El PP gana en Galicia, el PSOE se hunde y el BNG sube
¿Basta ganar
Galicia para cerrar el debate sobre el liderazgo de Alberto Núñez Feijóo? El PP se llevó las elecciones gallegas de 2024, pero el escrutinio dejó un mapa bastante más incómodo de lo que sugiere el titular: el partido cedió terreno por el flanco nacionalista, el PSOE se despeñó y Sumar y Podemos se quedaron sin nada que rascar. La victoria existe. Lo de arrasar es otra cosa.
El PP gana Galicia, pero Feijóo no blinda su liderazgo
La primera lectura de la noche es la de un PP que suma poder territorial y sale reforzado de cara al ciclo nacional. Contra eso pesa un detalle que se repetía en cada actualización del recuento: el partido habría retrocedido en votos frente al nacionalismo gallego, justo en el territorio donde tiene su principal bastión. Si la suma no alcanzaba mayoría absoluta, la pregunta que sobrevolaba la noche era qué haría el partido con su líder. Nadie la respondió.
Hay quien sostiene que estas elecciones confirman la tendencia que se venía anunciando desde hace meses. Y hay quien responde que un partido que gana y pierde votos a la vez no puede vender la noche como un triunfo sin matices. Las dos cosas caben en el mismo escrutinio, que es exactamente el problema.
El derrumbe del PSOE y la desaparición de Sumar y Podemos
El otro gran titular de la jornada fue el hundimiento socialista. El PSOE encadenaba malos resultados autonómicos por toda España y Galicia añadió una pieza más, con la pérdida de poder territorial como consecuencia directa. La tesis que más se repetía es que el partido ha dejado de ser una estructura para convertirse en un proyecto unipersonal: una máquina al servicio de que su líder siga atornillado a La Moncloa con los socios que hagan falta. Se sostiene, incluso, que ya solo le quedan dos de sus siglas.
El desplome de la izquierda a la izquierda del PSOE fue, si cabe, más ruidoso. Un periodista de referencia en medios progresistas resumió el batacazo de Sumar y Podemos con una frase que se citó hasta la saciedad: «el desastre es de dimensiones que es difícil calificar». Durante el escrutinio llegó a circular la duda de si Podemos había quedado por debajo de Pacma en número de votos. Un partido que hace una década aspiraba a asaltar los cielos cerrando por debajo de una formación animalista es un dato, no una opinión.
El BNG capitaliza el voto de «los de aquí»
El tercer movimiento del tablero es el crecimiento del Bloque Nacionalista Galego, que se anotó un avance notable y se convirtió en el gran beneficiario de la noche. Un cálculo que circuló durante el escrutinio cifraba en unos 200.000 votos el aumento del bloque nacionalista, un trasvase que algunos leyeron directamente como voto a opciones independentistas declaradas.
Ahí se abre la discrepancia de fondo. Frente a esa lectura, otra corriente defiende que el votante del BNG en Galicia no es independentista: vota «por defender lo de aquí», en palabras de una persona con familiares que lo hacen, y responde a un sustrato cultural e histórico —la reivindicación del antiguo reino de Galicia— sin el componente que se atribuye a otras formaciones nacionalistas. La contrarréplica llega rápido: su programa incluye un referéndum de autodeterminación y un sistema judicial propio, y quien ignore eso se está autoengañando. La conclusión más repetida es que, si algún día se pone la independencia encima de la mesa en serio, el partido volvería a sus nueve escaños.
75 procuradores, 4 provincias: la ley electoral que decide antes de votar
Con el recuento cerrado, el debate derivó hacia el sistema. Galicia elige 75 diputados repartidos entre cuatro provincias; Castilla y León elige 81 con nueve provincias, y Extremadura 65, con poblaciones comparables en algunos tramos. De ahí salen las preguntas incómodas sobre representación del rural y coste en votos de cada escaño.
La propuesta que más se repite es la circunscripción única, que según sus defensores refleja mejor el porcentaje real de voto. Con ese sistema, el reparto proyectado que circuló daría 37 escaños al PP, uno a Sumar, uno a Vox y ninguno a la formación ourensana. Otros responden que la circunscripción única fragmenta el voto y complica las mayorías, que es precisamente lo que se busca en un sistema pensado para que gobernar no sea misión imposible. Y en medio, un caso llamativo: la formación que lidera el alcalde de Ourense obtendría representación con muchos menos votos que Vox, una distorsión que en la noche electoral se atribuyó al diseño de las circunscripciones.
El alcalde de Ourense que vigila el reloj de sus empleados
La anécdota de la jornada la firmó Gonzalo Pérez Jácome, alcalde de Ourense. Su gobierno municipal anunció que él y miembros de su equipo vigilarán en persona si los empleados del Ayuntamiento cumplen con su horario de trabajo, con expedientes para los incumplidores y también para sus jefes de servicio. Un control horario a ojo, sin fichaje, que en plena resaca electoral recordó que la política municipal gallega tiene sus propios códigos.
Con estos mimbres, el resumen de la noche es que gana quien más se parece a lo de siempre mientras el suelo se mueve bajo los demás. El PP celebró resultados, el PSOE buscó explicaciones, Sumar y Podemos buscaron trabajo, y el BNG se fue a casa con más votos y la misma pregunta de siempre en la cabeza: qué hacer con ellos.