El contactado que corrige a Dios y al Demonio desde un bar de Raticulín
Un supuesto canalizador asegura haber resuelto dos enigmas que ni el Cielo ni el Infierno supieron contestar: cuántos vasos hacen falta para vaciar el mar y qué pasa cuando un mono lanza un coco a la cabeza de un tigre. La primera, dice, la falló Dios. La segunda, Satanás se la dio por buena por ser un
jelipoyas. Y así, entre carcajadas y votaciones rotas, un personaje que se hace llamar Ashtar Sheran sostiene en un foro de economía que está «a un paso para la coronación por encima de todas las religiones terricolas».
El material del caso es un hilo de foro en el que un autodenominado comandante de la flota de Raticulín mezcla canalización espiritual, encuestas de foro y una capacidad notable para no responder nunca a lo que se le pregunta. Sus seguidores —o sus compinches, según el día— le votan. Sus detractores le llaman charlatán. Y él, mientras, anuncia misiones: encontrar al mono.
Qué es exactamente Ashtar Sheran y qué dice ser
El personaje se presenta como entidad contactada, con lenguaje de flota galáctica y referencias a Raticulín y Ganimedes. «Estamos a un paso para la coronación por encima de todas las religiones terricolas», escribe. No da pruebas. No las necesita, según su propio relato: la prueba es que nadie más ha contestado bien a sus dos preguntas.
La primera, la del vaso y el mar, tiene una respuesta que él considera cerrada y que atribuye a un vídeo con más de cuatro millones de visualizaciones. La segunda, la del mono y el tigre, la da por resuelta sin enseñarla. Cuando se le pide concreción, responde con ironía: «Dos dias tenemos para encontrar al mono».
La encuesta que se rompe y los votos que no se pueden cambiar
El asunto deriva en un espectáculo paralelo: una encuesta para decidir si el contactado es creíble. Los resultados, según él, son «sorprendentes». Pide que se permita cambiar el sentido del voto. Se le responde que las normas son las normas y que «a disfrutar de lo votado».
Hay quien sostiene que los que votaron en contra no deberían poder rectificar. En contra pesa el argumento obvio: si la encuesta se abre en un sitio y se cierra en otro, el censo se queda cojo. El propio promotor admite que la visibilidad era poca y pide repetir el voto. La participación sigue siendo escasa, y él lo interpreta como margen de mejora.
El vídeo de los cuatro millones de visualizaciones y las dos preguntas del demonio
El núcleo argumental es un vídeo de un contactado ajeno, con trescientos mil seguidores según el relato del propio Ashtar, del que se extraen las dos preguntas. La primera, textual: «Cuantos vasos necesitas para vaciar el mar?». La segunda, la del mono y el tigre, se anuncia como pendiente de demostración empírica.
Un interviniente propone una simulación para comprobar si el mono puede acertar a arrojar el coco. Otro pide prueba fotográfica o videográfica. Nadie la aporta. El marcador queda en empate y el relato se sostiene sobre la promesa de que la respuesta correcta llegará.
Los que no leen y los que trolean: la vida interna del asunto
Buena parte del conflicto no es teológico sino de atención. El contactado se queja de que la gente entra, saluda y no lee. «Dejais vuestra gran aportacion, y a otra», espeta. A un recién llegado que dice venir de Ganimedes con los platinos de la nave averiados le responde que se lea el manual de averías, «y visto lo visto por aqui, nadie lee ni siquiera unos cuantos mensajes atras».
Frente a eso, el escepticismo se organiza. Se le compara con quien hace Ouija y le sale Napoleón. Se le sitúa, en el mejor de los casos, en el «bajo astral», ese lumpen del más allá. Y se recuerda que la primera acepción de charlatán —«que habla mucho y sin sustancia»— le encaja como un guante.
El taxista, la empresa y el gorila de Navidad
En medio del asunto aparece una acusación curiosa: que uno de los intervinientes es en realidad una empresa. La respuesta es seca: «Taxista de profesion y a mucha honra». El nivel de verificación del conjunto queda retratado en esa frase.
El cierre festivo lo pone la propia parroquia. Se le desea feliz Navidad y se le pregunta si la pasará «con los monos de la isla o con los hombres disfrazados de gorila». Él lo tiene claro: «Definitivamente nos decantamos por los gorilas». Y ahí se queda, entre el cachondeo y la promesa de una revelación que nunca termina de llegar.
El contactado sigue sin enseñar la respuesta. Sus fieles siguen votando. Sus críticos siguen esperando la prueba. Y el mar, de momento, continúa lleno.