Felipe VI admite "mucho abuso" en la conquista: ¿gesto honesto o autoflagelación?
El rey Felipe VI ha reconocido durante una visita a la exposición 'La mujer en el México indígena' en el Museo Arqueológico Nacional que hubo "mucho abuso" en la conquista de América, hechos que con el actual criterio "no pueden hacernos sentir orgullosos". La declaración, recogida por Onda Cero, ha reabierto el debate sobre la interpretación del pasado colonial y el papel de la monarquía en la actualidad.
Una condena fuera de su contexto histórico
La afirmación del monarca, aunque breve, ha generado reacciones encontradas. Por un lado, algunos analistas la consideran un gesto necesario de reconocimiento de los excesos cometidos durante el proceso de colonización. Señalan que juzgar hechos del siglo XVI con la moral del XXI es anacrónico, pero admitir los abusos es un paso hacia una memoria histórica más honesta. Sin embargo, la mayoría de las voces críticas tachan la declaración de "autoflagelación histórica" y la enmarcan dentro del discurso de corrección política dominante. Cuestionan que un Borbón, dinastía que llegó al trono en 1700, se distancie de los Austrias y los Trastámara, que fueron los verdaderos protagonistas de la conquista. El resultado es una paradoja: el Rey se disculpa por actos de los que su casa no fue responsable directa, mientras el debate real –el expolio fiscal actual, la ingeniería social en Hispanoamérica, la deuda histórica– queda sepultado bajo una polémica de hace 500 años.
El debate sobre la monarquía, al descubierto
Más allá de la conquista, el episodio ha reavivado las preguntas sobre la utilidad de la monarquía en el siglo XXI. La formación del Rey –cursó Derecho y Económicas en universidades extranjeras– no es óbice para que muchos duden de su conocimiento histórico, sugiriendo que sus declaraciones están guionizadas. La figura de su sobrino Froilán, con un expediente académico que incluye una ESO finalizada a los 19 años y un ciclo superior en Negocios en Dublín, ha sido utilizada como ejemplo de la mediocridad dorada que rodea a la institución. Por otro lado, la sucesión está asegurada con la Princesa Leonor, heredera por primogenitura desde la abolición de la Ley Sálica en 1830, pero el debate sobre la legitimidad dinástica crece a medida que la línea de sangre se diluye con matrimonios no aristocráticos. Mientras la monarquía funcione como "estabilizador de marca-país" a bajo coste, la casta política la mantendrá, pero su futuro a largo plazo es incierto.
La pregunta que nadie responde del todo es si la condena de los abusos históricos es suficiente para cerrar heridas o si, por el contrario, es una cortina de humo que oculta discusiones más incómodas sobre el presente y el futuro de las relaciones entre España y América.
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