El hilo vira al matriarcado vasco y pide una Orriols vasca
Nadie habla ya del decreto. El 2 de octubre la conversación se muda al caserío: a quién se quedaba la casa, con quién se casaba el designado y quién mandaba dentro. De ahí salta a la política vasca, al futuro del PNV y a una petición que aparece tres veces en la misma página: que salga en Euskadi alguien como Orriols. Todo el tramo cabe en una jornada y en un solo movimiento: Madrid se queda atrás en dos mensajes.
Qué se ha sabido
El tramo abre con un vídeo colgado en el hilo (
). Nadie lo discute: en dos mensajes la conversación ya está en otra cosa.
fayser mete otra pieza en la cuenta de las medidas que se han quedado por el camino: la bajada del límite de alcoholemia a
0,2. Lo cuenta como una más de las que «nos lleva salvados». midelburgo deja una confesión de época: dice que empieza a
añorar a Ciudadanos y resume el panorama con un «vaya corral».
El bloque grande de la jornada es el matriarcado. Pelayo90 pregunta si no será un mito. Triptolemo responde con una explicación larga: en el caserío vasco no heredaba siempre el mayor, sino el designado, y su deber era casarse con otro caserío para agrandar la hacienda. Dos tierras que se juntan, y una mujer con peso propio en la casa, argumenta. En el resto de España, dice, la herencia se repartía y se perdía. El usuario INE zanja por su lado: el matriarcado existe «en mayor o menor grado en toda España» y es
prerromano. Burubux cierra el círculo: «de aquellos polvos, éstos lodos».
La otra palabra que se repite es Orriols. Programador Gallego dice que falta una en el País Vasco «para meter en vereda al PNV». CaCO3 vaticina «una Alianza Vasca a imagen de Orriols» y sentencia que los demás «están muertos». Burubux avisa de que Junts no puede aprobar según qué cosas porque se los comería «la Orriols sin guarnición».
Un participante sostiene además que el modelo del partido catalán está agotado, que su electorado ya no le ve ventajas y que la gente «prefiere votar al original y no a la copia». Otro propone reformar la Ley del Régimen Electoral para dejar fuera de las Cortes Generales a los partidos de ámbito no estatal, a los que describe sin matices.
Y un tercer apunte, este en primera persona: alguien afirma tener pruebas de un
intrusismo de treinta años en un puesto municipal y anuncia que va a mover el caso «dentro de un mes».
Dónde está la bronca
La bronca real es el matriarcado, y no es pequeña. Pelayo90 pone en duda el relato. Triptolemo lo defiende con el caserío, el mayorazgo y las mujeres al mando. INE lo rebaja a fenómeno general y antiguo. Burubux lo remata en clave política: ese empoderamiento ha llevado, sostiene, a la destrucción de la sociedad vasca.
La segunda pelea es de encuadre. elCañonero niega que aquí haya ironía alguna y sostiene que los que votaron en contra hicieron lo obvio, protegerse. arriba jo españoa corta por otro lado: «España no es la salvación es el depredador».
La tercera es sobre el hueco. Unos piden que aparezca en Euskadi el equivalente de Orriols. Otros dan por hecho que el terreno está amarrado y que quien intente moverse se queda sin sitio. Nadie coincide en si el partido vasco está acabado o simplemente cómodo, y las respuestas van de la sentencia al apunte irónico: «son el Partido de Dios, ni los talibanes de Afganistán».
Qué cambia respecto a antes
Cambia el escenario. El marco ya no es el Congreso, es el caserío, el ayuntamiento y el mapa vasco. Entra un nombre que no había salido, Orriols, y entra a la vez como lo que falta y como lo que amenaza. Entra la nostalgia de un partido que ya no está, Ciudadanos. Y entra un dato más para la lista de las que se cayeron: el 0,2.
Lo que no cambia es el tono. El hilo sigue igual de caliente, solo que ahora discute quién hereda, quién manda en casa y quién ocupa el hueco que dejen los de siempre. Con una fecha encima de la mesa: dentro de un mes.