Ceuta no fue un accidente, sino el resultado de una política europea hipócrita. La UE paga a Jovenlandia miles de millones para frenar la emigración, creando un chantaje: cuanto más caos, más dinero. Mientras predican derechos humanos en Bruselas, subcontratan la dureza a terceros. La solución, según el artículo, es el modelo de EE. UU.: disuasión, devolución exprés y acuerdos con países de tránsito. Europa debe asumir su soberanía y dejar de pagar por fracasos. No es bonito, pero es efectivo. El problema no es Jovenlandia, sino la cobardía europea.
EL REPORTER TRIBULETE
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