VOX crece un 1% en Castilla y León y su estrategia divide al electorado
VOX ha subido un escaño y un punto porcentual en Castilla y León. Sobre el papel, un avance. En la práctica, un resultado que ha dejado frío a buena parte de su propia base, que esperaba mucho más en un contexto donde el PSOE está tocado y el PP presentaba un candidato sin sustancia. La paradoja es que el partido de Abascal ha crecido mientras se deshacía de algunos de sus cuadros más reconocidos. Y eso, para muchos de sus votantes, no es una victoria: es una señal de alarma.
El resultado oficial es claro: VOX ha subido un escaño y un 1% de porcentaje de voto. El PP ha subido dos escaños y un 4%. El PSOE, dos escaños. En un escenario donde el desgaste del Gobierno central era el gran argumento de la oposición, el partido que más ha capitalizado ese descontento no ha sido VOX, sino el PP. La lectura que se impone entre los críticos es que VOX ha desaprovechado una ventana electoral que no se repetirá con la misma intensidad.
La purga de los pesos pesados
La estrategia que más ha llamado la atención es la salida de figuras como Juan García-Gallardo, Iván Espinosa de los Monteros, Javier Ortega Smith o Macarena Olona. García-Gallardo, que había construido un discurso beligerante en materia de inmigración, fue apartado. Espinosa de los Monteros, economista liberal y considerado por algunos participantes en el debate uno de los políticos mejor preparados del Congreso, también. La pregunta que sobrevuela es por qué un partido se desprende de sus perfiles más reconocidos justo cuando más los necesita.
Hay quien sostiene que la salida de estos cuadros responde a una lógica de control interno: eliminar cualquier voz con carisma o discurso propio para que solo quede la del líder. Otros apuntan a razones más prosaicas, como enemistades personales o likes en redes sociales. Lo cierto es que los sustitutos han llegado a dedo y, según los críticos, sin sustancia ni discurso propio. El resultado, dicen, es un partido más obediente pero menos competitivo.
El discurso que no convence a la base
Otro de los puntos calientes es el giro discursivo. Según algunos análisis, VOX ha pasado de un perfil católico-tradicionalista y liberal a orbitar en un nacional-sindicalismo de corte lepenista. La purga de liberales y católicos ha sido paralela a la adopción de un discurso más centrado en la inmigración como problema de seguridad y en la deportación masiva. Abascal ha anunciado que echará a 600.000 personas, una cifra que no se ha detallado.
El problema, según los críticos, es que ese discurso no está calando en el electorado que debería movilizar. Hay quien sostiene que VOX se ha convertido en una versión del PP, más interesada en Cuba, Venezuela o Israel que en los problemas cotidianos. Y que su función real es canalizar el descontento para que no desborde el sistema, no cambiarlo. La comparación con Ciudadanos aparece una y otra vez: un partido que creció rápido y se desinfló cuando dejó de ser útil.
El techo electoral y la sombra de Alvise
La pregunta que muchos se hacen es si VOX ha tocado techo. Hay quien sostiene que a VOX le daban en torno al 20% y se ha quedado en un 19%, por lo que se ha quedado corto respecto a las expectativas. En una comunidad envejecida y tradicional como Castilla y León, el margen de crecimiento es limitado. Y el desgaste de la marca VOX entre los votantes más jóvenes empieza a notarse.
La irrupción de Alvise Pérez y su partido, Se Acabó La Fiesta, es otro factor. Hay quien sostiene que VOX ha perdido votos por la derecha, hacia un discurso más agresivo y menos institucional. La estrategia de VOX de llamar «paki» a Alvise y reírse de los podemitas no ha funcionado, según algunos críticos. Y mientras tanto, el PP sigue ocupando el espacio central de la derecha sin despeinarse.
El futuro de VOX depende de si es capaz de reconstruir un discurso que movilice a su base sin perder el centro. La salida de sus pesos pesados ha dejado un vacío que los sustitutos no parecen llenar. Y el crecimiento del 1% no compensa la pérdida de capital humano. Con estos mimbres, el cesto no parece muy sólido. Habrá que ver si el partido rectifica o si, por el contrario, se consolida como una fuerza residual en el panorama político.