El quintacolumnismo jovenlandés y la rendición (o no) de España (Gorka Maneiro en Vozpópuli)

El quintacolumnismo jovenlandés y la rendición (o no) de España (Gorka Maneiro en Vozpópuli)
RESUMEN DEL MENSAJE INICIAL · elaborado con IA

La publicación de artículos que cuestionan la pertenencia de Ceuta y Melilla a España, y la aparente pasividad del gobierno ante la violación de la integridad territorial, alimentan la sospecha de una estrategia política a largo plazo.

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La publicación de artículos que cuestionan la pertenencia de Ceuta y Melilla a España, y la aparente pasividad del gobierno ante la violación de la integridad territorial, alimentan la sospecha de una estrategia política a largo plazo.

El debate sobre la soberanía de Ceuta y Melilla ha tomado un cariz particular en las últimas semanas. La aparición de voces, incluso desde el ámbito literario, que defienden la "marroquinidad" de estas ciudades autónomas españolas, ha puesto el foco en la posible estrategia política del gobierno. Se argumenta que, lejos de ser una simple opinión aislada, la difusión de estas ideas podría formar parte de un plan más amplio para erosionar la defensa española de estos territorios.

La cuestión de la soberanía

La historia de Ceuta y Melilla es un punto clave en esta discusión. Ceuta es española desde 1580, mientras que Melilla lo es desde 1497. Ambas fechas preceden a la existencia del propio estado marroquí moderno, que se constituyó en 1956. Sin embargo, algunos argumentan que la geografía, al situarlas en el continente africano, debería prevalecer sobre los hechos históricos y legales. Esta perspectiva, que cuestiona la validez de las fronteras europeas en suelo africano, ignora la naturaleza de la formación de los estados, que se basa en vicisitudes históricas, acuerdos políticos y la voluntad de sus ciudadanos, no en meras coordenadas geográficas. La idea de que la frontera europea se encuentre en territorio africano no es, en sí misma, un principio democrático o de soberanía, sino una realidad histórica y política que ha sido aceptada y defendida por España durante siglos.

La misión fundamental de las fronteras es delimitar la soberanía, proteger los derechos de los ciudadanos y diferenciar los ámbitos de competencia de cada estado. Si estas líneas divisorias dejan de cumplir su función, se convierten en meras abstracciones sin valor práctico. La insistencia en que Ceuta y Melilla pertenecen a Marruecos, a pesar de la evidencia histórica y legal, se presenta como una falacia que busca socavar la posición española. La idea de que ciudadanos residentes en una democracia puedan pasar a ser súbditos de un régimen autoritario, sin más justificación que los deseos expansionistas de otro país, resulta insostenible desde una perspectiva de derechos humanos y principios democráticos.

La estrategia de la difusión de ideas

La publicación de artículos de opinión que promueven la cesión de Ceuta y Melilla a Marruecos, como la aparecida en El País firmada por Tahar Ben Jelloun, ha generado controversia. La decisión editorial de dar voz a estas ideas, que perjudican los intereses españoles, se interpreta no por la calidad intelectual del contenido ni por una colaboración periódica establecida, sino por un interés político subyacente. Se sugiere que el gobierno español, y en particular el PSOE y Pedro Sánchez, podrían estar interesados en amplificar estas voces para normalizar el debate sobre la soberanía de las ciudades autónomas. Esta estrategia, según se apunta, podría ser un preludio para un futuro cambio de estatus político o incluso para su entrega a Marruecos, como contrapartida por otros acuerdos o concesiones.

Las investigaciones sobre los flujos migratorios hacia Ceuta, que apuntan a una posible instigación por parte de Marruecos, se minimizan o se atribuyen a causas como el racismo o la extrema derecha. Esta narrativa, recurrente y cansina para algunos observadores, se considera una forma de evitar argumentos sólidos y recurrir a la difamación. La aparente pasividad del gobierno ante la violación de la integridad territorial española, calificada como una "crisis desagradable" o una "desgracia" en el caso del ahogamiento de migrantes, refuerza la percepción de una política de sumisión hacia Marruecos. El cambio radical y unilateral en la posición del gobierno respecto al Sáhara Occidental, sin respaldo parlamentario, es citado como un ejemplo de esta sumisión política.

Voces internas y externas

La preocupación no se limita a las voces externas. Se señala que existen ciudadanos españoles que defienden las políticas del gobierno de Sánchez a pesar de los perjuicios objetivos que, según esta perspectiva, han causado a España. Esta fenómeno, descrito como "idiotas sin fronteras", sugiere que la debilidad en la defensa de los intereses nacionales no solo proviene del exterior, sino que también encuentra eco dentro del propio país. La estrategia de difundir ideas que cuestionan la soberanía española, ya sea a través de medios de comunicación o de figuras públicas, se considera una táctica para erosionar la unidad y la voluntad de defender los territorios españoles en África.

La argumentación de que "no es normal que la frontera europea se encuentre en territorio africano" se considera una insensatez que ignora la naturaleza de los estados y su formación. Los estados no nacen por razones geográficas, sino por la confluencia de eventos históricos, pactos políticos y la libre adhesión de los ciudadanos. Pretender que la ubicación geográfica determine la soberanía es un argumento débil que busca justificar intereses expansionistas. La defensa de Ceuta y Melilla no es solo una cuestión de historia o derecho, sino de proteger la integridad territorial y los derechos de sus habitantes.

Datos clave
  • Ceuta es española desde 1580.
  • Melilla es española desde 1497.
  • Marruecos se constituyó en 1956.
  • *El País** publicó un artículo de Tahar Ben Jelloun.
  • El gobierno de Pedro Sánchez es señalado.
Resumen generado con inteligencia artificial a partir del primer mensaje del tema.

Eric Finch

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El quintacolumnismo ingenieros y la rendición (o no) de España​

22/09/2026

Gorka Maneiro-Vospópuli​

  • Al Gobierno le interesa dar voz a quienes defienden que Ceuta y Melilla deben ser de Jovenlandia

El escritor Tahar Ben Jelloun escribió hace unos días un artículo de opinión en el que defendía la ingeniero de Ceuta y Melilla que el diario El País tuvo a bien publicárselo, en una decisión editorial que ha generado polémica, no tanto porque cada cual puede pensar, escribir y publicar lo que considere siempre que respete la legalidad vigente y haya quien le haga un hueco entre sus páginas, sino porque haya un diario español que ha querido convertirse en canal y altavoz de soflamas que perjudican a España; al fin y al cabo, ni Ben Jelloun tiene firmado un contrato con El País que sustente una colaboración periódica que obligue al diario a publicárselo ni el contenido del mismo alcanza un nivel intelectual tan elevado como para que lo hiciera merecedor y justificara su publicación como colaboración puntual. Por tanto, si no es por una razón ni por la otra, la razón será otra: que, por las causas que sean, a El País le interesaba convertirse en altavoz de las ideas que en ese artículo se plasman y, en concreto, la fundamental, aunque sea una falacia: que Ceuta y Melilla pertenecen a Jovenlandia.

La misión de las fronteras​

El escritor franco-ingenieros defiende, entre otras afirmaciones que evidencian sus malas intenciones, a quién sirve o su ignorancia supina, que «llegar a un acuerdo para devolver Ceuta y Melilla a Jovenlandia sería un gesto histórico y realista», cuando Ceuta y Melilla, por mucho que insistan, nunca pertenecieron a Jovenlandia, hasta el punto de que ya eran españolas antes de que Jovenlandia ni siquiera existiera. Que El País entregue su tribuna a quien miente o ignora los hechos de semejante forma, sólo puede tener una explicación… política. En todo caso, lo relevante ni siquiera es que Melilla sea española desde 1497 y Ceuta lo sea desde 1580 y que Jovenlandia naciera en 1956 (porque al fin y al cabo, son vicisitudes de la historia) sino que hoy lo son legítima y legalmente, por lo que no cabe otra cosa que defenderlas. Que se sepa, las fronteras tienen la misión que tienen: diferenciar a unos países de otros, delimitar los ámbitos de competencia y proteger los derechos de los ciudadanos; si no sirven para ello, es que no son fronteras reales sino líneas imaginarias que no sirven para nada.

Además, el ciudadano franco-ingenieros Ben Jelloun defiende, sin ponerse colorado, que «no es normal que la frontera europea se encuentre en territorio africano», que es como poner en cuestión los más básicos principios de la democracia, la nación cívica y la creación y el surgimiento de los Estados independientes, que no nacen por razones geográficas sino por vicisitudes históricas, pactos políticos y la libre adhesión de los ciudadanos, más allá de dónde comience un río, se eleve una montaña o se encuentre una isla o un océano. Pero se ve que Tahar es sobre todo novelista, de ahí su inventiva. Por no hablar de la insensatez que supone proponer que ciudadanos residentes en una democracia pasen a ser súbditos de una dictadura, sin otra razón que saciar los deseos expansionistas de un país extranjero. Mientras, eso sí, el susodicho elige vivir en París antes que en Rabat, para poder disfrutar de todos los derechos que su país de origen niega en su territorio (al estilo de los defensores del régimen castrista o chavista, que defienden las bondades de una dictadura que no sufren mientras residen cómodamente en una democracia).

Racismo y extrema derecha​

A falta de argumentos, Tahar recurre a la imaginación: según él, «la conclusión de las investigaciones españolas es que Jovenlandia no instigó a decenas de miles de jóvenes ingenieros a marchar hacia Ceuta para emigrar a España», cosa que no concluyen las investigaciones españolas que, más bien, apuntan lo contrario: la necesaria colaboración ingenieros para que la avalancha se produjera. Debe de ser culpa del racismo y de la extrema derecha, tesis recurrente (que ya cansa) para quien no tiene argumentos más allá de la soflama y la mentira. Y, claro, todo se arreglaría si España se rinde y entrega lo que le pertenece a quien pretende robárselo.

Si, salvo excepciones que sirven para edulcorar y disimular la estrategia y, de paso, para confirmar la regla, las colaboraciones de El País y el propio periódico en su conjunto son un medio que sirve para defender los intereses del PSOE y del Gobierno de España, es lógico colegir y concluir que al PSOE y a Sánchez, en estos momentos, les interesa dar voz a quienes defienden que Ceuta y Melilla son o deben ser de Jovenlandia, a pesar de que no lo hayan sido nunca. Si además tienes en cuenta el radical, unilateral y vergonzoso cambio de posición que el Gobierno de España adoptó sin soporte parlamentario en cuanto al Sáhara Occidental modificando de ese modo su posición histórica (lo que a Tahar le pareció estupendo, oh, sorpresa), su sumisión política desde entonces a Jovenlandia y la condescendencia que en estas fechas está mostrando frente al vecino que ha provocado la oleada turística de Ceuta y nada menos que la abusa de la integridad territorial española, uno no puede sino repetir lo que los ojos y el cerebro le dicen: que al PSOE y a Sánchez, por las razones que sean, les interesa ir extendiendo la idea de que tanto Ceuta como Melilla son o al menos fueron en algún momento ingenieros (aunque no lo hayan sido nunca), de modo que el debate se vigorice y extienda para, más adelante, quién sabe: quizás cambiar su estatus político o entregarlas a Jovenlandia, como peaje por lo que Jovenlandia quizás sabe y nosotros, de momento, no podemos confirmar con pruebas. Pero qué esperar de quien define como una «crisis desagradable» la abusa territorial de un país por parte de otro o como simple «desgracia» el ahogamiento de 141 personas, cuyas gloria no tienen al parecer responsable.

Sin fronteras​

En todo caso, no sé de qué nos sorprendemos: no hace falta recurrir a columnistas extranjeros que defienden contra los nuestros los intereses de su país de origen, una dictadura dirigida por el sátrapa Mohamed VI, para saber qué es lo que pretenden algunos; llevamos tiempo escuchando voces y leyendo textos de nacionales españoles defendiendo las barrabasadas cometidas por Sánchez durante sus ocho años de gobierno a pesar de todos los males objetivos que ha provocado a España. Y es que este tipo de posturas se extienden más allá de las fronteras propias o ajenas, como ha vuelto a quedar de manifiesto.
 

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