EEUU suspende la ayuda militar a Ucrania, según medios
La noticia cayó como un jarro de agua fría:
Estados Unidos suspende la ayuda militar a Ucrania, según un tuit de @EL MUNDO que cita medios internacionales. El anuncio llega después de que la Casa Blanca reconociera que el paquete presidencial de diciembre fue el último con financiación disponible. Mientras Moscú intensifica sus ataques con misiles, la pregunta que recorre los mentideros no es si Ucrania resistirá, sino quién pagará la siguiente ronda. Y la respuesta, unánime en casi todos los análisis, apunta a Europa. Otra vez.
El anuncio que nadie quiso leer en clave interna
El mensaje oficial es escueto: se acabó el grifo. La Administración estadounidense comunicó que
el último paquete presidencial con fondos disponibles se anunció en diciembre y que, a partir de ahí, no hay más. La coincidencia con el invierno y con un repunte de los bombardeos rusos sobre infraestructura ucraniana no es casual, pero tampoco es nueva. Hay quien recuerda que esta escena se ha repetido varias veces en los últimos dos años, y que cada vez que se anunció el fin de la ayuda, acabó llegando más material por otras vías. La duda razonable es si esta vez el corte es real o si, como sostienen algunos análisis, se trata de un movimiento táctico para forzar a Europa a poner más dinero sobre la mesa sin figurar en el escaparate.
Europa, de remera a ariete
El impacto económico sobre el Viejo Continente no se mide solo en euros enviados a Kiev. Se mide en energía, en alimentos, en medicinas y en la pérdida de competitividad frente a un aliado que, mientras tanto, vende gas licuado a precio de oro.
Los impuestos europeos financian una resistencia que EEUU diseña y abandona cuando le conviene. La frase que resume el malestar en Bruselas es la de que los remeros pasarán de bogar en combate a bogar como ariete. La dependencia energética, lejos de resolverse, se ha cronificado, y cada nuevo paquete de ayuda se aprueba con la sensación de estar pagando dos veces: una por la guerra y otra por la paz que no llega.
El frente interno de EEUU: de la cruzada globalista al problema doméstico
Al otro lado del Atlántico, el argumento de exportar democracia ya no cuela ni en los estados que financian la maquinaria.
En amplias zonas del país resulta más fácil reclutar voluntarios para tumbar a la clase política local que para morir en el Donbás. La deuda pública, que ya multiplica varias veces el PIB mundial, empieza a ser un lastre electoral. Y el complejo militar-industrial, que durante décadas vendió intervencionismo como patriotismo, encuentra ahora un electorado cansado de pagar guerras que no entiende. El giro no es ideológico: es contable.
Ucrania, entre el armisticio y la deuda perpetua
La opción que gana enteros en los análisis más fríos es la de
firmar un armisticio y salvar vidas. No porque sea justa, sino porque la alternativa es una Ucrania arrasada durante generaciones, dependiente de Occidente vía deuda y con la reconstrucción hipotecada antes de empezar. El reparto que se dibuja es el siguiente: Rusia se queda con las regiones de mayoría prorrusa, Occidente con el resto, y todos presentan el resultado como una victoria. Los que pierden son los que ya no pueden contarlo.
El nuevo escenario: Israel, el mar Rojo y China
Con Ucrania fuera del foco, el interés mediático se desplaza.
El conflicto de Gaza y los ataques en el mar Rojo ocupan ahora el espacio que dejó la guerra de Ucrania. Algunos análisis apuntan a que el verdadero objetivo estratégico ya se cumplió: Europa destruida económicamente y alineada, los países neutrales del continente convertidos en clientes cautivos de la OTAN y el complejo militar-industrial con cartera llena para la próxima década. Mientras, China observa y prepara su propia partida, y en los laboratorios se investiga con coronavirus que, según publicaciones científicas, mostraron una letalidad del 100% en ratones. Nada de esto es tranquilizador.
¿Cuántas veces más habrá que anunciar el fin de la ayuda para que alguien en Bruselas se lo crea?