Francia abandona Mali y Rusia refuerza su control del uranio
Hay una escena que vale por un informe: una veintena de reactores nucleares franceses parados, la factura de la luz disparada y el ejército galo recogiendo los cables en Mali mientras el grupo ruso Wagner ocupa su sitio. Francia liquida una operación militar de años sin haber ganado nada y
Moscú se queda con el terreno. Y con él, el acceso al uranio del Sahel: la materia prima que alimenta esas mismas centrales que ahora están apagadas.
Por qué el control del uranio del Sahel cambia el tablero
El asunto de fondo no es militar, es energético. Rusia maneja buena parte de las cadenas de suministro de uranio, y entre los grandes exportadores figuran países donde
mete la zarpa —Kazajistán, la propia Rusia, Ucrania—, aunque también haya productores occidentales como Canadá, Australia o Estados Unidos. El detalle que se subraya es que Kazajistán, uno de los mayores productores, ya habría vendido a Rusia lo que le quedaba. Sumado al Sahel, la ecuación deja a Moscú con la mano en el grifo del combustible nuclear.
De ahí el sudor frío en París. Se apunta que
la gran mina de uranio de Níger pertenece en un 10% a España y que parte de las reservas sin explorar del norte de Mali, en la frontera con Níger, nunca llegaron a cuantificarse. Quien controla el terreno controla la conversación sobre quién extrae y a qué precio. Y en esa conversación Francia acaba de perder la silla.
¿Por qué están parados los reactores nucleares franceses?
La versión oficial habla de grietas en reparación. La lectura alternativa apunta a algo más prosaico: sin combustible no hay carga, y una veintena de los reactores franceses llevan parados justo cuando más se necesitan. No es una tesis cerrada. Frente a ella se alza un argumento técnico difícil de ignorar: muchas centrales no se diseñaron para operar con olas de calor extremas y no logran refrigerar el circuito a esas temperaturas, de modo que la solución pasaría por añadir refrigeración. Suministro y clima pueden estar apretando a la vez.
Lo que nadie discute es el resultado: precios eléctricos disparados y Francia entre los países con más papeletas para un apagón a gran escala.
Mali, un Estado con fronteras de diseño francés
Aparece el otro eje del asunto. Se sostiene que
Mali es un invento francés para dominar a los tuaregs, dueños del norte rico en uranio, y que el país debería estar dividido en varios territorios. La tesis se extiende a medio continente: Marruecos, Guinea Ecuatorial, Libia, Somalia o Nigeria serían aberraciones territoriales heredadas del reparto colonial, pensadas para gobernar de forma indirecta. Bajo ese prisma, la salida de Francia no cierra nada: abre una casilla que Wagner ya está ocupando.
El regalo del Sáhara y el nuevo reparto del Magreb
El escenario se complica en el flanco sur de Europa. Una corriente del análisis sostiene que
Marruecos tendría que salir al campo de batalla para defender intereses franceses y estadounidenses, y que a cambio habría pedido garantías definitivas sobre el Sáhara; de ahí el visto bueno de Washington y Madrid. La otra pieza es Mauritania: un Estado débil, dos ciudades y desierto, por donde se especula con abrir una vía migratoria hacia España. Se menciona también la posibilidad de que pequeños contingentes europeos, españoles incluidos, queden colgando de una logística francesa que se marcha. El mapa encaja, aunque conviene recordar que son hipótesis sobre el tablero, no hechos consumados.
El relato del decrecimiento: «vivíamos por encima de nuestras posibilidades»
En paralelo al análisis geopolítico corre un diagnóstico incómodo: la coincidencia de crisis energética, agenda climática y retirada occidental se lee como una operación para empobrecer a la clase media europea. La consigna de que
vivimos por encima de nuestras posibilidades se repite en los medios alineados, y una parte del público lo tiene claro: o pacto con Rusia —gas, petróleo, uranio, fertilizantes— o ruina. El detalle que descoloca todo lo anterior es una cifra que circula al fondo del asunto: solo con su control financiero en África, Francia se embolsaría alrededor de
medio billón de euros al año. Si esa estimación se acerca a la realidad, ceder Mali no es una derrota menor. Es renunciar al cortijo.