El DNI digital se cuela en el voto por correo sin verificación física
¿Se puede votar enseñando una imagen del DNI en el móvil, sin que nadie compruebe que el documento es auténtico? La Junta Electoral Central ha avalado que la acreditación de identidad en la entrega del sobre del voto por correo se haga con la aplicación «MiDNI», la versión digital del Documento Nacional de Identidad. El texto de la JEC recogido en el material de referencia admite «la utilización de la aplicación MiDNI» y añade que basta «emplear la versión simple de la aplicación». Sin lectura del código QR y sin cotejo del documento físico, el control de identidad queda reducido a lo que muestre una pantalla.
La decisión ha reabierto el debate sobre la seguridad del sistema electoral justo cuando el voto digital y el voto por correo acumulan meses de sospechas cruzadas. Para unos, es una modernización inevitable. Para otros, es la puerta abierta a que un mismo votante deposite varias papeletas en mesas distintas haciéndose pasar por personas diferentes.
Qué dice exactamente la Junta Electoral sobre MiDNI
El documento de la Junta Electoral Central distingue dos momentos. En la acreditación presencial ante la mesa, el DNI físico sigue siendo la referencia. En la entrega del sobre con el voto por correo dirigido a la mesa electoral, la JEC considera «asimismo válida» la aplicación MiDNI, incluso en su versión simple. Es decir, sin necesidad de activar los certificados cualificados que el DNI electrónico incorpora desde hace años.
Ahí está el nudo del asunto. El DNIe 4.0 se diseñó con chorrocientos certificados y con la posibilidad de llevar el documento en el móvil con la misma validez que el físico. Si ahora se acepta la versión ligera, la pregunta es qué se comprueba realmente: que la app es la oficial, que la imagen no sale de la galería de fotos y poco más. La verificación de que el documento pertenece a quien lo presenta se diluye.
Hay quien sostiene que una app falsa sería más difícil de fabricar que un DNI de toda la vida. En contra pesa el argumento contrario: las brechas de seguridad en bases de datos públicas y privadas han dejado nombres y números de documento circulando por ahí, y con esos mimbres una imagen plausible no parece un obstáculo insalvable.
El pucherazo como marco mental de la discusión
La conversación no ha tardado en derivar hacia el fantasma que sobrevuela cada convocatoria electoral: el pucherazo. Una parte de los intervinientes da por hecho que la medida busca llenar las urnas de votos que no existen, con el argumento de que al Ejecutivo se le escapa el poder y necesita reventar el tablero. Otros recuerdan que el sistema ya se aplicó en comicios anteriores, ganados por la oposición, y que nadie impugnó los resultados.
El escepticismo no es nuevo. El voto por correo arrastra sospechas desde hace años, y el CIS y los votos delegados se han convertido en objeto de desconfianza recurrente. La novedad es que ahora el foco se pone en el voto por correo, el último reducto que parecía blindado.
La oposición, mientras tanto, guarda silencio. Ese silencio es, para muchos, la prueba de que el pescado está vendido: si ningún partido se queja, se argumenta, es que todos aceptan el nuevo marco. La abstención como respuesta aparece en varias intervenciones, con el aviso de que quien no vote está regalando el terreno.
Voto digital, control digital: el patrón que se repite
El DNI en el móvil no es un caso aislado. Es la pieza que faltaba en una secuencia que empezó con el voto por correo, siguió con el voto delegado y ahora alcanza la identificación del votante. La infraestructura digital avanza más rápido que los mecanismos de control, y cada paso genera un nuevo frente de desconfianza.
El paralelismo con la pandemia aparece en varias intervenciones: la misma tecnología que sirvió para certificar vacunaciones se usó también para falsificar pantallas de aplicaciones. Si aquello fue posible, se argumenta, esto también lo será. La comparación con lo ocurrido en Rumanía, donde la Unión Europea anuló unas elecciones por unos vídeos en redes sociales, cierra el círculo: se anulan comicios por propaganda y se digitalizan controles sin verificación física.
Qué pasa si nadie impugna
El escenario que se dibuja es incómodo. Si la medida sigue adelante sin contestación política ni judicial, la confianza en la limpieza del proceso queda en manos de la propia Administración que la impulsa. Y eso, para un sector del electorado, es exactamente lo contrario de lo que exige un sistema democrático.
La ironía final es que el DNI electrónico, presentado durante años como el gran avance de la administración digital española, acaba convertido en el eslabón más débil de la cadena. Toda la infraestructura de certificados cualificados, toda la parafernalia técnica, para que al final baste con enseñar una imagen en una pantalla.