Bombardeos de EEUU y Reino Unido en Yemen: los hutíes alegan haber respondido en siete minutos
La ofensiva anglo-estadounidense contra Yemen no ha doblegado a los hutíes. Al contrario: ha servido para que el grupo chií se reivindique como el único actor dispuesto a plantar cara a Occidente en el Mar Rojo. Los bombardeos, ejecutados por EEUU y Reino Unido, buscaban degradar la capacidad militar hutí tras semanas de ataques contra buques mercantes. Según la versión difundida por las Fuerzas Armadas de Yemen, la respuesta llegó en
siete minutos: misiles contra activos navales estadounidenses y británicos en el Mar Rojo. El mensaje es tan claro como inquietante: la
disuasión ha fallado.
¿Qué ha pasado en el Mar Rojo?
El detonante, según la versión oficial de Washington, fue el uso por primera vez en la historia de
misiles balísticos antinaves por parte de los hutíes contra buques mercantes internacionales. El presidente
Joe Biden justificó los ataques como respuesta directa a esos lanzamientos, que a su juicio han puesto en peligro a personal militar estadounidense, marinos civiles y socios comerciales. La Casa Blanca habló de tripulaciones de
más de veinte países amenazadas o tomadas como rehenes en actos de piratería. La cifra exacta de afectados no se detalla en el comunicado, pero el mensaje es claro: la libertad de navegación está en juego.
Lo que Biden no mencionó, según algunos participantes, es que los hutíes llevan desde
2015 siendo bombardeados por Arabia Saudí y Emiratos Árabes con armas estadounidenses. Esa década de guerra, sostienen, les ha enseñado a adaptar tácticas, a usar armamento móvil y a construir túneles para guardar misiles. La
doble vara de medir occidental es el argumento más repetido.
La hipocresía que señalan los críticos
Mientras EEUU y sus aliados suministran misiles a Ucrania para defenderse de Rusia, consideran inaceptable que
Irán entregue armamento a Yemen. Esa contradicción, que un participante tacha de «lógica infantiloide», alimenta la tesis de que el orden internacional es un
club selecto donde unos pueden armarse y otros no. La pregunta que sobrevuela es si Irán está detrás de los misiles hutíes y, en caso de que EEUU lo acuse formalmente, si eso desencadenaría una escalada mayor. La única certeza es que el suministro de armas se ha convertido en el campo de batalla diplomático del conflicto.
El impacto económico: rutas marítimas y precios
Más allá del frente militar, la crisis del Mar Rojo tiene una derivada económica inmediata. Las navieras han empezado a desviar contenedores por Sudáfrica, lo que encarece los fletes y alarga los plazos de entrega entre Europa y Asia. Compañías como
Maersk, citadas en el análisis, han optado por la
ruta larga antes que arriesgarse a un impacto. El coste se traslada a los precios finales, en un contexto de inflación ya tensionada por la energía. La ironía es que Europa, que no participa directamente en los bombardeos, es la que más sufre el desvío comercial. Algunos análisis señalan que a EEUU le conviene un petróleo caro para que le salga a cuenta extraerlo, por lo que los conflictos en la zona no serían del todo ajenos a sus intereses.
¿Hacia una guerra mundial?
La hipótesis de una
tercera guerra mundial recorre cada análisis. La tesis más repetida es que
EEUU está perdiendo la hegemonía y que su decadencia arrastra al resto. Algunos sostienen que Rusia y China se benefician del desgaste occidental: Moscú porque desvía la atención de Ucrania, Pekín porque gana un socio comercial y reduce la influencia estadounidense. El problema, advierten, es que una potencia en declive es más imprevisible, y un error de cálculo en el Mar Rojo podría convertir un conflicto local en un incendio global. La pregunta no es si habrá escalada, sino cuándo y a qué precio.
Nadie sabe si los hutíes agotarán las defensas de los buques de guerra occidentales, como sugiere una parte del análisis. Lo que sí parece claro es que la operación anglo-estadounidense ha convertido a Yemen en un símbolo. Si el objetivo era disuadir, el efecto ha sido el contrario: el grupo chií ha ganado visibilidad y apoyos. La próxima semana podría traer una nueva ronda de ataques o una negociación secreta. Cualquiera de los dos escenarios deja a Occidente con la
pelota en el tejado.