Feijóo aparta a Vox para seducir al PNV y arriesga 33 escaños
¿Se puede gobernar España renunciando a los votos que ya tienes para cortejar a los que nunca te los darán? El PP de Alberto Núñez Feijóo ha decidido probarlo. Según ha trascendido, el líder popular ha comunicado a sus barones su intención de acentuar la llamada «vía Moreno»: distanciarse de Vox para pescar en el centro y, de paso, intentar que el PNV deje de sostener a Pedro Sánchez. La consigna que ha salido de su boca es literal: «No vamos a ceder ni una». El problema aritmético es de primero de primaria. Vox aporta 33 escaños. El PNV, cinco. Y los nacionalistas vascos han dado ya tres portazos a cualquier investidura que incluya a la formación de Santiago Abascal.
Qué ha prometido Feijóo a sus barones
La estrategia se ha trasladado en privado a los presidentes autonómicos del partido. El objetivo declarado es repetir el manual que funcionó en las elecciones autonómicas y municipales: crecer por el centro sin mirar a Vox, como resumió el presidente andaluz Juanma Moreno. Génova cree que ese camino permitió al PP ampliar su electorado y quiere clonarlo en el terreno nacional. La frase que resume la nueva doctrina es una:
«No vamos a ceder ni una».
El problema es que la teoría choca con la práctica. El PP gobierna con Vox en Extremadura, Castilla y León, Comunidad Valenciana y Aragón. Es decir, se marca distancia en Madrid mientras se comparte consejo de gobierno en cuatro autonomías. Un barón afectado por esa contradicción lo resume con un argumento pragmático: «la opción de ignorarlos da resultado a la larga». Traducción: aguantar el tirón y esperar a que el electorado de Abascal se desmovilice.
Por qué el PNV no va a investir a Feijóo
Los nacionalistas vascos han rechazado la investidura de Feijóo en tres ocasiones. Su condición es inequívoca: no habrá apoyo mientras la operación incluya a Vox. Y Génova lo sabe. Fuentes de la dirección admiten que ya se han hecho «a la idea de que no hay posibilidad de investidura». Entonces, ¿para qué el cortejo? La respuesta que circula es que el verdadero objetivo no es La Moncloa, sino las elecciones vascas. El PNV tendría ahí el llamado «botón nuclear»: una moción de censura nacional en caso de una hipotética alianza de Bildu y el PSOE.
Hay quien sostiene que el PP no busca gobernar, sino instalar el relato de que lo ha intentado por todos los medios. La referencia interna es no caer en el «síndrome de Inés Arrimadas»: transmitir la imagen de partido que lo dio todo antes de una repetición electoral. El cálculo más optimista asume que Junts rompa con el PSOE y que el Rey proponga a Feijóo con 172 apoyos frente a 171 de Sánchez. El escenario pesimista es el que manejan casi todos los dirigentes consultados: investidura imposible.
El coste electoral de ningunear a Vox
La paradoja tiene un precio. Si el PP insiste en aislar a Vox, se arriesga a perder los 33 escaños que necesita para cualquier mayoría. La formación de Abascal ya ha endurecido su posición: exige al PP que aclare públicamente si excluyó a Vox de la Mesa del Congreso por un compromiso con el PNV. Sin esa explicación, sus votos dejan de estar garantizados.
En el análisis más repetido aparece una comparación incómoda: el PP puede acabar como Ciudadanos, el partido que se obsesionó con aislar a Vox y terminó desapareciendo del mapa. La diferencia es que aquí el que se juega la desaparición no es un partido emergente, sino el principal partido de la derecha española. Y el votante que eligió al PP para sacar a Sánchez del Gobierno puede descubrir que su voto sirvió para sostener al PNV en Murcia o en Andalucía.
Con estos mimbres, la investidura de Feijóo depende de que Junts traicione a Sánchez o de que el PNV traicione su propio discurso. Ambas cosas pueden pasar. Lo que no puede pasar es que 33 escaños se conviertan en cinco por arte de magia. La política tiene estas cosas.