Sicario «francés», CNI y Zarzuela: la versión sin pruebas
El tiroteo contra Alejo Vidal-Quadras tiene una versión que corre más deprisa que la investigación. Según ese relato, el CNI maneja ya un nombre: un sicario «francés» con medio centenar de antecedentes. No hay informe oficial, ni resolución judicial, ni confirmación policial que lo respalde. Todo llega por canales de mensajería y se repite como si fuera un parte de sucesos.
Que el atentado de Vidal-Quadras tenga autores materiales sin identificar es un hecho. Que esos autores sean un profesional contratado por un servicio extranjero o por un aparato interno es, por ahora, una
hipótesis que nadie ha demostrado. La distancia entre ambas cosas es exactamente la que separa una investigación de un relato.
Qué sostiene la versión del sicario «francés»
La atribución procede de mensajes difundidos en el canal de Telegram de Alvise Pérez, que sitúan al centro de inteligencia detrás de la identificación. La pieza central es un hombre al que se atribuye nacionalidad francesa y un historial de
medio centenar de antecedentes. La misma versión asegura que fue detenido dos días antes por agentes vinculados a la Zarzuela, después de «perderse» de camino al hipódromo. De ahí a concluir que quien lo retuvo conocía sus intenciones hay un salto lógico, y ese salto sostiene toda la historia.
El segundo bloque es material audiovisual. Una
moto negra Yamaha habría sido grabada a lo largo de 25 kilómetros tras la fuga, hasta un descampado de Fuenlabrada donde fue quemada, momento en que el conductor continuó en un segundo vehículo. El detalle es incómodo para el propio relato: si esas imágenes existen, la reconstrucción inversa permitiría fijar de dónde venía el motorista, cuándo se colocó el casco y por qué recorrido previo había pasado.
¿Por qué se menciona al CNI en el atentado?
Porque la versión difundida sitúa al centro de inteligencia al tanto del sospechoso antes del tiroteo. La pregunta que se repite es simple: si lo tenían localizado, ¿por qué no se le detuvo antes en lugar de dejarlo circular? La respuesta que circula tampoco aporta pruebas, solo una
intuición sobre cómo funcionan los aparatos de seguridad.
Hay un precedente invocado varias veces en esta conversación que conviene tomar como lo que es, un lugar común: la idea de que en episodios anteriores los autores materiales acabaron siendo confidentes de uno u otro servicio. Ese tipo de comparación no demuestra nada por sí sola, pero explica por qué una parte del público recibe cada versión con la sospecha ya incorporada. Quien controla la información, controla el relato.
Dos detenciones y ninguna autoría confirmada
En la fase posterior aparecen dos arrestos: uno en
Granada y otro en
Málaga, ambos de personas de nacionalidad española. Son los únicos detenidos que figuran en el material disponible hasta la fecha de esta discusión. No consta que se les relacione oficialmente con el sospechoso «francés» ni que se les atribuya la ejecución material del atentado.
Ahí se abre otro frente que enrarece cualquier lectura limpia: la coincidencia temporal permite sostener dos relatos opuestos. Uno dice que la policía llegó tarde; otro, que llegó antes de lo que se cuenta.
La trama iraní, el narcotráfico y la pugna entre servicios
La hipótesis de un servicio extranjero detrás del atentado arrastra el mismo problema que cualquier teoría de este tipo: si fuera cierta, el afectado dispondría de protección y el asunto no se habría quedado en un intento. Ese razonamiento, que no es prueba pero sí sentido común, se repite con insistencia. Se añade otro: un Gobierno que se alinea con determinados socios no va a castigar a un tercero si eso pone en riesgo una investidura.
Frente a ella se apunta a algo menos épico y más terrenal: un ajuste de cuentas vinculado al
narcotráfico y al control de relaciones y canales de financiación que convenía mantener fuera de los focos. Es la explicación que mejor encaja con un perfil de delincuente común y con una ejecución chapucera. Una tercera línea, más política, habla de pugna entre aparatos del propio Estado y de una investigación que avanza en dirección contraria a la conveniencia de algunos.
Qué cabe esperar
Con lo disponible, lo razonable es que el caso se resuelva por la vía de los hechos y no por la de las filtraciones. Si las grabaciones de la moto existen y son reversibles, alguien acabará reconstruyendo la semana previa del conductor y la versión tendrá que ajustarse. Si no existen, el relato se desinflará sin necesidad de desmentidos. En cualquiera de los dos escenarios seguirá habiendo quien tenga la respuesta antes que la policía. Eso sí es un patrón.