los puestos añadidos en el sector público durante la última legislatura, un colchón que sostiene la afiliación pero no necesariamente la economía productiva. La pregunta que sobrevuela es cuánto de ese crecimiento es privado y cuánto es administración. Sin ese desglose, el titular de los 500.000 afiliados más se queda cojo.
Los 94.000 millones de Europa y el efecto que nadie mide
Otro de los ejes del debate son los fondos europeos. Se habla de
94.000 millones que llegarán a lo largo de 2024-25 y que, según el relato más optimista, servirán para remontar el empleo. La letra pequeña: son créditos, llegan fraccionados y no hay informes públicos sobre quién los recibe. De ahí a sospechar que no tocan a la economía productiva hay un paso que algunos dan sin pudor.
El vínculo entre fondos y empleo es, por ahora, una promesa. No hay en los datos de septiembre ninguna señal de que ese dinero esté creando puestos netos. Si acaso, el debate se ha desplazado a quién se los queda y con qué criterios se reparten. Es una discusión legítima, pero conviene no confundir el deseo con el hecho.
La saturación del mercado: 37% de población activa buscando trabajo
Uno de los cálculos más llamativos que circulan es que un
37% de la población en edad activa está buscando trabajo, sumando parados y precarios que quieren cambiar. La cifra, si se sostiene, describe un mercado saturado, con demasiada gente compitiendo por los mismos puestos y con una entrada constante de nueva población activa. La conclusión que se extrae es que el problema no es solo cuántos parados hay, sino cuántos aspirantes compiten por cada vacante.
En paralelo, hay quien describe la otra cara: bares que no encuentran camareros, hostelería que paga
1.800 euros con contrato y no cubre la plaza, limpieza a
12 euros la hora que dura lo justo. Dos realidades que conviven sin reconciliarse. La estadística no las separa; el debate, tampoco.
Con estos mimbres, el dato de septiembre no cierra ninguna discusión.
19.768 parados más,
18.295 cotizantes ganados y
2,72 millones de desempleados son la foto fija. Lo que viene después depende de si el acumulado anual aguanta el otoño o si el bache de septiembre era el primer síntoma de algo más largo. ¿Cuántos meses de datos flojos hacen falta para que deje de ser estacionalidad y pase a ser tendencia?