La inflación oficial del 1% y el 15% que se paga en el súper
La estadística oficial asegura que este año la pérdida de poder adquisitivo se queda en un simbólico 1%. La cesta de la compra sugiere que el cálculo se queda corto por un cero, o por dos. Mientras el PIB del Estado sube, el PIB familiar se resiente: la distancia entre la macroeconomía de los titulares y la microeconomía del día a día nunca ha sido tan evidente.
Hay quien sostiene que la inflación real camina en el entorno del 10-15% anual, con picos del 20% en productos básicos. La cifra oficial, dicen, maquilla una realidad que se nota cada semana en el supermercado. La pregunta no es si perdemos poder adquisitivo, sino cuánto y por qué nadie lo cuantifica con honestidad.
Deflactar, la medida que nadie aplica
Con una inflación que devora salarios, la tableta del IRPF se convierte en un impuesto encubierto. De ahí que parte del análisis económico reclame empezar a deflactar el impuesto: ajustar los tramos al alza de precios para que el Estado no ingrese más solo por el efecto inflación. Es una propuesta recurrente en los debates de política fiscal, pero sigue sin materializarse.
El resultado es un sistema que premia la subida de precios: el Estado recauda más, los márgenes empresariales se protegen y el salario pierde la partida. Hasta que el dato oficial no reconozca la magnitud del problema, la distancia entre lo que dicen las cifras y lo que se paga en caja seguirá creciendo. O, como se ha resumido con ironía, “todo sea por mantener los márgenes”.