Un mensaje atribuye a las renovables pagar menos luz que Alemania
La factura eléctrica española se ha convertido en el argumento estrella de quienes defienden el despliegue renovable. Un mensaje difundido en redes asegura que España paga casi tres veces menos que
Alemania o Italia por la luz, incluso con la subida provocada por la guerra en Irán, y lo presenta como el salvavidas del sistema. La cifra ha reavivado una discusión que lleva años enquistada: si el mix renovable abarata de verdad el recibo o si el mérito corresponde a otra cosa. En el contexto de una crisis energética europea marcada por el cierre del Estrecho de Ormuz, el dato sirve tanto para defender el modelo como para ponerlo en cuestión.
Qué dice el dato y qué esconde
El mensaje de partida es claro: con las renovables, España aguanta mejor el golpe que sus vecinos. Hay quien lo atribuye a la potencia hidráulica, no a la solar ni a la eólica. Un análisis recurrente señala que el año ha sido especialmente lluvioso y los embalses están llenos, lo que habría tirado del precio mayorista. La trampa, sostiene esta lectura, es meter en el mismo saco tecnologías muy distintas y presentar el resultado como mérito del conjunto.
Frente a eso, la respuesta oficialista insiste en que el despliegue renovable es el que marca la diferencia y que el gas para generar electricidad va a desaparecer. La planificación apunta a un 80% de renovables en 2030 con almacenamiento masivo en baterías. Es una promesa con fecha, y las promesas con fecha son las que luego se cobran.
La estafa del modelo, no de la tecnología
El argumento más incisivo no ataca a los paneles, sino al chiringuito montado alrededor. Se instalaron con primas y subvenciones pagadas con la factura de todos, generando el famoso déficit de tarifa. Se les dio prioridad de despacho absoluta, entran en la red sí o sí, aunque haya que parar ciclos combinados que ya estaban pagados. Eso distorsiona el mercado mayorista y lo encarece en determinadas horas.
La defensa del modelo responde que el coste de la solar recién instalada en grandes plantas ronda los 30-35 €/MWh, con margen para no aprovechar algunas horas. El problema no es el precio de generar, es quién paga la infraestructura y cómo se reparte.
El invierno sigue siendo del gas
Aquí el análisis se atasca. Las baterías actuales, con una media de 3,3 horas de respaldo, cubren verano y parte de primavera y otoño. En invierno no. La hidroeléctrica ya está con lo que puede y la eólica depende del viento. Quien sigue los datos de diciembre lo tiene claro: más gas. La pregunta es cuánto y a qué precio.
Nuclear contra placas: el choque de ocupación del suelo
El otro frente es el territorial. Los paneles ocupan el 0,2% del territorio, según una de las partes, y las plantas fotovoltaicas son puntos en el mapa. La otra parte habla de 47.000 hectáreas de zona agrícola y 15.000 de bosques deforestados o incendiados para molinos, frente a 1.200 hectáreas que bastarían con nuclear para producir el doble de energía de forma estable. El cálculo completo, desglosado por tecnología y superficie, da una diferencia que sorprende.
La comparación internacional también aparece: hay países europeos planteando o construyendo nuclear, incluso Dinamarca estudiando quitar la prohibición. Y el caso alemán se usa como advertencia: cerró nucleares y térmicas, lo fiaron todo al gas ruso y cuando ese gas desapareció se quedaron vendidos.
Lo que aún no cuadra
Con estos diferenciales, la migración industrial debería ser masiva hacia España. Sigue siendo marginal. Nadie termina de explicar por qué el recibo baja y las empresas no llegan en la misma proporción.