Kramatorsk: 30 muertos en la estación y dos versiones del mismo misil
En Kramatorsk murieron al menos
30 personas y nadie ha demostrado todavía quién lanzó el misil que las mató. El ataque contra la estación de ferrocarril de esta localidad de la región de Donetsk dejó también un centenar de heridos, según la compañía ferroviaria estatal ucraniana, que atribuyó el impacto a dos misiles rusos. El Ministerio de Defensa ruso sostiene que el proyectil utilizado corresponde a un modelo que solo emplean las tropas ucranias. Ninguna de las dos versiones cuenta con verificación independiente sobre el terreno.
Qué pasó en la estación de Kramatorsk
La estación se utilizaba para evacuar a civiles de las zonas bombardeadas de Donetsk, donde
desde 2014 hay combates entre fuerzas prorrusas apoyadas por Moscú y fuerzas ucranias. La compañía ferroviaria describió un punto de salida para quienes huían de los bombardeos. El gobernador de Donetsk, Pavlo Kyrylenko, habló de «decenas de muertos y heridos» tras consultar con la policía y los servicios de rescate.
Tres trenes con refugiados habían quedado bloqueados en la misma región días antes, tras un ataque aéreo contra la línea ferroviaria, según el director de la compañía de trenes. Kramatorsk es una de las localidades clave de la ofensiva para controlar todo el Donbás, donde están las autoproclamadas repúblicas separatistas de Donetsk y Lugansk, reconocidas por Moscú
desde febrero. Ante una ofensiva que también anticipaban la inteligencia ucrania y la de países como el Reino Unido o Estados Unidos, las autoridades locales instaron a los civiles a marcharse mientras fuera posible y seguro, para no quedar atrapados en ciudades bombardeadas como ocurrió en Mariupol.
¿Por qué se discute el origen del misil Tochka-U?
El portavoz de las milicias de la autoproclamada república popular de Donetsk, Eduard Basurin, calificó el bombardeo de «provocación», según la agencia TASS. El Ministerio de Defensa ruso fue más lejos: el misil usado correspondía a un modelo que solo emplean las tropas ucranias, recogió RIA. Sobre esa tesis se ha construido el argumento más repetido: el Tochka-U es un sistema soviético anticuado que Rusia habría retirado del servicio, mientras Ucrania conservaría unidades operativas.
El razonamiento técnico va más allá del inventario. Un misil no es un objeto eterno: caduca, ocupa espacio en los polvorines y exige un vehículo lanzador dedicado, construido a medida, del que no se puede prescindir porque el bastidor que eleva y apunta el proyectil no se improvisa. Su precisión ronda el
centenar de metros de radio, de modo que resulta útil para saturar un área con bombas de racimo, no para batir un objetivo puntual con garantías.
Los números de serie y las versiones cruzadas
Aquí el asunto se vuelve forense. Una línea de análisis sostiene que el número de serie del propulsor hallado en el lugar —la parte que se desprende de la ojiva justo antes del impacto— corresponde a misiles Tochka empleados por el ejército ucraniano, y que estaría a
menos de veinte unidades de producción de varios proyectiles lanzados contra Donbás y Lugansk desde 2014. Esa numeración permanece visible precisamente porque viaja en el contenedor del propulsor.
La otra línea recuerda que Rusia también disponía de ese modelo y que, en plena ofensiva sobre el este, tenía motivos militares para golpear una infraestructura usada en la evacuación. Sobre la mesa circulan dos hipótesis más, ninguna con prueba publicada: un error de cálculo con un misil poco preciso y un lanzamiento deliberado para atribuir la matanza al adversario. El detalle de cómo se leen esos números de serie, y su encaje con los lanzamientos registrados en la región durante años, es donde el relato se rompe en dos.
Las objeciones sobre el lugar del impacto
Hay quien sostiene que las imágenes no cuadran. Se señala que no aparecen trenes reventados ni infraestructura dañada, que las maletas estaban de pie formando un círculo, que la sangre parecía reciente y que el recorrido de un misil de este tipo debería dejar metralla repartida. Son objeciones que no han sido verificadas por ninguna fuente independiente y que conviven con la evidencia de las víctimas, que nadie discute.
En el otro extremo están las comparaciones. El ataque se pone junto al atentado de Atocha de
2004, con 194 muertos y un cambio de gobierno inesperado, y junto a los bombardeos previos de la región, algunos con misiles Tochka y bombas de racimo contra núcleos urbanos situados a un centenar de kilómetros de Kramatorsk.
Qué se puede afirmar y qué sigue abierto
Los hechos verificables caben en una lista corta: hubo dos impactos, la estación servía para evacuar civiles y murieron al menos treinta personas. Todo lo demás es atribución interesada. Cuando una de las partes controla el relato del lugar y la otra controla el relato del misil, la pregunta de
a quién beneficia deja de ser retórica y se convierte en método.
Lo más probable es que el desglose técnico siga creciendo —series, trayectorias, restos— sin llegar nunca a una conclusión aceptada por los dos bandos. Y que la cifra que hoy se lee, treinta, se consolide en la memoria como un dato más de una guerra contada a base de versiones.