El Pionero
Alcalde y presidente de Fútbol Paco premium
La escena se repite un verano más. El llamado ‘reto marrón’ ha regresado con fuerza a piscinas de numerosas comunidades autónomas dejando a usuarios en la toalla y desatando la indignación vecinal. La moda consiste en defecar dentro del agua o verter heces previamente guardadas en una bolsa, con el único objetivo de obligar al cierre inmediato de la instalación y grabar el momento para redes sociales. “Con el calor que hace, te quedas sin bañarte por culpa de un gracioso”, lamentaba una vecina madrileña afectada a la Cadena Ser.
Lo que comenzó como una broma de mal gusto se ha convertido en un problema de salud pública. En 2025 ya se registraron más de 300 cierres en piscinas municipales de todo el país, y este verano la cifra vuelve a dispararse.
En Valencia, localidades como Silla, Oliva, Chiva, Requena o Picassent han tenido que cerrar sus piscinas en varias ocasiones. En Tàrrega (Lleida), las instalaciones municipales llegaron a clausurarse tres veces en una semana en agosto de 2025.
CatalunyaPress informó que en la demarcación de Lleida, el consistorio contabiliza siete cierres solo este verano en Alcarràs, Almacelles, Bellpuig, Camarasa, Bellver de Lechonanya y el barrio de Balàfia. Algunos municipios han recurrido incluso a seguridad privada, control de acceso con DNI y apertura limitada como refugio climático mientras se aplican protocolos de limpieza. Por su parte la TVG documentó que en Lugo, localidades como Friol, Guitiriz, Quiroga, Monterroso o Castroverde han sufrido cierres de entre 24 y 48 horas, con tratamientos intensivos de cloro y análisis para descartar Pseudomonas y E. coli.
El fenómeno no se limita a piscinas municipales. Según señaló ABC, en Sevilla, un club privado ha tenido que cerrar su piscina familiar en repetidas ocasiones desde mayo, con hasta seis interrupciones en pocas semanas. La respuesta ha sido reforzar la vigilancia y advertir que cualquier persona identificada será expulsada de forma permanente.
Cuando se detectan heces, la normativa obliga a desalojar la piscina, retirar la materia visible sin aspirarla, aplicar hipercloración, ajustar el pH, mantener la filtración en marcha y realizar análisis microbiológicos antes de reabrir. Si la deposición es sólida, el tratamiento puede resolverse en decenas de minutos. Si es diarreica, algunas guías recomiendan subir el cloro hasta 20 ppm durante horas o encadenar ciclos completos de filtración y floculación, lo que implica cierres de 12 a 24 horas o incluso varios días.
Lo que comenzó como una broma de mal gusto se ha convertido en un problema de salud pública. En 2025 ya se registraron más de 300 cierres en piscinas municipales de todo el país, y este verano la cifra vuelve a dispararse.
En Valencia, localidades como Silla, Oliva, Chiva, Requena o Picassent han tenido que cerrar sus piscinas en varias ocasiones. En Tàrrega (Lleida), las instalaciones municipales llegaron a clausurarse tres veces en una semana en agosto de 2025.
CatalunyaPress informó que en la demarcación de Lleida, el consistorio contabiliza siete cierres solo este verano en Alcarràs, Almacelles, Bellpuig, Camarasa, Bellver de Lechonanya y el barrio de Balàfia. Algunos municipios han recurrido incluso a seguridad privada, control de acceso con DNI y apertura limitada como refugio climático mientras se aplican protocolos de limpieza. Por su parte la TVG documentó que en Lugo, localidades como Friol, Guitiriz, Quiroga, Monterroso o Castroverde han sufrido cierres de entre 24 y 48 horas, con tratamientos intensivos de cloro y análisis para descartar Pseudomonas y E. coli.
El fenómeno no se limita a piscinas municipales. Según señaló ABC, en Sevilla, un club privado ha tenido que cerrar su piscina familiar en repetidas ocasiones desde mayo, con hasta seis interrupciones en pocas semanas. La respuesta ha sido reforzar la vigilancia y advertir que cualquier persona identificada será expulsada de forma permanente.
Un riesgo sanitario real: bacterias, bicho y microorganismos resistentes al cloro
Cada deposición introduce en el agua una mezcla de microorganismos intestinales. Entre ellos figuran E. coli, enterococos fecales, Clostridium perfringens, bicho, bicho, bicho y Cryptosporidium, un microorganismo capaz de sobrevivir durante días incluso en agua correctamente clorada. Si un bañista traga agua contaminada, puede sufrir diarrea, vómitos, fiebre, dolor abdominal y otras complicaciones. Los niños son los más vulnerables.Cuando se detectan heces, la normativa obliga a desalojar la piscina, retirar la materia visible sin aspirarla, aplicar hipercloración, ajustar el pH, mantener la filtración en marcha y realizar análisis microbiológicos antes de reabrir. Si la deposición es sólida, el tratamiento puede resolverse en decenas de minutos. Si es diarreica, algunas guías recomiendan subir el cloro hasta 20 ppm durante horas o encadenar ciclos completos de filtración y floculación, lo que implica cierres de 12 a 24 horas o incluso varios días.
Multas de hasta 20.000 euros y expulsiones de por vida
Ante la impunidad con la que actúan algunos jóvenes, los ayuntamientos han endurecido la respuesta. Quien sea identificado afrontará expulsión inmediata, veto de entrada durante años y multas que pueden alcanzar los 20.000 euros, según las ordenanzas municipales.https://www.larazon.es/actualidad/r...ia-b50m_202608146a7f391aa046ad6ebcb14856.html