Junts vota no al decreto de vivienda y retrata a Sánchez
Junts votará en contra de los dos decretos de vivienda del Gobierno. La decisión, desvelada la noche del jueves, deja al Ejecutivo de Pedro Sánchez sin mayoría para sacar adelante una norma que llevaba semanas negociando. Y para que nadie se esconda, PSOE y Sumar han pedido que la votación sea
por llamamiento en voz alta: ni botón, ni anonimato. Cada diputado tendrá que decir su «sí» o su «no» delante de todos.
Qué exige Junts y qué responde el Gobierno
La formación catalana pidió la retirada de los dos reales decretos ley y la redacción de uno nuevo que cumpla sus condiciones. El Gobierno se negó. Sánchez lo dejó escrito:
«ha llegado la hora de la verdad», y añadió que PP, Junts y Vox «deben elegir: o están con la mayoría social o con los especuladores». El mensaje no es casual. Traslada a quien vote no todo el coste político del rechazo, y lo hace con nombre y apellidos.
Por qué se vota a viva voz y no con botones
El método importa. Con el botón, un diputado puede romper la disciplina de su grupo sin que quede claro quién lo hizo; con el llamamiento, su nombre y el sentido de su voto quedan grabados. Es
presión en estado puro, y los grupos que están en contra lo saben. Los dos textos llegan así al último minuto con Junts sin desvelar su intención hasta la noche anterior.
La tesis de que Junts acabará diciendo sí
Hay quien sostiene que Junts no puede permitirse tumbar al Gobierno: si su objetivo es una Cataluña independiente, necesitan a Sánchez vivo y en La Moncloa. Bajo esa lógica, el no anunciado sería solo una posición de salida para arrancar concesiones de última hora. Otros ven justo lo contrario, que el desgaste del Ejecutivo es la única moneda que le queda a la formación. Ninguna de las dos lecturas se puede comprobar hasta que rueden los nombres.
Los dos escenarios sobre la mesa
El primero: Junts se abstiene, vota sí, o dos o tres diputados del PP se equivocan de botón y el texto sale adelante. El segundo: no sale nada y todo forma parte de un plan para ir a elecciones con la calle caliente, frenar la fuga de votos y mover algo la ventana de opinión con la sociedad polarizada. En ese cuadro encaja la petición de una
moción de censura inmediata del PP en cuanto decaigan los decretos. Elige tu propia aventura.
La calle, el calendario y las 72 horas
El rechazo ha venido acompañado de disturbios en el centro de Madrid, y hay quien anticipa más. La advertencia que se repite es que las señorías son intocables y los manifestantes no. Mientras, se van fijando fechas:
72 horas para la caída de Sánchez, una final de la Champions en un estadio madrileño y un eclipse como telón de fondo antes de que empiece, dicen, la guerra de verdad. Circulan también afirmaciones sobre la financiación del sindicato de inquilinas que no están respaldadas por ninguna prueba.
No hay confirmación de nada. Un plazo de 72 horas para que Sánchez caiga. Y un eclipse como fecha estimada del estallido real.