El PIB crece un 2,5% mientras el poder adquisitivo cae desde 2007
¿Cómo se explica que la
economía española crezca un 2,5% y, a la vez, el grueso de los mortales diga que no le llega? El dato oficial convive con otro menos presentable: España fue el último país de su entorno en recuperar el nivel de actividad previo a la pandemia, cerca de dos años después que sus vecinos. Y con un tercero, aún más incómodo: la deuda pública avanza a razón de
150.000 euros por minuto, según el cálculo que se repite en el hilo. Sobre ese cruce de cifras se monta una discusión que lleva ya demasiado tiempo abierta.
Los 2,5% que no se notan en la cesta de la compra
El primer malentendido es de manual: el PIB nominal y el real no son lo mismo. Con una inflación que encarece todo, vender lo mismo a un precio mayor ya suma en la contabilidad nacional. De ahí que una de las explicaciones más repetidas sea que el crecimiento es, en buena parte, el reflejo del aumento de precios y no de más actividad. Hay quien lo apoya en un razonamiento sencillo: si el PIB nominal fuera el que se publicita, tendría que ser bastante mayor a la fuerza.
La imagen que se usa para describirlo es la de alguien que se cae al suelo y después se levanta. Recuperar la altura del principio no es ganar estatura. Y el que se cae, en este caso, venía de muy abajo: de una pandemia, de una actividad cerrada durante meses y de una recuperación que se hizo con retraso.
Como una moto, resume con retintín una parte de quienes siguen la serie.
Turismo extranjero e inflación: los motores que se citan
Si hay un diagnóstico que se repite es el de turismo más inflación. Los visitantes extranjeros han vuelto en masa —no se veían así desde 2019, según se subraya en la discusión— y cada uno deja su gasto en bares, hoteles y terrazas. El ejemplo más citado es el de la bebida que antes costaba 3,5 euros y ahora se sirve a 3,7: mismo producto, más facturación, más PIB. La propia institución que vigila las cuentas públicas aparece mencionada como aval de ese diagnóstico.
Como curiosidad, hay quien propone abrir una aplicación de seguimiento de vuelos en tiempo real y quedarse mirando el goteo constante de aviones camino de los aeropuertos españoles. La conclusión de esa corriente es tan simple como incómoda:
la riqueza que se contabiliza es, en gran medida, la de quien viene de fuera a gastársela aquí.
Deuda pública y familias: 10,8 millones con alguna deuda
La deuda pública avanza a un ritmo de 150.000 euros por minuto, por encima del 100% del PIB y con estimaciones que llegan al 120%. Sostener crecimiento a base de endeudamiento tiene una aritmética sencilla: se paga un interés por lo prestado y se anota un aumento de actividad, de modo que la cuenta puede salir positiva en la foto aunque el patrimonio neto empeore. La frase que resume esa lógica —a más deuda, más PIB— circula como diagnóstico y como pulla.
En paralelo, el endeudamiento privado.
10,8 millones de familias arrastran algún tipo de deuda, incluidos préstamos al consumo, tarjetas y créditos rápidos. Con las cuotas hipotecarias apretando y los ahorros perdiendo fuelle, el resultado es una sensación de ahogo que no aparece en las estadísticas agregadas. En el lado contrario, hay quien presume de haber saldado su hipoteca en siete años a base de gastar menos de lo que ingresa y no volver a endeudarse.
Últimos de Europa en recuperar el PIB previo a la pandemia
Aquí está la clave que muchos repiten: el país fue el último de su entorno en volver al nivel de actividad anterior al covid, alrededor de dos años después que el resto. Cuando el punto de partida es el suelo, cualquier rebote parece un sprint. La comparación con Europa se usa también para lo otro:
el diferencial de renta con el resto del continente estaría en máximos de décadas, y hay quien sostiene que en PIB per cápita ya nos ha adelantado Chipre. Del otro lado se responde que el rebote es real y que la economía sigue siendo solvente pese a la carga acumulada.
Prestaciones, población y consumo interno
La demanda interna tiene su propia pata. En la discusión se manejan cifras de transferencias que sostienen el gasto: cinco millones de pensiones de viudedad y tres millones de incapacidades, según los cálculos que se comparten, con parte de ellas camufladas bajo el epígrafe de jubilación al superar cierta edad. A eso se suma el aumento de población, que empuja el consumo y, por tanto, el PIB, sin que se traduzca necesariamente en mejora por habitante. Se argumenta, en esa línea, que el crecimiento se produce en sectores concretos y no llega al conjunto del mercado laboral.
Mientras tanto, en el hilo se apunta a empresas que empiezan a despedir y a previsiones que no acompañan. La foto resultante —crecimiento agregado, escaparates llenos y bolsillos vacíos— es la que desquicia a cualquiera que mire su extracto bancario.
Nada tiene sentido, se resume en una de las intervenciones más citadas del asunto.
Al final, la economía crece, el turista paga 3,70 por la cocacola y la deuda suma 150.000 euros cada minuto. Si eso no es un milagro, se le parece bastante.