El PP retiene Galicia y hunde al PSOE
La mayoría absoluta. El escrutinio la confirma: el PP se queda con Galicia y el PSOE se va al suelo. La primera lectura del escrutinio, con apenas un
0,68% de los votos contados, ya señalaba hacia ahí, y el resto del recuento no hizo más que confirmarlo. El partido de Feijóo aguanta. Sus rivales, no. Conviene no barrer un matiz incómodo: el PP también pierde, y en los tramos iniciales se le contabilizaban
dos escaños menos. La victoria es suya; el desgaste, también.
Qué dejaron los primeros tramos del escrutinio
El arranque del recuento dejó una escena que pocos esperaban. Vox, actor secundario en Galicia hasta ahora, aparecía
a punto de adelantar al PSOE. No llegó a consumarse en los tramos conocidos, pero la fotografía del momento vale más que cualquier encuesta: el voto útil de la derecha se concentró y el espacio socialista se desangró por dos flancos a la vez.
La reacción no se hizo esperar. «Se hunde el PP dos escaños, 1,77%», resumía alguien con más ganas de seguimiento que de épica. La lectura dominante era otra: mayoría absoluta para el PP y una oposición en una posición difícil de disimular. Nada de sorpassos ni de vuelcos.
Hubo quien advirtió, ya de salida, de un detalle que estos recuentos dejan a la vista cada vez: el resultado del primer tramo se parece demasiado al definitivo. La desconfianza hacia el escrutinio en directo es un clásico de cada noche electoral, y aquí se repitió con puntualidad.
¿Se ha movido el votante de un bloque a otro?
No, según los números que circularon durante el recuento. El bloque de centro y derecha se mantenía en el
50,6% de los votos, mientras el bloque de la izquierda se quedaba en el
48%. Los bloques apenas se tocan: el trasvase, si existe, es interno.
El único movimiento relevante fue dentro de ese perímetro. Votantes que habían respaldado al PSOE y a Podemos habrían optado esta vez por el
BNG, que crecía hasta los
25 escaños y sumaba un diputado más por Lugo. La fuga no fue hacia la derecha, sino hacia una sigla situada a su izquierda.
De ahí el cálculo que corrió por los comentarios: un
28,5% menos en el cómputo socialista respecto a la referencia anterior. Una caída que, en un sistema de bloques tan rígido, se traduce en irrelevancia parlamentaria más rápido de lo que parece.
El BNG crece y el voto gallego se recluye en Galicia
El ascenso nacionalista tiene su propia explicación. «La gente vota por lo que cree que es mejor para Galicia, no para pajas españolas», sostenía un mensaje. El argumento de fondo es que el votante gallego no premia ni castiga en clave estatal, sino autonómica.
Esa tesis tiene su reverso: si el BNG sigue creciendo, la comunidad puede acabar con un gobierno de corte nacionalista, un escenario que en el País Vasco ya se ha visto y que nadie daba por cerrado.
La incertidumbre que nunca llega
Uno de los momentos más comentados de la noche no salió de las urnas, sino de un micrófono. La periodista de la
Cadena SER Àngels Barceló describió el resultado como el más abierto que se recordaba y habló de incertidumbre total. El problema es que las encuestas y los datos disponibles apuntaban a mayoría absoluta del PP desde bastante antes.
La crítica a ese tipo de cobertura no pasó desapercibida: hay medios que ya no informan, comunican el relato que conviene a quien paga. El espectador que traga sin masticar acaba sorprendido por resultados que llevaban semanas escritos.
«El PP y el PSOE son lo mismo»: el voto que no se mueve
La conclusión más repetida en los márgenes del recuento fue que la alternancia no cambia nada. Los hay que sostienen que ambos partidos gestionan el mismo marco, con las mismas leyes y los mismos compromisos, y que votar en blanco es más honesto que elegir entre dos siglas.
Enfrente, el argumento contrario: no es equiparable un partido que gobierna con socios como Bildu, Podemos, Sumar o Puigdemont y otro que no. Y el reproche hacia la derecha no es menor: se le achaca no haber derogado ninguna ley socialista cuando tuvo mayoría, ni haber tocado la ley electoral para corregir el peso de los partidos territoriales.
Lo que ninguna de las dos partes discute es que la agenda de fondo sigue su curso. Galicia ha votado, el mapa se ha movido un poco y las estructuras que condicionan la política económica del país siguen intactas. Con estos números, lo razonable sería esperar un giro profundo en la estrategia del PSOE. Lo razonable rara vez se cumple.