El PSOE presiona a sus cargos con WhatsApp y expedientes por criticar la gestión en Ceuta
¿Cuánto vale la libertad de expresión dentro de un partido si tus paguitas dependen de él? La pregunta reaparece con fuerza tras la información publicada por OKDIARIO: según el diario, el PSOE de Pedro Sánchez ha lanzado a dirigentes autonómicos y provinciales contra los militantes que denuncian la «vergüenza» de lo ocurrido en Ceuta. Los mensajes de WhatsApp son explícitos: «Borra ese comentario». Quien no obedece, presuntamente, se arriesga a un expediente o a una expulsión.
La noticia dibuja un partido que no tolera críticas internas – ni siquiera las que llegan desde sus propias filas. Varios militantes hablan de «caza de brujas» y apuntan al propio Sánchez como origen de la disciplina. Algunos análisis lo llevan más lejos: comparan el método con el de una organización que ofrece protección, pero desde fuera del Código Penal. Porque, efectivamente, no es un delito: amenazar con que «tu paguita está en peligro» sigue siendo una táctica jurídicamente impecable.
El debate de fondo no es tanto el mensaje de WhatsApp como el modelo de partido: ¿quiénes se atreven a criticar cuando sus ingresos dependen de la estructura? La campaña contra los disidentes internos no es nueva, pero adquiere un matiz particular cuando se produce, como señala algún observador, en un momento en que las encuestas apuntan en una dirección concreta. Curiosamente, el control interno se endurece siempre en el peor momento posible.
Al final, la orden de «borrar ese comentario» quizá no necesite expediente alguno: basta con que cada uno calcule su propia pensión. La disciplina no se impone, se presupone.