Reservistas frente a Ceuta: ¿a servir o a hacer bulto?
La pregunta ha circulado estos días en círculos militares y civiles: si la tensión en la frontera de Ceuta requiere refuerzos, ¿por qué no acuden los militares en la reserva? No hay una norma que lo impida, pero la polémica se enreda en otra cosa: qué diablos harían allí.
Hay quien sostiene que es su deber, que la defensa de España no entiende de situaciones administrativas. La respuesta se vuelve contra ese argumento: si es deber de todos, que empiece la movilización general. Una corriente más ácida los ve como prejubilados de oro, coroneles de cafetería incapaces de algo más que dar lecciones.
¿A qué irían?
La pregunta práctica los desarma: ¿qué pueden hacer unos reservistas que no hagan ya la policía y los militares en activo? ¿Ir a mirar y gritar fuerte? ¿Recuperar un arma, cuando no está claro que conserven derecho a tenerla? En la frontera de Israel, se dice, los habrían recibido a tiros. Aquí, el cometido real sería otro: mandar señales al gobierno y dar apoyo moral a compañeros y a los locales. Que, traducido al lenguaje de a pie, significa poca cosa.
Los reservistas, mientras tanto, siguen en la cafetería. A Ceuta, ni de vacaciones. Con semejante nivel de compromiso, la polémica se responde sola.